INTRODUCCIÓN

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos: Vamos a hacer el Vía Crucis con nuestro Cristo Crucificado por las calles de nuestro barrio. Nos hacemos compañeros y amigos de Cristo y a la vez compañeros y amigos de las buenas gentes de nuestra collación. Hacemos el camino de la Cruz junto al Señor, hacernos de sus sentimientos de amor y sacrificio, para amar y participar de los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren.

Meditemos la Palabra de Dios y agradezcamos el sacrificio de Cristo para nuestra salvación, arrepintiéndonos de nuestros pecados y acogiendo su gracia. Cristo nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas (1 Pe 2,22). Aprendamos del Señor…

Padre nuestro… Ave María… Gloria…

PRIMERA ESTACIÓN
Jesús en el huerto de los olivos

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–         Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según san Lucas (22,39-46)

«Salió y se encaminó como de costumbre,  al monte de los Olivos, y lo siguieron  los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo: «Orad, para no caer  en tentación.»

Y se apartó de ellos como un tiro de piedra y, arrodillado, oraba diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Y  se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba. En medio de sus angustias, oraba con más intensidad. Y le entró un sudor, que caía hasta el suelo como si fueran gotas espesas de sangre.

Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza, y les dijo: «¿Por qué dormís?. Levantaos  y orad, para no caer en tentación.»

Meditación

Ha llegado la hora de Cristo. Es dura. Él lo sabe. El Señor acude al Padre para ponerse en sus manos y no echarse atrás y ser fuerte. De rodillas ante Dios para mantenerse de pie en la dificultad: esa es la actitud de Jesús.

Aprendamos del Señor… Él es maestro de vigilia y oración, de dignidad y fortaleza. En cualquier momento y circunstancia sabemos que tenemos al Padre a nuestro lado, pongámonos en sus manos y mantengamos la esperanza.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

CANTO: Perdona a tu pueblo

Perdona a tu pueblo, Señor,
perdona a tu pueblo,
perdónale, Señor.

1.  No estés eternamente enojado,
no estés eternamente enojado,
perdónale, Señor.

SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús, traicionado por Judas, es detenido

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–         Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según san Mateo (26,47-50)

Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña: «Al que yo bese, ese es; prendedlo.» Después se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Maestro!». Y lo besó. Pero Jesús le contestó: «Amigo, ¿a qué vienes?». Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y le prendieron.

Meditación

La traición del amigo… el primer azote de Jesús y quizás el peor de todos. Se da en forma de beso pero es el más doloroso. Desde ese momento todo será escarnio y mofa. Jesús no pierde la dignidad en su reproche, en él todo es amor y perdón.

Aprendamos del Señor… Podemos fallar a los amigos y ellos nos pueden fallar a nosotros. Primero la verdad, después el perdón, para sanar todas las heridas y avanzar y crecer sin perder la dignidad.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

CANTO:

Pueblo mío ¿qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

1.  Yo te saqué de Egipto
y por cuarenta años te guié en el desierto.
Tú hiciste una cruz para tu salvador.

2.  Yo te libré del mar,
te dí a beber del agua que manaba de la roca.
Tú hiciste una cruz para tu salvador.

TERCERA ESTACIÓN
Jesús es condenado por el Sanedrín

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–          Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según san Mateo (26,57-60)

Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían.

Meditación

La injusticia que viene de la calumnia… Buscaban falsos testimonios para darle muerte. Cuando el fin justifica los medios injustos ¡malo! No se repara en daños ni mentiras, todo se vuelve falsedad oscureciendo la verdad y endureciendo el corazón.

Aprendamos del Señor… Él calla porque no hay forma de entrar en el corazón de piedra de quienes lo acusan y acosan. La verdad tendrá su oportunidad y brillará después. Es tiempo de fortaleza, de paciencia y silencio… pero Dios no está lejos.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

CANTO:

El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es la defensa de mi vida,
Si el Señor es mi luz, ¿a quién temeré?
¿quién me hará temblar?

CUARTA ESTACIÓN
Jesús es negado por Pedro

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–         Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según san Lucas (22,54-62)

Después de prenderlo, se lo llevaron y le hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía de lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor y Pedro estaba sentado entre ellos. Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Éste también estaba con él.» Pero él lo negó, diciendo: «No lo conozco, mujer» Poco después lo vio otro y le dijo: «Tú también eres uno de ellos.» Pero Pedro replicó: «¡Hombre, no lo soy!» Y pasada cosa de una hora, otro insistía diciendo: «Sin duda, este también estaba con él, porque es galileo.» Pedro dijo: «¡Hombre, no sé de qué hablas!» Y enseguida, estando todavía él hablando, cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces» y, saliendo afuera, lloró amargamente.

