Uncategorized


                 Cuando hicimos el logo del XL Aniversario de la Parroquia de la Asunción de Martos, y pensamos hacer el juego en la web amiga de MARTOS AL DÍA para que se intentara sacar su significado, no imaginábamos el interés y la reacción de la gente. Como técnica de marketing ha resultado un éxito, y el equipo se da por satisfecho de esa experiencia. De hecho, muchos nos han preguntado sobre el tema, tanto en radio y tv, como amigos y feligreses en la calle.

                 Antes de explicar el logo quiero dar las gracias a Luismi y a “MARTOS AL DÍA” por su desinteresada colaboración. También a la mayoría de los amigos que han dejado sus comentarios diciendo más o menos acertadamente el significado. También nos ha sorprendido la imaginación de algunos otros comentarios. Eso es bueno. Por cierto, un amigo mío onubense, experto en diseño, dice que un logo debe ser claro y conciso, pero no de tal claridad que se vean las cosas tal cual, sino de una claridad simbólica que identifique con una sóla mirada ese logo con la empresa o la idea que representa. Y ponía el ejemplo de una cantidad enorme de logos de empresas e instituciones muy importantes a los que se les podría achacar y criticar los mismos comentarios que en “Martos al día” se han consignado de éste.

                 También quiero dar las gracias a Antonio García Prats, que es el autor del mismo,  con mi supervisión y visto bueno.

                 Y bien, ya sin más preámbulos vamos a descubrir el significado de los elementos.

logotipo XL Aniversario

                 Si os fijáis bien en el logo aparecen diversos elementos:

                1º. Tres letras: la “X”, la “L”, y la “A”. Supongo que no será necesario explicar que “XL” en números romanos es cuarenta. La “A” resultante de la conjunción de algunos tramos de la X y la L es la primera letra de la palabra Asunción, título de esta Parroquia.

                2º. Aparecen también dos símbolos cristianos muy comunes dependiendo de la perspectiva con que se miren en su diseño las letras X y L: la cruz y el camino. La cruz es blanca, sin manchas; la L (o camino) aparece con manchitas que intentan dar la sensación de movimiento. (De hecho algunos comentarios decían que parecía el plano de las calles del barrio, realmente no era exactamente así, pero algo de eso sí que hay). Estos dos elementos, la cruz y el camino, son fundamentales para entender la vida y espiritualidad cristianas.

                 3º. Además del blanco de los elementos aparecen dos colores, -el rojo y el gris-, que para los no entendidos en simbología iconográfica religiosa representan al Espíritu Santo y a la humanidad en su realidad moral (mezcla de cosas buenas y malas). Con estos colores en la iconografía cristiana se da a entender que la vida cristiana está siempre animada por el Espíritu Santo, aunque nosotros también tengamos en nuestras vidas elementos de pecado y mediocridad. Hacen referencia a los elementos visibles e invisibles de la vida cristiana. Una pequeña confesión: en un primer momento pensamos también poner el color azul, color simbólico de la Virgen María, titular de esta Parroquia de la Asuncion, pero por motivos estéticos y teológicos preferimos poner el color rojo del Espíritu Santo.

                 4º. Aparece en el logo la lectura ANIVERSARIO 1970-2010. El próximo 8 de septiembre del próximo año se cumplirán esos cuarenta años desde la erección de la misma. Alguien decía que los cumpleaños se celebran después. No es cierto. El aniversario se cumplirá el próximo año –como bien aparece en esa referencia-, pero cuando en la Iglesia se plantea una celebración de este tipo, análoga a un jubileo, se celebra durante el año en curso. Un ejemplo: un niño nace, y el día de su nacimiento tiene cero años pero ya ha entrado en el año I de su vida. La parroquia de la Asunción cumple ahora 39 años, pero entra desde este momento en el año XL de su existencia: es cuestión de saber un poquito de matemáticas. Otro ejemplo: los años 1901-2000 se consideraron siglo XX. Y otro ejemplo más: el 2000 aniversario del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo se cumplió en la navidad de los años 2000-2001, pero se celebró con todo un Jubileo Universal que duró todo un año y que comenzó en la Navidad de 1999 con la apertura de la Puerta Santa por parte de Juan Pablo II. Todos recordaréis aquellas preciosas imágenes.

