Os paso en formato PDF el Via Lucis de la Pascua de este año 2009, ya completo, por si os viene mejor en este formato…
http://www.parroquiadelaasunciondemartos.es/pdffiles/via-lucis-2009.pdf
Mayo 20, 2009
Os paso en formato PDF el Via Lucis de la Pascua de este año 2009, ya completo, por si os viene mejor en este formato…
http://www.parroquiadelaasunciondemartos.es/pdffiles/via-lucis-2009.pdf
Mayo 8, 2009
- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
- Que por tu santa Pascua has redimido al mundo
Del Libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-4)
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos. De repente vino del cielo un ruido, como de viento huracanado, que llenó toda la casa donde se alojaban. Aparecieron lenguas como de fuego, repartidas y posadas sobre cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, según el Espíritu Santo les permitía expresarse”
Meditación
El don del Espíritu Santo es el mayor de tus regalos, Señor. En alguna ocasión nos dijiste que el Padre lo daría a quien pidiese con fe. Ahora cumples tu promesa y tu Espíritu, tu viento fuerte, todo lo renueva, lo rejuvenece, lo embellece, lo recrea. Aquellos discípulos desde ese momento tienen un misión y una fuerza muy especial que los capacita para ser testigos tuyos en el mundo. Hablan todas las lenguas, porque a todos los hombres debe llegar tu evangelio. Tu Espíritu nos hace libres: él sopla donde quiere y como quiere; cuando nos dejamos llevar por él, y sólo por él, la libertad, la vida, la alegría toman otro color. Con Pentecostés, Señor, comienza el tiempo de tu Iglesia, nuestro tiempo, en el que llenos y fortalecidos como tus apóstoles, somos tus enviados. Oh, Señor, envía tu Espíritu y seremos creados y renovarás la faz de la tierra…
¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! – ¡Con su cruz a todos ha salvado!
Padre nuestro…
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…
Mayo 7, 2009
- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
- Que por tu santa Pascua has redimido al mundo
Del Libro de los Hechos de los Apóstoles (1,12-14)
“Los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago. Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos”.
Meditación
Los apóstoles a la espera del Espíritu. María con ellos. María, esa mujer, esa madre, donde tu Espíritu Santo ha hecho maravillas desde su misma concepción, la que estuvo siempre a tu lado, la que vivió, gozó y sufrió contigo, ahora también acompaña a los apóstoles. Con razón la llamamos Madre de la Iglesia. En ella tenemos un modelo de creyente, de mujer, de firmeza, de oración, de esperanza, de alegría, de amor. Gracias, Señor, por dejárnosla como madre, como compañera de camino hacia ti. Que de tus apóstoles y de María aprendamos a orar y vivir en comunión y paz. Amén.
¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! – ¡Con su cruz a todos ha salvado!
Padre nuestro…
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…
Mayo 6, 2009
- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
- Que por tu santa Pascua has redimido al mundo
Del Libro de los Hechos de los Apóstoles (1,9-11)
“Dicho esto en su presencia se elevó, y una nube se lo quitó de la vista. Seguían con los ojos fijos en el cielo mientras Él se marchaba, cuando dos personajes vestidos de blanco se les presentaron y les dijeron:
-Hombres de Galilea, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este Jesús, que os ha sido arrebatado al cielo, vendrá como lo habéis visto marchar al cielo”
Meditación
Tú, que siendo de condición divina te rebajaste hasta someterte a la condición de un hombre cualquiera: te rebajaste hasta la muerte -y muerte de cruz-; ahora, tras tu resurrección, eres elevado, eres ensalzado, retomas la gloria que te corresponde como Hijo de Dios. Pero no te vas para desentenderte de nosotros, sino para hacerte realmente presente pero de una forma nueva y misteriosa entre nosotros. Tú, el Señor glorioso, por tu gloria sigues presente cuando nos reunimos en tu nombre, cuando escuchamos tu Palabra, cuando oramos, cuando celebramos los sacramentos, y muy especialmente cuando celebramos la Eucaristía. No nos podemos quedar mirando al cielo, sino a todas aquellas realidades que te hacen presente en el mundo: en los pobres, en la Iglesia, en la Eucaristía… Oh, Señor, que veamos tu gloria, y que a la vez te sintamos muy cercano y presente, en las llagas y en la belleza de nuestro mundo y de nuestras almas…
¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! – ¡Con su cruz a todos ha salvado!
Padre nuestro…
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…
Mayo 4, 2009
- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
- Que por tu santa Pascua has redimido al mundo
Del Evangelio según san Mateo (28,16-20)
“Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que les había indicado Jesús. Al verlo, se postraron, pero algunos dudaron. Jesús se acercó y les habló:
- Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. Por tanto, id a haced discípulos entre todos los pueblos, bautizándolos, consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enseñadlos a cumplir cuanto os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo”.