Meditación

Las negaciones de Pedro… Jesús abandonado de casi todos, hasta de sus íntimos. Pedro, tan fanfarrón él en otras ocasiones, ahora es un pobre cobarde que quiere mantenerse lejos de la escena no dando la cara por Jesús ni defendiéndole ante la mentira. Él mismo se hace parte de la mentira…

Aprendamos del Señor… Junto a la tristeza de Jesús, su mirada de compasión que hará llorar a Pedro y posibilitará que después se levante reafirmando su amor por el Señor. Y aprendamos también de Pedro que llorando su traición y pecado no caerá en la desesperación como Judas y saldrá reforzado de la prueba.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

CANTO:

Sí, me levantaré,
volveré junto a mi Padre.

1.  A ti, Señor, elevo mi alma;
tú eres mi Dios y mi salvador.

QUINTA ESTACIÓN
Jesús es juzgado por Pilato

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–         Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según san Juan (19,12-16)

(…) Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el  César.» Pilato, entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: «He aquí a vuestro rey.» Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera; crucifícalo!» Pilato les dijo: «¿A vuestro rey voy a crucificar?» Contestaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que al César.» Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Meditación

El juicio de los indolentes… ¿Qué le interesaba Jesús a Pilato? ¡Nada! Él solo quería no tener problemas y lavarse las manos. Los dirigentes del pueblo aprovechan esa indolencia e irresponsabilidad  para manipular y conseguir sus objetivos. ¡Cuánto daño cuando en nuestras responsabilidades no nos comprometemos con la verdad y la ética!

Aprendamos del Señor… Él padecerá la injusticia identificándose con tantos y tantos otros. No se arredra, mantiene la dignidad porque es el verdadero rey… reina y mantiene el dominio sobre sí mismo porque está lleno de Dios.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

CANTO:

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

SEXTA ESTACIÓN
Jesús azotado y coronado de espinas

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–       Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según san Juan (19,1-3)

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y acercándose a él, le decían:  «¡Salve, rey de los judíos!». Y le daban bofetadas.

Meditación

Varón de dolores. Terrible imagen. El castigo al cuerpo de Jesús es insoportable a nuestros ojos. Cada uno de nuestros pecados han dejado huella en su hermoso cuerpo dejándolo como un despojo humano, sin belleza ni atracción. Y sin embargo sus heridas nos han curado.

Aprendamos del Señor… Él se entregó a la afrenta queriendo compartir con nosotros hasta las últimas consecuencias el dolor del pecado. Se mete en lo más terrible de nuestra condición para no dejarnos solos y liberarnos después. Coronado de espinas nos muestra que él puede ser nuestro rey siempre, incluso en nuestros peores sufrimientos.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

SILENCIO:

SEPTIMA ESTACIÓN
Jesús es cargado con la cruz

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–         Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según san Juan (19,16b-17)

Tomaron a Jesús, y, cargando con la cruz, salió al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota).

Meditación

La cruz… El peor de los suplicios. El símbolo de todos los males hasta ese mismo momento en que Jesús la abraza y la carga. Jesús carga con la cruz; carga con su cruz y con las cruces de toda la humanidad. ¡Pesa tanto! Las pocas fuerzas que le restan son para cargar con la cruz.

Aprendamos del Señor… Él no elude la cruz. Sabe que está en medio de la humanidad y que antes o después hay que afrontarla. Jesús carga con su cruz y nos enseña a ser fuertes para cargar cada uno de nosotros con las nuestras. Ante la cruz no necesitamos resignación, sino fortaleza.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

CANTO: Perdona a tu pueblo, Señor

Perdona a tu pueblo, Señor,
perdona a tu pueblo,
perdónale, Señor.

1.  No estés eternamente enojado,
no estés eternamente enojado,
perdónale, Señor.

Perdona a tu pueblo, Señor…

2.  Por tus profundas llagas crueles,
por tus salivas y por tus hieles,
perdónale, Señor.

OCTAVA ESTACIÓN
Jesús es ayudado por el Cirineo a llevar la cruz

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–       Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según san Lucas (23,26)

Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.