 

                 Bien, -y volviendo a los elementos del logo-, todos esos elementos unidos simbolizan algo importante que es lo que pretendemos este año XL: la vida cristiana se realiza en una comunidad que está siempre en camino hacia su Señor Jesús, animada por el Espíritu Santo, aunque albergue en su interior pobrezas y mediocridades. En el caso de esta parroquia nos adentramos en el año XL de su peregrinación en Martos. Nos alegra esa noticia y nos anima para seguir en camino hasta la meta. Queremos celebrar estos cuarenta años con alegría y sobre todo con un compromiso compartido de crecer y mejorar en todos los aspectos. El lema del año XL va en esa misma línea: Enraizados y edificados en Cristo Jesús (Cf. Col 2,6); ese lema ya ha sido comentado en la homilía que aparece en el post anterior de este blog.

 

                 El logo estéticamente gustará más o menos, o no gustará nada (sobre gustos no hay nada escrito) pero es innegable que tiene una carga simbólica excepcional, captable y reconocible. Es moderno y original. Y no me podréis negar que cuando lo veáis a partir de este momento en cualquier medio os será fácil identificarlo, que es de lo que se trataba.

                Muchas gracias.

La Comisión Permanente de la CEE ha aprobado una Declaración sobre el Anteproyecto de “Ley del aborto”. Los obispos, que en numerosas ocasiones han anunciado el Evangelio de la Vida y denunciado la cultura de la muerte, desean poner de relieve algunos aspectos del Anteproyecto en cuestión que, de llegar a convertirse en Ley, supondría un serio retroceso en la protección de la vida de los que van a nacer, un mayor abandono de las madres gestantes y, en definitiva, un daño muy serio para el bien común.

La Declaración, titulada Sobre el Anteproyecto de “Ley del aborto”: atentar contra la vida de los que van a nacer, convertido en “derecho”, puede consultarse íntegramente en www.conferenciaepiscopal.es

A continuación se ofrece un resumen periodístico, basado en los aspectos principales del texto aprobado por la Permanente:

I. La mera voluntad de la gestante anula el derecho a la vida del que va a nacer

El aspecto tal vez más sombrío del Anteproyecto es su pretensión de calificar el aborto como un derecho que habría de ser protegido por el Estado. El Anteproyecto establece un plazo de catorce semanas dentro del cual la voluntad de la madre se convierte en árbitro absoluto sobre la vida o la muerte del hijo que lleva en sus entrañas. Sin embargo, el derecho a la vida no es una concesión del Estado, es un derecho anterior al Estado mismo y éste tiene siempre la obligación de tutelarlo. En cambio carece de autoridad para establecer un plazo, dentro de cuyos límites la práctica del aborto dejaría de ser un atentado contra el derecho a la vida.

II. La salud como excusa para eliminar a los que van a nacer

La inclusión del aborto entre los medios supuestamente necesarios para cuidar la salud es de por sí una grave falsedad. Abortar nunca es curar, es siempre matar. Una auténtica política sanitaria debe tener en cuenta siempre la salud de la madre gestante, pero también la vida y la salud del niño que va a nacer.

La imposición del aborto procurado en el sistema sanitario como prestación asistencial para la salud bio-psico-social de la gestante, a la que ésta tendría un supuesto derecho, lleva consigo la transferencia de la obligatoriedad a los profesionales de la sanidad. De este modo queda abierta la posibilidad de que no se respete a quienes por muy justificados motivos de conciencia se nieguen a realizar abortos, cargándolos arbitrariamente con un supuesto deber e incluso con eventuales sanciones.

Es necesario reconocer y agradecer el valor mostrado por tantos ginecólogos y profesionales de la sanidad que, fieles a su vocación y al verdadero sentido de su trabajo, resisten presiones de todo tipo e incluso afrontan ciertas marginaciones con tal de servir siempre a la vida de cada ser humano.

III. Se niega o devalúa al ser humano para intentar justificar su eliminación

Sorprendentemente, el Anteproyecto no explica en ningún momento por qué fragmenta el tiempo de la gestación en tres períodos o plazos pretendidamente determinantes de diferentes tipos de trato del ser humano en gestación. Es necesario sostener la afirmación irracional de que durante algún tiempo determinado el ser vivo producto de la fecundación humana no sería un ser humano, porque sería muy duro reconocer que sí lo es y al mismo tiempo afirmar que se le puede quitar la vida simplemente porque así lo decide quien lo gesta. Sería tanto como reconocer que hay un derecho a matar a un inocente.

