Sin lugar a dudas el domingo, 5 de junio de 2011, quedará en la retina y en el corazón de la inmensa mayoría de los cristianos (y quizás no cristianos) de Martos. Una joven me lo definió como uno de los días más grandes y emotivos de su vida.

                 La Cruz y el Icono de la Virgen que el Beato Juan Pablo II regaló a los jóvenes para la celebración de las JMJ, –con el encargo de llevarlos por el mundo como “símbolo del amor de Cristo a la Humanidad, y anunciando a todos que sólo en Cristo, muerto y resucitado, podremos encontrar salvación y redención”–, acompañados por el Icono Diocesano del Santo Rostro, llegaban puntuales a la Plaza Nueva.

                 Minutos antes empezaban a llegar muchos fieles de todas las parroquias y comunidades de la ciudad, especialmente jóvenes, a una plaza que ardía bajo un sol de justicia. De pronto, en cuanto entró la furgón de los signos sagrados, la plaza se llenó de gentes, de corazones, de alegrías, de campanas al vuelo… y de emoción: “¡Sí, sí, sí, la Cruz ya está aquí!”. Nos acompañaba también nuestro Obispo Ramón, que emocionado, nos contaba a los sacerdotes la acogida, y el rebasamiento de todas las expectativas en todos los pueblos y ciudades por las que ya había pasado.

                 Los Iconos y la Cruz subieron a un magnífico escenario preparado por la parroquia de San Francisco en su portada principal. Ya desde ese momento nos dimos cuenta que sería necesario cambiar sobre la marcha todo el protocolo, por la afluencia masiva de fieles, y por la imposibilidad de cumplir los horarios que nos habíamos establecido. El Obispo saludó a todos los fieles, recordándonos la figura de Juan Pablo II, el significado de esta Cruz e iconos y la importancia de la unidad de los jóvenes para vivir su fe. Con dificultad bajaron las escalinatas en una de las imágenes más hermosas de la visita.

                 Daba comienzo el Vía Lucis por las calles de Martos hasta el Santuario de la Virgen de la Villa.Acompañaba el Coro Parroquial de San Francisco, con sus cantos de pascua, y la representación de la inmensa mayoría de las cofradías de Martos con sus estandartes y cetros. Estaba previsto que cada estación fuera realizada por un grupo, cofradía o parroquia, portando desde ese momento las sagradas imágenes los miembros de esos grupos. La estrechez de la calle, la afluencia de fieles, algunos coches molestos, lo hicieron imposible. Además hubo que reducir las meditaciones de las estaciones por la lentitud de la marcha. Así las primeras estaciones fueron portadas por los jóvenes de la Parroquia de San Francisco y los del Movimiento Calasancio.

                 Muy emotiva para mí fue la llegada al Llanete. En el trayecto le expliqué al obispo mi empeño de que llegara hasta la misma puerta de la ermita de San Miguel: simplemente por tener durante unos minutos la Cruz y los Iconos en el territorio parroquial. En la puerta de la ermita, el grupo de ornato, encabezado por Manolo Camacho y Maribel Cárdenas, había preparado un precioso y sencillo altar con la Madre de Dios de la Parroquia de la Asunción, y con algunos candelabros prestados por la querida Cofradía del Santo Entierro. Las telas y las flores en blanco y amarillo, colores pontificios, en señal de nuestra comunión con el Santo Padre y con la Iglesia Universal. En ese querido lugar, tan vinculado a los orígenes cristianos de Tucci – Martos, tuvo lugar la V Estación del Via Lucis por los jóvenes de la Parroquia. Algunos, los que pudimos meternos entre la gente, cogimos con inmensa emoción la Cruz.

                 A mediados de la Calle Real, el ánimo y la alegría, iban in crescendo y muchos jóvenes, junto con las religiosas de las Pastoras y Madre de Desamparados, animaban cada vez más el paso de la Cruz con más cantos y movimientos. Hay que dar las gracias a la A.V. Santa Marta por decorar su fachada y a otros vecinos.

                 Momento hermoso fue la Estación X, frente al convento de las Trinitarias, donde la Cofradía de la Virgen de la Cabeza había preparado otro hermoso altar con la sagrada imagen, y sus banderas y estandartes. Desde ese momento hubo que acelerar aún más el paso, por el retraso acumulado. Cada levantada de la Cruz y el rezo de la estación y del Padre nuestro y el gloria, era seguido con verdadera devoción, atención y participación, por la mayoría de los asistentes. Así se mezclaba devoción y fiesta, oración sincera y alegría incontenida.

                 La llegada al Santuario fue indescriptible. Al llegar todo estaba repleto de personas de todas las edades, pero donde destacaban los más jóvenes. Muchos intentaron entrar de pie la pesada Cruz, pero para evitar peligros y problemas desistieron. Un gran aplauso la acompañó hasta el comienzo de la gradería donde quedó ubicada y anclada por los voluntarios de la Delegación Diocesana de Juventud. Terminamos el Via Lucis con la oración final. Inmediatamente comenzó la solemne eucaristía presidida por nuestro obispo Ramón, preparada por la parroquia de Santa Marta y por el Arcipreste. Al canto el coro de Santa Marta, que ese día cantó con una fuerza impresionante. Las gradas y el espacio entre el presbiterio y los bancos de los fieles quedó lleno de un precioso tapiz de chicos y chicas alrededor de la Santa Cruz. El obispo habló de la alegría que emana de esa cruz, antes signo de dolor, ahora signo de redención.

                 Al terminar la santa misa. Muchos se acercaron a adorarla. Otros nos retiramos a comer mientras comenzaba la vigilia de oración. La convivencia entre los diversos grupos fue algo realmente precioso. Ahí se puede aprender como podemos convivir y crear lazos de amistad en un ambiente sano y alegre. La vigilia de oración, preparada por fray Manuel, congregó de nuevo a varios jóvenes en el Santuario. Los demás sacerdotes nos pusimos a impartir el perdón con el sacramento de la Reconciliación, al que se acercaron muchos.

                 Se acercaba la hora de la despedida. Los hermanos de la cofradía del Santo Entierro pidieron introducir la Cruz en su Capilla. ¡Cómo negarnos!. Sobre la marcha pensamos los sacerdotes coger nosotros el primer turno hasta la capilla del Santo Entierro. Para mí este fue de los momentos más emotivos. Todos los sacerdotes de la ciudad y algunos otros del arciprestazgo portando en alto la Cruz entre los aplausos y los vítores de los fieles. Del Santuario a la Plaza entre cantos. Y en la Plaza, bajo un sol de justicia, la despedida. Pero antes una oración, dando gracias a Dios por la Jornada e invitando a todos a prolongar esta maravillosa experiencia en la JMJ de Madrid.

                 Mucho podemos extraer de este día, pero me quedo con un detalle: la cara de alegría de muchos chicos y chicas, mientras portaban la Cruz de la Redención.

                 ¡Alabado sea Jesucristo!

Agrego este video de Juancamartos, para el diario Jaén…