Meditación

Jesús exhausto… no puede solo con la pesada cruz. A tanto se ha rebajado ya que necesita del Cirineo para llegar al Calvario. El Cirineo no carga con ella voluntariamente: ¿quién querría cargar con las cruces voluntariamente? Pero ayuda y alivia al Señor en su agonía. ¡Bendito Cirineo!

Aprendamos del Señor… Jesús se deja ayudar por el Cirineo, y en él encuentra consuelo. Siempre habrá cirineos que sufran y carguen con nuestras cruces, que nos alivien y consuelen. Jesús tuvo un cirineo… nosotros tenemos a Jesús.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

CANTO:

Sube el nazareno, sube el buen Jesús,
sube hacia el Calvario,
sube con la cruz. (2)

Carga en sí el pecado de la humanidad,
sobre sus espaldas
pesa todo el mal.

NOVENA ESTACIÓN
Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–         Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Lucas (23,27-32)

Lo seguía un gran gentío del pueblo, y mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los montes: “Caed sobre nosotros”, y a las colinas: “Cubridnos”; porque, si esto hacen con el leño verde ¿qué harán con en el seco?» Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.

Meditación

Lamentos en Jerusalén… lamentos por Jesús. Su imagen destroza los corazones que guardan sentimientos y atesoran humanidad. Las conciencias despiertan ante la injusticia; las mujeres son las primeras en reaccionar… y algunas no abandonarán a Jesús…

Aprendamos del Señor… Jesús agradece esos sentimientos de las mujeres y a la vez es capaz de consolarlas y enseñarles en medio de su tortura. Nosotros, leños secos por nuestros pecados, somos aún más dignos de compasión. Necesitamos la misericordia del Señor.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

CANTO:

Mi alma espera en el Señor,
mi alma espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
porque en él está la salvación.

DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es crucificado

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–         Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según san Juan (19,18-22)

… Y allí lo crucificaron;  y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio Jesús. Y Pilato escribió un letrero y la puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.» Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a  Jesús, estaba escrita en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: `El rey de los judíos’, sino: `Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos’.» Pilato les contestó: «Lo escrito, escrito está.»

Meditación

Cristo clavado en la Cruz… Como Moisés elevó la serpiente en el desierto para sanación de los heridos, así es elevado el Hijo del Hombre para nuestra salvación, atrayendo nuestras miradas. Desde ese momento el crucificado es el signo de los nuevos hijos de Dios engendrados por su Pasión, Muerte y Resurrección.

Aprendamos del Señor… Él es el Rey verdadero, pero su trono es la cruz y su corona de espinas. El hombre no pierde su dignidad humana ni siquiera cuando está clavado en sus cruces. Los crucificados de nuestro mundo nos juzgarán por el amor que hayamos mostrado.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

CANTO:

Victoria, tú reinarás,
oh cruz, tú nos salvarás.

1.  El Verbo en ti clavado,
muriendo nos rescató.
De ti, madero santo,
nos viene la redención.

DÉCIMO PRIMERA ESTACIÓN
Jesús promete su reino al buen ladrón

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–         Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del evangelio según san Lucas (23,39-43)

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti y a nosotros.» Pero el otro respondiéndole e increpándolo le decía: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, testando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio éste o ha hecho nada malo.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.» Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

Meditación

Jesús crucificado entre ladrones… La salvación que Jesús ofrece no es para los buenos… es para todos, pero especialmente ha de llegar a aquellos que no han vivido conformes a la voluntad de Dios. Uno de esos ladrones, al arrepentirse, ha hecho eficaz la obra de Cristo; el otro, desgraciadamente, pierde hasta la última oportunidad.

Aprendamos del Señor… Su amor es inconmensurable, no deja de darnos oportunidades para nuestro arrepentimiento y conversión, buscando siempre una luz en nuestras almas. Su premio: la vida eterna. Bendito sea el amor de Jesús.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

CANTO:

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. (2)

DÉCIMO SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús en la cruz, la madre y el discípulo

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–   Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según san Juan (19,25-27)

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Meditación

La Madre dolorosa… ¿Cuál no sería la amargura de nuestra Señora junto a la cruz del Hijo amado? Quizás un dolor más para Jesús: ver a la Madre sufrir. Pero en medio de la desolación Jesús pone el consuelo y el amor, fijándose en la Madre y en el discípulo amado, los une para siempre en esa relación tan especial que los cristianos seguimos experimentando con María.

