Santa María, Madre de Dios,
y Madre de la Iglesia,
que acoges en tu regazo a Nuestro Señor Jesucristo
y nos lo presentas
para que seamos fieles discípulos suyos,
a ti acudo, Madre,
confiado en tu dulce ayuda maternal.

Mira en el fondo de mi corazón
y escucha mi plegaria en las necesidades.
Tú, como buena Madre,
acógeme bajo tu manto,
hazme contemplar el rostro amable de Jesús,
y seguir la llamada de su Evangelio.

Intercede, Madre, por mí,
por mis seres queridos,
y por todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Alcanza de tu Hijo para nosotros el don del Espíritu Santo,
para que vengamos a gozar de la Verdad y del Bien,
de la Belleza y de la Caridad.

Mira, Madre, a todas las personas que sufren por cualquier motivo,
a los enfermos y cansados,
a los que viven en el vacío del sinsentido
y a los que buscan una esperanza en sus vidas.

Fortalece e ilumina, Madre, a los que trabajan por la paz y la justicia,
y a los que trabajan en la viña del Señor que es la Iglesia,
al Papa Benedicto y a nuestro obispo Ramón,
a todos los sacerdotes y fieles que aman el nombre de Jesús.

Muestra también, con tu mano maternal,
el camino a los que se pierden
y a los que viven en las tinieblas de la tristeza,
para que volvamos todos a Jesucristo
y alcancemos, por su gracia, la meta de nuestra salvación. AMÉN.