IV. No se apoya a la mujer para ahorrarle el trauma del aborto y sus graves secuelas

Este proyecto legal no manifiesta interés real por el bien de las mujeres tentadas de abortar y, en particular, de las más jóvenes. Se limita a despejarles el camino hacia el abismo moral y hacia el síndrome post-aborto.

Agradecemos la dedicación de tantas personas que, en un número cada vez mayor de instituciones eclesiales o civiles, se dedican a prestar su apoyo personal a las mujeres gestantes y reconocemos el valiente testimonio público de las mujeres víctimas del aborto, que ayudan a la sociedad a recapacitar sobre un camino de sufrimiento ya demasiado largo. Las mujeres que se encuentran en esta dolorosa situación encontrarán siempre en la Iglesia el hogar de la misericordia y el consuelo.

V. Privar de la vida a los que van a nacer no es algo privado

El Anteproyecto de Ley presenta el aborto como si fuera un asunto privado ligado prácticamente sólo a la decisión individual de la gestante. Pero eliminar una vida no es nunca un asunto meramente privado. Por el contrario, se trata de un acto de gran trascendencia pública. La vida de los que van a nacer es un fundamental elemento constitutivo del bien común que merece especial protección y promoción.  Se debería avanzar en las políticas de protección de la maternidad/paternidad, muy retrasadas respecto a los países de nuestro entorno.

VI. El Estado impone a todos una determinada educación sexual

Se comete la injusticia de imponer una determinada educación moral sexual, que, además, por ser abortista y “de género”, tampoco será eficaz ni como verdadera educación ni como camino de prevención del aborto.

Es necesario permitir y promover que la sociedad desarrolle sus capacidades educativas y morales.

Conclusión: por el Pueblo de la Vida

El Evangelio de la vida proclama que cada ser humano que viene a este mundo no es ningún producto del azar ni de las leyes ciegas de la materia, sino un ser único, capaz de conocer y de amar a su Creador, precisamente porque Dios lo ha amado desde siempre por sí mismo. Cada ser humano es, por eso, un don sagrado para sus padres y para toda la sociedad. No ha de ser considerado jamás como un objeto subordinado al deseo de otras personas. Su vida no puede quedar al arbitrio de nadie, y menos del Estado, cuyo cometido más básico es precisamente garantizar el derecho de todos a la vida, como elemento fundamental del bien común.

Hablamos precisamente a favor de quienes tienen derecho a nacer y a ser acogidos por sus padres con amor; hablamos a favor de las madres, que tienen derecho a recibir el apoyo social y estatal necesario para evitar convertirse en víctimas del aborto; hablamos a favor de la libertad de los padres y de las escuelas que colaboran con ellos para dar a sus hijos una formación afectiva y sexual de acuerdo con unas convicciones morales que los preparen de verdad para ser padres y acoger el don de la vida; hablamos a favor de una sociedad que tiene derecho a contar con leyes justas que no confundan la injusticia con el derecho.

Este domingo, tras la primera luna llena de la primavera, que señala el día de la Pascua, los cristianos celebramos la Resurrección, la victoria de nuestro Señor.

Desde aquí quiero felicitar a todos los feligreses y amigos que seguís este blog con las mismas palabras del ángel a las mujeres en aquel día glorioso:

«No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mitad el sitio donde lo pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.» (Mc 16,6-7)

¡¡Cristo Vive!!  ¡¡Buscadlo en la galilea de vuestras vidas, de vuestras comunidades cristianas. Allí lo veréis!!

¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!

Ex corde, Facundo

Acabo de recibir la siguiente carta desde Linares… En www.redmadre.es tenéis más información sobre el tema…

Como sé que estáis compremetidas y comprometidos con Provida, Redmadre y/o Derecho a vivir, os informo por si no lo conocéis. En nuestra Parroquia de San José de Linares están las Hermanas de la Consolación, hace un año y medio más o menos iniciaron un Proyecto precioso: una casa de acogida para mujeres gestantes o con hijos menores de tres años. Empezaron sosteniendo la casa con sus sueldos y las aportaciones que la gente les daba, con la ayuda de Cáritas y del banco de alimentos de Jaén,con un montón de voluntarias y voluntarios de la parroquia y de toda la ciudad. El ayuntamiento y el Centro de la mujer de Linares tuvieron siempre muy buenas palabras pero ni un euro. Ahora tienen ayudas de la Caixa y alguna otra entidad.