Aprendamos del Señor… Es buen hijo y buen amigo y maestro. Es capaz de unir corazones, vidas y voluntades. Se fija siempre en el otro teniendo el detalle de darle consuelo y fortaleza. Y aprendamos también del discípulo amado que acoge en su casa y en su alma a Santa María.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

CANTO: Sálvame, Virgen María

Guárdame,Virgen María
óyeme, te imploro con fe.
Mi corazón en ti confía,
Virgen María Salvame.
Vrgen María sávame, sálvame.

Acuérdate de la hora
en que te nombró Jesús,
mi Madre y mi protectora
desde el árbol de la cruz.

DÉCIMO TERCERA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–         Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según san Lucas (23,44-46)

Era ya la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.» Y, dicho esto, expiró.

Meditación

La muerte de Cristo… Parece que la vida ha sido derrotada y que no hay salida ni esperanza. Ante la muerte se estrellan todas las expectativas. Hasta Cristo la muerte lo dominaba todo. Cristo también muere, pero la muerte ha cometido su peor error: acoger en su seno al Señor de la Vida. Pronto, muy pronto, la muerte ya no tendrá el poder absoluto.

Aprendamos del Señor… No ha rehusado la muerte; ha querido compartir con nosotros hasta la última experiencia del fondo de nuestra oscuridad. No se puede salvar nunca desde fuera. Los cristianos debemos llegar siempre al fondo, sabiendo que Cristo es la Vida.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

SILENCIO:

DÉCIMO CUARTA ESTACIÓN
Jesús es depositado en el sepulcro

–         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

–         Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según san Lucas (23,50-55)

Había un hombre, llamado José, que era miembro del Sanedrín, hombre bueno y justo, (este no había dado su asentimiento ni a la decisión ni a la actuación de ellos); era natural de Arimatea, ciudad de los judíos, y aguardaba el Reino de Dios. Este acudió a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y le colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido puesto todavía. Era el día de la Preparación y estaba para empezar el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea lo siguieron, y vieron el sepulcro y cómo había sido colocado su cuerpo.

Meditación

Jesús, grano de trigo que cae a tierra y muere… Sembrado en nuestra tierra dará gran fruto: nuestra propia salvación. Mientras el cadáver de Cristo descansa en el sepulcro, su espíritu baja a los infiernos a liberar a los espíritus encarcelados y a destruir la muerte y sus causas para siempre. Su victoria la contemplaremos en la Resurrección.

Aprendamos del Señor… El grano de trigo que cae en tierra y muere ese es el que da fruto, si se siembra en tierra buena. Cristo es ese grano de trigo, nosotros deberíamos ser la tierra buena que acoge su palabra, dando frutos de amor, de esperanza y de fe en nuestras vidas.

Señor, ten piedad… Padre Nuestro…

CANTO: Desde lo hondo a ti grito, Señor

1. Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Mi alma espera en el Señor,
mi alma espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
porque en él está la salvación.

ORACIÓN FINAL

ORACIÓN ANTE CRISTO CRUCIFICADO

Al contemplarte, mi Señor Jesús, clavado en la Cruz
pienso en la grandeza de tu amor por nosotros los pecadores.
Tú mismo fuiste víctima de nuestro pecado,
pero en la Cruz nos muestras un poder mayor:
el del sacrificio por amor.

En la cruz, abandonado de todos,
sólo acompañado de tu santa Madre,
del discípulo amado y de algunas otras mujeres,
despreciado de todos, varón de dolores,
colmamos la tragedia de nuestro alejamiento de Dios.

Pero es también en la cruz
donde nos muestras tu mayor amor y misericordia.
La cruz debería haber sido nuestro fin,
pero tú la sufriste por nosotros.
No hay mayor amor que dar la vida por los amigos.

Veo tus llagas y dolores,
y ahí encuentro consuelo para mis sufrimientos.

Contemplo tu extrema debilidad y flaqueza,
y ahí está mi fortaleza.

Viéndote clavado en tu cruz,
confío en que también estás presente en mis cruces,
sé que me comprendes,
y entonces todo se vuelve luz y esperanza.

Beso tu cruz, mi Señor,
para no eludir nunca mis cruces, ni las cruces de nuestro mundo.
Dame la fuerza y la fe con que tú mismo afrontaste el camino del calvario,
y dame tu gracia para llegar a la Resurrección. AMÉN.

CANTO: Perdón, oh Dios mío.

 

Perdón, oh Dios mío,
perdón e indulgencia,
perdón y clemencia,
perdón y piedad.