Via Crucis 2009


-       Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

-       Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Juan

Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César.» Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro rey.» Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: «¿A vuestro rey voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César.» Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.

 

Oración

Pilato tuvo en su mano salvarte, solo habría necesitado un poco de valentía y de fuerza. Él sabía que eras inocente. Pero el miedo le pudo. Por nuestros miedos, perdón, Señor. ¿Y los demás? Ansiaban la libertad respecto del César, pero hasta en eso te traicionaron a ti y se traicionaron a sí mismos: “¡No tenemos más rey que el César!” –decían–. Vendieron hasta su dignidad por crucificarte. También hoy, Señor, hay quien vende su dignidad en aras de lo que no es ni bueno ni justo. Tú guardabas silencio. Soportaste la ignominia de la injusticia sobre tu persona por parte de unos y de otros. También hoy por parte nuestra te echamos fuera de nuestras vidas, de nuestras almas, de nuestras familias, de nuestro pueblo… Señor Jesús, juzgado inicuamente por Pilato y sentenciado a muerte, danos tu Espíritu de fuerza y valentía para que te proclamemos Rey y Señor de nuestras vidas.

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Lucas

Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos. Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos. Una criada, al verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Éste también estaba con él.» Pero él lo negó: «¡Mujer, no le conozco!» Poco después le vio otro y dijo: «Tú también eres uno de ellos.» Pedro dijo: «¡Hombre, no lo soy!» Pasada como una hora, otro aseguraba: «Cierto que éste también estaba con él, pues además es galileo.» Le dijo Pedro: «¡Hombre, no sé de qué hablas!» Y en aquel mismo momento, cuando aún estaba hablando, cantó un gallo. El Señor se volvió y miró a Pedro. Recordó Pedro las palabras que le había dicho el Señor: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces» y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.

 

Oración

Pedro que siempre había estado cerca, ahora te sigue de lejos. Tiene miedo. Es humano y siente la flaqueza del seguimiento hasta la cruz. Cualquiera de nosotros te seguiría de lejos, o no te seguiría. Cuando lo relacionan contigo lo niega todo: ¡No lo conozco!. Ciertamente no te conocía todavía. Había estado contigo, siempre a tu lado, le habías dicho todo con claridad, hasta te había reconocido como Mesías, Hijo de Dios, y hasta te había visto transfigurado en el Tabor, pero realmente no te conocía, no se había metido en tu corazón, no te había metido en su corazón. Así nosotros también, Señor. ¡No te conocemos! Te negamos, cuando miramos a otro lado, cuando no afrontamos la crisis, ni la injusticia, ni las leyes macabras. ¡No te conocemos, Señor! Te negamos, cuando negamos al hermano, cuando no nos implicamos, cuando nos encerramos en nuestras pequeñas costumbres y tradiciones. ¡Me gustaría llorar como Pedro cuando te niego! Pero ni para eso tengo fuerzas. Perdón, Señor…

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Mateo

Los que prendieron a Jesús le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro le iba siguiendo de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver el final.

Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando un falso testimonio contra Jesús con ánimo de darle muerte.

 

Oración

Con alevosía y nocturnidad, así te prendieron y así te juzgaron. Ni siquiera esperaron al día para juzgarte: tenían prisa por condenarte, por quitarte de en medio. ¡Tanto daño les habías hecho a sus pequeños intereses! Pedro sigue la escena, pero de lejos, por miedo… También hoy somos juzgados y juzgamos sin verdad, solo de oídas; también hoy nosotros huimos: nos da miedo proclamar la fe, quizás porque no nos sentimos suficientemente formados, o por el qué dirán…

Señor Jesús, condenado por los jefes de tu pueblo, haz que los que pertenecemos al nuevo pueblo de Dios, que es la Iglesia, no sólo no te abandonemos, sino que te proclamemos como nuestro Dios y Señor para siempre. Tú que vives y reinas…

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús, traicionado por Judas, es detenido

-         Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

-         Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Mateo

Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle.» Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso. Jesús le dijo: «Amigo, ¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron.

 

Oración

Uno de los tuyos, con un beso, te entregó. Lo que debería haber sido amistad y lealtad se convirtió en traición; lo que era un saludo y un gesto de amor se tornó en mentira. Trágico fin el de Judas… y el de Jesús. En domingo de ramos te acogieron como Hijo de David con palmas y ramos; en viernes santo con espadas y palos como a un peligroso malhechor. Tragedia repetida también hoy, con tantos inocentes acusados, tanta prevaricación, tanta demagogia y palabras “apropiadas” pero faltas de verdad, de belleza y de contenido. «Amigo, ¡a lo que estás aquí!» le dijiste. Hay que ver para lo que hemos quedado…

        Jesús, traicionado por Judas, uno de tus discípulos, haz que nunca te traicionemos nosotros, a quienes has elegido para ser tus discípulos; y que te besemos siempre con gratitud y amor. Tú que vives y reinas…

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

El ejercicio del rezo del Via crucis es una de las prácticas más comunes y hermosas de la Cuaresma. Muchos cristianos lo hacemos habitualmente para unirnos a los sentimientos de Cristo Jesús en su Pasión y admirar y alabar el infinito amor de nuestro Dios que se nos muestra en la entrega de su Hijo. Quiero comentar brevemente cada una de las estaciones del Via Crucis bíblico. Cada día una estación. Hacer el via crucis es acompañar a nuestro Señor Jesucristo en los momentos principales de su Pasión.

 

*  *  *

Cristo Jesús, igual al Padre en su ser de Dios, se anonadó a sí mismo para hacerse semejante a nosotros. Quiso someterse a todas las debilidades de la condición humana. Se humilló haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Pero Dios lo exaltó y le dio un nombre que está sobre todo nombre.

El Señor nos dejó ejemplo para que sigamos sus huellas, dice san Pedro. Recorramos con él el camino de la cruz. Que este ejercicio sirva para que ponderemos los dolores que a Cristo le supuso nuestra redención, y, uniendo a ellos los nuestros, consigamos nuestra purificación interior y merezcamos alcanzar un día la vida eterna, que a los que seguimos al Señor, sacrificado y glorioso, se nos ha prometido.

 

PRIMERA ESTACIÓN: Jesús en el huerto de los olivos

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Lucas

 

«Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos; los discípulos le siguieron. Llegado al lugar les dijo: «Pedid que no caigáis en tentación.»

Se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Entonces se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.

Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza; y les dijo: «¿Cómo es que estáis dormidos? Velad y orad para que no caigáis en tentación.»

 

Meditación

 

Señor Jesús, ¡qué inmensa es la tristeza que siente tu corazón ante los acontecimientos que están por venir!, ¡cuánto dolor!. Tu único refugio es la oración. Así lo hiciste, así se lo mandaste a tus discípulos. Oración para no caer en la tentación de la cobardía y del abandono. Oración para que en todo se cumpla la voluntad del Padre, aunque nosotros no la comprendamos. “¡Velad y orad!” son tus palabras para nosotros… y nos das tu ejemplo. Tú rezas de rodillas, poniendo en el corazón del Padre tus sentimientos, tus angustias… tus deseos, tu confianza… Ante la dificultad, ante los obstáculos y la dureza de la vida… enséñanos a orar.

 

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

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