Desde que comenzaron han atendido a cerca de treinta mujeres y treinta niños, algunos de ellos han nacido estando en la casa sus mamás. El centro dispone de cinco plazas para mujeres. Os cuento todo esto por si conocéis en algún momento a alguna mujer que no quiera abortar y se encuentre sola o sin recursos, sabed que podéis ofrecerle esta casa, basta con que os pongáis en contacto con las Hermanas, con nuestro párroco (Melitón Bruque) o conmigo.

Ya veis frente al negocio de las clínicas abortistas, frente a una ley que aplasta a la mujer ofreciéndole una salida de muerte, nosotros -los cristianos- además de defender el derecho a vivir damos soluciones de vida, pero como esto no es negocio, como esto no vende, ni es noticia, ni se dan ayudas oficiales ni interesa que funcione.
Si algún día venís por Linares me encantaría que visitarais la casa y conociérais a fondo el proyecto completo.

Que esta Semana Santa nos lleve a una resurrección en nuestra vida.

Un abrazo,

Ana (ana_maza@hotmail.com)
Comprometida con el Derecho a Vivir
http://derechoavivir.org

…Continuación…

Tras el renacimiento el Barroco, que tanto ha influido e influye en la imaginería pasionista andaluza. Ahí está la Escuela castellana con Gregorio Fernández y la andaluza con Martínez Montañés o Juan de Mesa o Alonso Cano o Pedro de Mena, entre los escultores; y en pintura ahí está la escuela valenciana con Francisco de Ribalta o José de Ribera; en Andalucía destaca Zurbarán y Murillo; en Madrid, Velázquez. Hombres, artistas insignes todos ellos, que hicieron del siglo XVI y comienzos del XVII el siglo de los genios en nuestro país.

En los siglos siguientes, es cierto que junto a este humanismo cristiano que ha seguido produciendo significativas obras de cultura y arte, se ha ido también afirmando progresivamente una forma de humanismo caracterizado por la ausencia de Dios y con frecuencia por la oposición a Él. Este clima ha llevado a veces a una cierta separación entre el mundo del arte y el de la fe, al menos en el sentido de un menor interés en muchos artistas por los temas religiosos. Con todo ahí están los escultores andaluces Pedro Duque Cornejo o Francisco Salzillo y los castellanos Pascual de Mena y Salvador Carmona o el pintor valenciano Antonio Palomino.

En el siglo XIX, con su vuelta al clasicismo, y en el XX con los distintos estilos modernistas,  a pesar de la decadencia del arte cristiano, no han faltado escultores y pintores que bien de forma exclusiva o bien de forma esporádica, han desarrollado temas religiosos, como Francisco de Goya, Vicente López y más tardíamente Mariano Benlliure. Tras la Guerra Civil hay un cierto renacimiento de arte religioso entre nosotros gracias al interés de Cofradías y Hermandades de recuperar el patrimonio perdido durante la contienda. En nuestra zona destacan Palma Burgos o Navas Parejo entre los escultores. En la actualidad me gustaria resaltar imagineros como Álvarez Duarte, Romero Zafra, Navarro Arteaga, o los jóvenes Manolo Luque o nuestro amigo Joaquín Marchal. En pintura, me encanta el iliturgitano y amigo Luis Aldehuela. Incluso en estilos como el expresionismo, el purismo geometrizante y la abstracción no han faltado motivos iconográficos de calidad.

Hemos hecho un recorrido muy general y muy superficial a lo largo de la historia del arte: el fin es solamente que entendamos la importancia de esa mutua relación entre arte y religión a lo largo de toda la historia.