Meditación
Todo comienza de nuevo… Y en Galilea, como al principio. Y sin embargo todo va a ser diferente: ahora son los discípulos los que tienen que llevar a cabo la misión a todos los pueblos, a todos los rincones de la tierra. La verdad del evangelio no nos la podemos guardar para nosotros: es un patrimonio para toda la humanidad. Con el conocimiento del evangelio y con el bautismo somos hechos herederos de tu reino, hermanos tuyos, y lugar para las proezas del Espíritu Santo. Tú eres el Señor, y sigues teniendo la iniciativa y el mando en esta tarea. Tú, -el Resucitado, el Viviente-, permaneces para siempre con nosotros, no nos abandonas aunque también nosotros dudemos con frecuencia. Danos fuerza y confianza también en nuestro tiempo y la certeza de tu bendición y de tu presencia en la misión que nos encomiendas. Amén.
¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! – ¡Con su cruz a todos ha salvado!
Padre nuestro…
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…
Abril 30, 2009
- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
- Que por tu santa Pascua has redimido al mundo
Del Evangelio según san Juan (21,15-19)
“Cuando terminaron de almorzar, dice Jesús a Simón Pedro:
- Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?
Le responde
- Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Le dice.
- Apacienta mis corderos.
Le pregunta por segunda vez:
-Simón de Juan, ¿me amas?
Le responde
- Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Le dice:
- Apacienta mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta
- Simón de Juan, ¿me quieres?
Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le dijo:
- Señor, tú lo sabes todo, tú lo sabes que te quiero.
Le dice:
- Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro, cuando eras mozo, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; cuando envejezcas, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieres. Lo decía indicando con qué muerte había de glorificar a Dios.
Dicho esto, añadió:
- Sígueme”
Meditación
“¿Me quieres? ¿Me amas?” Son tus preguntas a Pedro. Y es que el amor termina curando las heridas de las negaciones y del pecado. Tú ya habías puesto a Padre como Piedra sobre la que edificarías tu Iglesia. Ahora, además, le confieres la tarea de confirmar en la fe a todos los hermanos. Hermosa tarea la de Pedro… ¡y dura! ¡muy dura!. Porque mira, Señor, que a veces no somos duros de cerviz también los cristianos. Hace unos días leía la carta de Benedicto XVI a los obispos, donde el papa se expresa con total sinceridad y humildad, mostrando la grandeza del amor, del perdón y de la misericordia: la grandeza de su corazón de pastor y padre de toda la comunidad. ¡Gracias, Señor, por darnos pastores como Pedro o Benedicto! ¡Hombres, que en su humanidad, muestran el camino de tu gloria! ¡Porque están para glorificar a Dios!
Y a nosotros, los demás cristianos, enséñanos la misma lección: que por el amor somos corresponsables unos de otros: hermanos de todos.
¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! – ¡Con su cruz a todos ha salvado!
Padre nuestro…
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…
Abril 29, 2009
- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
- Que por tu santa Pascua has redimido al mundo
Del Evangelio según san Juan (21,1-6)
“Después se apareció de nuevo Jesús a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se apareció así: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Mellizo), Natanael de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos.
Les dice Simón Pedro:
- Voy a pescar
Le respondieron:
-Vamos contigo. Salieron, pues, y montaron en la barca; pero aquella noche no pescaron nada. Ya de mañana estaba Jesús en la playa; pero los discípulos no reconocieron que era Jesús.
Les dice Jesús:
- Muchachos, ¿tenéis algo de comer? Contestaron:
- No.
Les dijo:
-Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.
La echaron y no podían arrastrarla por la abundancia de peces.
El discípulo predilecto de Jesús dice a Pedro:
-Es el Señor”
Meditación
Encantadora escena del evangelio. Los discípulos ya sabían de tu Resurrección y de tu Gloria. Ya están pescando de nuevo. Pedro toma la iniciativa y los demás le siguen, pero no recogen nada. Una pesca sin recompensa. Nosotros, Señor, también pescamos a veces sin recompensa. A veces nuestra tarea se vuelve difícil y complicada, y peor aún, triste por ineficaz.
Sí, Señor, tenemos iniciativas, pero nos falta tu presencia. Pero cuando tú llegas, todo cambia: tú nos animas de nuevo. Ahora tampoco te reconocen, pero te sirven, aun sin saber que eres tú. Ahora, -contigo-, la pesca será milagrosa y así nos enseñas como lanzarnos siempre a la tarea, con fuerza, con iniciativa, con alegría y, -sobre todo-, contigo, nunca sin ti; por ti, nunca por nosotros. A tu nombre da la gloria.
