Cristo Crucificado 2Homilía del Miércoles de Ceniza

 

Queridos hermanos de las Parroquias de La Asunción de Martos y de Ntra. Sra. del Carmen de Monte Lope Álvarez:

Un año más nos volvemos a poner en el camino de la Cuaresma que nos dirige a la Pascua de la Muerte y Resurrección del Señor. Este tiempo es muy importante en la liturgia puesto que nos prepara para la Fiesta de las fiestas: el Misterio Pascual.

Somos peregrinos de la vida, con nuestros altibajos en todos los aspectos. Es bueno pararse de vez en cuando para reflexionar sobre lo que nos acontece y para tomar fuerzas y seguir la marcha. En Cuaresma la Iglesia nos ofrece un tiempo de introspección y penetración en nuestra propia alma –la peregrinación interior de la que hablaba el querido papa Benedicto-, de cara a acercarnos más al cumplimiento fiel de la vocación personal a la que cada uno de nosotros hemos sido llamados.

A la luz del Evangelio que se ha proclamado este miércoles de ceniza, permitidme profundizar un poco en la importancia y en la actualidad de las prácticas cuaresmales que el Señor nos propone. Jesús nos habla de ayuno, de limosna y de oración. En la actualidad estas prácticas son consideradas como algo desfasado y de otro tiempo, pero si penetramos en su sentido más auténtico nos daremos cuenta de su vigencia y de los frutos que pueden producir en nosotros.

Todos nosotros buscamos realizarnos en la vida a nivel personal. Pero ninguno de nosotros es una isla solitaria, sino que nos realizamos en nuestra apertura a los demás y en nuestra apertura a la trascendencia. Bien pensadas las prácticas cuaresmales vienen en nuestra ayuda.

Es bueno querer realizarse cada uno a nivel personal, pero ello conlleva también sacrificios y esfuerzo; como el atleta que desea una medalla necesita entrenarse y sacrificar otros gustos. El ayuno viene a recordarnos que lo importante es el ser, no el tener; que podemos prescindir de muchas cosas superfluas y que no nos debemos dejar manejar por caprichos. Podemos y debemos ayunar de tantas cosas secundarias para descubrir el centro del corazón de cada uno; el ayuno nos ayuda a no derramarnos en nuestras cosas, a ser austeros para enriquecernos en el alma. Como decía san Juan de la Cruz “para venir a tenerlo todo, no quieras tener algo en nada”. La cuaresma es tiempo de sobriedad, de desapego frente a lo superfluo.

Estamos en relación con los demás, con nuestra familia, con nuestros amigos, con nuestras comunidades, con nuestros compañeros de trabajo… Las relaciones humanas deben fundamentarse en el amor, en la caridad, en el compartir unos con otros. La limosna de la que nos habla Jesús, nos recuerda la importancia del compartir para enriquecernos unos a otros. En tiempos difíciles como los que estamos viviendo todos podemos aportar caridad a los demás y todos necesitamos la caridad de los demás. La cuaresma es tiempo de caridad, de amor, de apertura a los demás, especialmente a los necesitados.

Todos nosotros, además, estamos abiertos a la trascendencia… de una manera u otra todos anhelamos la felicidad plena. Los cristianos sabemos que nuestro horizonte es Dios mismo, Aquel de quien venimos, Aquel a quien vamos, Aquel que porque nos ama es compañero y amigo en nuestra peregrinación. El eclipse de Dios en nuestro mundo actual está afectando muy seriamente a los hombres que han perdido su referencia. La oración de la que nos habla Jesús en el Evangelio nos sitúa frente a Aquel que sabemos que nos ama en un diálogo de amor y confianza. La cuaresma debe ser un tiempo de oración fuerte y sincera a nivel personal y a nivel comunitario.

Ayuno, limosna, oración, son prácticas sencillas que nos sitúan ante nosotros mismos, ante los demás, y ante Dios mismo; nos ayudarán en la sobriedad, la humildad, los deseos de crecimiento espiritual, la penitencia, la caridad, la oración, la piedad, la liturgia… que tengamos todos una santa cuaresma en la presencia de nuestro Señor.