Via Crucis 2009


Como muchos habéis pedido el Vía Crucis completo, os lo dejo en formato PDF en el siguiente enlace. Así os será más fácil bajároslo. Espero con todo el corazón que os ayude a rezar y a meditar en los misterios fundamentales de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor. Este será el texto del Vía Crucis que realizaremos por las calles de la Parroquia con la imgane del Crucificado el próximo viernes, 27 de marzo, y al que estáis todos invitados. Un fuerte abrazo.

http://www.parroquiadelaasunciondemartos.es/pdffiles/Via%20crucis%202009.pdf

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Lucas

Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo, que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Se presentó a Pilato, le pidió el cuerpo de Jesús y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía. Era el día de la Preparación y apuntaba el sábado.

Las mujeres que habían venido con él desde Galilea fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo era colocado su cuerpo.

 

Oración

Tu última estación, -o mejor la penúltima-. Tus amigas, junto a José de Arimatea tienen esa última obra de misericordia con tu cuerpo depositándolo con respeto y amor en el sepulcro. Sus corazones rotos y en silencio. Ya no esperan nada más, sólo tener esa ultima obra de amor contigo. Apuntaba el sábado, el día del descanso para ellos y piensan que el día del descanso para ti y para siempre. Ya descansas, han terminado tus padecimientos… ahora queda el llorar y el sentir de los tuyos. Otros ríen pensando que has terminado, que has bajado y para siempre al lugar de los muertos… pero ignoran que en el sepulcro te has sembrado como el grano que cae en tierra y muere, pero que dará un fruto inmenso… Esa será la fuerza de la fe…

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Lucas

Era ya cerca de la hora sexta cuando se oscureció el sol y toda la tierra quedó en tinieblas hasta la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu.» Y, dicho esto, expiró.

 

Oración

Expiró… Y se hace silencio, y nuestra mente y nuestro corazón enmudecen… ¿Cómo puede ser? ¡Cristo ha muerto! Las tinieblas parece que nos cubren, como que la muerte al final se lleva la victoria. ¡No puede ser! ¿No eras tú el Salvador de Israel? ¿Cómo puedes morir? ¡Y morir así! ¡No es posible! Lamentos en Jerusalén…

Tus últimas palabras son la confesión de tu abandono en Dios. En sus manos has puesto tu espíritu. ¡Quizás si nosotros hiciéramos lo mismo, -poner nuestro espíritu en las manos del Padre- todo tendría una luz distinta. En tus manos, Padre, ponemos nuestro espíritu…, y nuestras vidas…, y nuestros proyectos…, y nuestros fracasos…, Tú el Dios leal, nos librarás. Silencio en Jerusalén, silencio en nuestras almas: ¡Cristo muere por ti… y por mí…

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Juan

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

 

Oración

María no falta. Siempre ha estado presente de forma más o menos explícita. Ahora, en el momento culmen, no puede faltar: está junto a la cruz de Jesús. Quedan ya muy pocos, solo algunas mujeres, el discípulo amado y María. Es tu última conversación con ella, la despedida. La entregas a quien mejor puede cuidarla desde ese momento: al discípulo amado. A la vez, desde ese momento el discípulo la acogerá como madre para siempre. Gracias, Señor, por habernos dado en el último momento a tu Madre como madre nuestra. Es casi tu testamento. Permítenos acogerla en nuestra casa, en nuestras almas, en nuestros corazones para siempre como lo hizo el discípulo amado, y haz que tengamos siempre su amor y su fuerza.

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del evangelio según san Lucas

Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!» Pero el otro le increpó: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio éste nada malo ha hecho.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.» Jesús le dijo: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

 

Oración

Tú, el crucificado entre los ladrones. Pero qué actitud más distinta la de ellos aun en el mismo suplicio contigo. El uno te reta ¡¿es que siendo el mesías no tienes poder?!. El otro es consciente de su situación: está clavado en la cruz como tú, pero aun permanece libre en su corazón, en sus labios. Con el corazón se adhiere a la fe, con sus labios implora misericordia. Sabe de tu poder aún en la cruz. Nosotros igual, Señor. Conocemos personas que en su límite pierden la fe y la esperanza, y personas que en idéntica situación se acogen a ti. Te pedimos por los primeros, para que les des tu luz en su dolor; y por los segundos para que no pierdan esperanza y sigan dándonos lecciones de amor y de fe. Y también por nuestro mundo, para que tome por modelos a aquellos que realmente son modelos de fortaleza y tesón, como el buen ladrón.