“¡Es el Señor!” dice el discípulo amado. Él te ha reconocido ahora en ese desconocido que manda pescar de nuevo, que anima en la tarea, que acompaña y que sirve. Eres tú, Señor, en nuestros hermanos.
¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! – ¡Con su cruz a todos ha salvado!
Padre nuestro…
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…
Abril 28, 2009
- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
- Que por tu santa Pascua has redimido al mundo
Del Evangelio según san Juan (20,24-29)
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
—«Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: — «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: —«Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: — «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás: —«¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: —«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Meditación
Tomás no estaba el primer domingo. Faltaba de la comunidad, como tantos y tantos otros hoy. No cree en tu resurrección; tampoco da crédito a sus hermanos. Esa es la tremenda tristeza de tantos hermanos nuestros que no dan crédito a la predicación de tu Palabra en la Iglesia. Tomás necesita ver y tocar. También hoy muchos hermanos nuestros necesitan verte y tocarte. Sólo lo harán a través de los creyentes.
Tomás si estaba el segundo domingo y tendrá experiencia de tu presencia, de tu victoria y de tu gloria. Oh, Señor, muéstrate a todos los que de un modo u otro vengan en cualquier domingo. Haz trasparente tu presencia en nuestras comunidades. Haz que te confesemos como nuestro Dios y Señor. Haznos dichosos en la fe, fuertes en la esperanza e incansables en la caridad.
¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! – ¡Con su cruz a todos ha salvado!
Padre nuestro…
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…
Abril 23, 2009
- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
- Que por tu santa Pascua has redimido al mundo
Del Evangelio según san Juan (20,22-23)
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
—«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Meditación
Cuando creaste al ser humano del barro de la tierra insuflaste en él un aliento de vida (cf. Gén 2,7). Era tu mismo espíritu, tu ruah, por el que continuamente somos atraídos hacia ti. Ahora, en la nueva creación -que se inaugura con tu resurrección- vuelves a darnos, y ya en plenitud, tu Espíritu Santo, tu aliento de vida nueva, que aporta el perdón de los pecados, y por tanto, el acceso al Padre. Esa es la verdadera salvación: participar de la vida nueva en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. ¡Qué don tan grande! Tú, Jesucristo, y tu Santo Espíritu sois el mayor regalo de Dios. Haz que nos abramos a tu gracia, para que siempre gocemos de tu vida y en ningún caso se nos retengan los pecados por dejadez o rechazo de tus mandamientos. Ven de nuevo a nosotros y sopla sobre nosotros tu Espíritu, tu paz, tu perdón… tu amor. ¡Tú, nuestro Señor resucitado!
¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! – ¡Con su cruz a todos ha salvado!
Padre nuestro…
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…
Abril 20, 2009
- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
- Que por tu santa Pascua has redimido al mundo
Del Evangelio según san Juan (20,19-21)
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
— «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
— «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Meditación
Los discípulos tenían miedo. Tú ya les habías dicho que no eran los discípulos más que el Maestro, y les preveniste ante la persecución en muchas ocasiones. Tenían miedo, estaban paralizados, con las puertas cerradas para que nadie extraño entrase, ni pudiese salir nada de aquel lugar. El miedo sigue siendo una de las armas más fuertes de los poderosos para que nada cambie y todo siga igual. ¡Qué cómodos para nuestro mundo los cristianos que tienen miedo! Pero tú entras: rompes los límites y las fronteras. Te haces presente y les sorprendes a todos. Tu saludo es la Paz. Tú nos la diste por el sacrificio de tu cruz (cf. Ef 2,16). Tú eres el príncipe de la paz y llamas dichosos a aquellos que la construyen (cf. Mt 5,9). Danos tu paz, la verdadera, la del corazón y la que construye la fraternidad entre los hombres y los pueblos. Los discípulos se llenan de tu paz y de la alegría. ¡Qué dones tan preciosos, Señor, que el mundo no puede dar!.
Los discípulos están atónitos: ¡¿cómo puede ser!? Y sin embargo es verdad: ¡eres tú! El mismo que caminaste con ellos por Palestina, el mismo que les hablaba de lo mejor y más importante y bello. Las señales de tus manos y tu costado lo demuestran. ¡Has resucitado, estás vivo¡, pero aun en la indescriptible belleza de tu cuerpo glorioso aún guardas las señales de tu pasión. ¡Gloria a ti, Señor! Contigo todo cambia: del miedo pasamos a ser tus enviados, de la oscuridad a la luz, del temor a la libertad y a la fuerza. Y ahora contigo vivo y en sus corazones, y sin miedo, son realmente apóstoles, enviados.
¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! – ¡Con su cruz a todos ha salvado!
Padre nuestro…
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…