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Juan

… Y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús el Nazareno, el rey de los judíos.» Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: `El rey de los judíos’, sino: `Éste ha dicho: Yo soy rey de los judíos’.» Pilato respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito.»

 

Oración

Siempre me duele, Señor, imaginar el momento en el que te clavan en la cruz. Me aterra el terrible dolor, ver tu cuerpo suspendido en cuatro puntos, tus dificultades para respirar, las afrentas y la sensación de derrota final. Y, sin embargo, en el evangelio leo que en la misma cruz aparece la confesión de tu realeza. ¿Quién puede amar y servir a un rey crucificado? Ese es el escándalo y la necedad que dice Pablo para judíos y griegos y también para el hombre moderno, y por eso tantos abandonan. ¡Tú en la cruz, nuestro rey! Por amor estás ahí, por amor y por fe permaneces ahí. Estoy seguro, Señor, que aún en medio del suplicio, en tu corazón tenías paz, y que en tu rostro dolorido se dibujaba la serenidad, porque estabas convencido de que todo se había cumplido. Ayúdanos a no tener miedo, ayúdanos a confiar, incluso en medio de nuestras cruces.

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Lucas

Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús se volvió a ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron! Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Sepultadnos! Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?» Llevaban además a otros dos malhechores para ejecutarlos con él.

 

Oración

Te seguían algunas mujeres lamentándose por ti, pero ya no podían hacer nada, salvo mostrar compasión como aquella Verónica de la que nos habla la tradición. En todas esas mujeres contemplamos la cercanía y la solidaridad, aun en medio de la imposibilidad de hacer nada. Tú te diriges a ellas con dulzura, agradecido por su gesto, y les dices unas palabras misteriosas que aun hoy se nos hacen difíciles de entender… no llorar por ti, llorar por nosotros mismos, mostrar nuestro amor, nuestra cercanía, nuestra solicitud por los que sufren la cruz de nuestros días. Aún en tu dolor te sigues fijando en el sufrimiento de los demás. Qué mejor consuelo para nosotros que tenerte por defensor nuestro…

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

-                    Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

-                    Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Lucas

Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús.

 

Oración

Tú cargabas nuestra cruz tan pesada, hasta el agotamiento total; nadie te ayudaba; sólo el Cirineo Simón, -y obligado-, la portó un momento. Así comprendemos que debemos compartir también las cruces de cada uno. Ahora eres tú nuestro Cirineo. Ayúdanos, Señor. No dejes de apoyarnos en nuestras cruces; contigo la carga se vuelve ligera. Sobre todo ayúdanos a ser fuertes y a no mirar hacia otro lado. Afrontar la cruz será para nosotros ser cirineos para los demás y tenerte a ti mismo como cirineo en nuestro dolor.

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Juan

Tomaron, pues, a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota.

 

Oración

Exhausto por las palizas y por las burlas y aún tienes que sacar fuerzas para cargar con tu cruz… y con las nuestras. La cruz pesada de nuestros pecados y miserias. Quizás, Señor Jesús, hoy pese aún más esa cruz. Sigues cargando con ella. La cruz del tercer mundo; las cruz de los ancianos y los enfermos; la cruz de los parados; la cruz de los que sufren violencia; la cruz de los perseguidos y burlados de nuestro mundo; la cruz de los inocentes que ya no tienen seguridad ni siquiera en el vientre de su madre; la cruz de los que no tienen ya para vivir dignamente; la cruz de la ignorancia y la maledicencia… nuestras cruces son tu cruz: nosotros no queremos verlas… y tú cargas con ellas…

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Mateo

Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.» Y todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado.

 

Oración

Pilato se lava las manos. Tu sangre sobre todo el pueblo. El irresponsable y el que ama y se entrega sin condiciones. Fuiste víctima de los miedos y de los odios. Por nuestros miedos y por nuestros odios, perdónanos, Señor. Te azotaron duramente dejándote como varón de dolores a quien nadie se atreve a mirar. Burlado y ultrajado sin sentido. Dolor tras dolor. Entregado para ser crucificado. Te consideraron un falso rey y eres el rey verdadero. Haz, Señor, que reconozcamos tu realeza sobre nuestras vidas y en nuestros corazones.

Señor, ten piedad… Padre nuestro…

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