El arte cristiano en el siglo XXI debe caminar hacia un diálogo renovado como ya intuía Pablo VI y ha expresado Juan Pablo II: “La Iglesia espera que de esta colaboración surja una renovada «epifanía» de belleza para nuestro tiempo, así como respuestas adecuadas a las exigencias propias de la comunidad cristiana”. El concilio Vaticano II puso las bases de esa renovada relación entre la Iglesia y la cultura, que tiene inmediatas repercusiones también en el mundo del arte. Es una relación que se presenta bajo el signo de la amistad, de la apertura y del diálogo. En la Constitución pastoral Gaudium et Spes, los Padres conciliares subrayaron la «gran importancia» de las artes en la vida del hombre. Sobre esta base, al concluir el Concilio, los Padres dirigieron un saludo y una llamada a los artistas: «Este mundo en que vivimos —decían— tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, pone alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que une a las generaciones y las hace comunicarse en la admiración». (Mensaje a los artistas, 8 diciembre 1965). También por su aportación «se manifiesta mejor el conocimiento de Dios» y «la predicación evangélica se hace más transparente a la inteligencia humana» (GS 62). A la luz de esto, no debe sorprender la afirmación del P. Marie Dominique Chenu, según la cual el historiador de la teología haría un trabajo incompleto si no reservara la debida atención a las realizaciones artísticas, tanto literarias como plásticas, que a su manera no son «solamente ilustraciones estéticas, sino verdaderos “lugares” teológicos» (CA 12).

…Continuación…

Las manifestaciones del arte son múltiples y muy variadas. Nos podemos centrar en la pintura y en la escultura, ya que son, quizás, las artes que más tocan la sensibilidad de nuestro pueblo andaluz tan presto a la devoción a las imágenes, especialmente en este tiempo de pasión que se aproxima.

Como dice el Directorio de la Piedad Popular: “Una expresión de gran importancia en el ámbito de la piedad popular es el uso de las imágenes sagradas que, según los cánones de la cultura y la multiplicidad de las artes, ayudan a los fieles a colocarse delante de los misterios de la fe cristiana. La veneración por las imágenes sagradas pertenece, de hecho, a la naturaleza de la piedad católica: es un signo el gran patrimonio artístico, que se puede encontrar en iglesias y santuarios, a cuya formación ha contribuido frecuentemente la devoción popular. Es válido el principio relativo al empleo litúrgico de las imágenes de Cristo, de la Virgen y de los Santos, tradicionalmente afirmado y defendido por la Iglesia, consciente de que “los honores tributados a las imágenes se dirige a las personas representadas.” (DPPL 18).

La Iglesia siempre ha defendido el uso correcto de las imágenes en la piedad. Frente a las iconoclastas de todos los tiempos que argumentan desde la prohibición de las imágenes en el AT, la Iglesia siempre ha recordado la derogación de la ley antigua y el hecho que desde la Encarnación el invisible se ha hecho accesible a nosotros, que hemos visto con nuestros ojos, lo hemos contemplado, lo han tocado nuestras manos (cf. 1 Jn 1,1). Por el otro lado también la Iglesia ha tenido que llamar la atención frente a desvíos flagrantes y usos realmente inadecuados de las imágenes sagradas. Las cosas en su justo término, debemos concluir.

Así, desde esta perspectiva, realista y positiva, de la Iglesia se ha desarrollado a lo largo de los siglos un más que importante patrimonio cultural y religioso que traspasa las fronteras de la Iglesia y se constituye en patrimonio de toda la cultura occidental y de toda la humanidad. Todo ello constituye un vasto capítulo de fe y belleza en la historia de la cultura, del que se han beneficiado especialmente los creyentes en su experiencia de oración y de vida, pero también los amantes de la cultura y el arte. Para muchos de ellos, en épocas de escasa alfabetización, las expresiones figurativas de la Biblia representaron incluso una concreta mediación catequética.

Desde los sencillos comienzos del arte paleocristiano de las catacumbas, presto a desarrollar una sobria simbología (crismones, panes y peces…) y las primeras manifestaciones de imágenes del Señor (Jesús maestro o buen pastor), pasando por la fantástica iconografía oriental del medioevo, ávida por representar la divinidad de Cristo y la santidad de Santa María y de otros santos; pasando por los preciosos e hieráticos Cristos románicos, donde se intenta plasmar la realeza y la majestad de Cristo, ya sea en la cruz, ya sea en la gloria de su orla mística; pasando, así mismo por la dulcificación en los gestos de las imágenes góticas más propensas a plasmar la humanidad del Señor y la maternidad de la santísima Virgen (haciéndose populares las imágenes dolientes del Señor en la cruz o de la virgen dando de mamar al niño), cientos de artistas anónimos nos han dejado el testimonio de su fe y de su esperanza; pasando además por el renacimiento y su interés humanista, científico y mundano (en el buen sentido de la palabra), como no recordar aquí a Da Vinci o a Miguel Ángel en Italia y en España a los escultores Doménico Fancelli y sus sepulcros, o Berruguete y Juni, a los pintores como Luis de Vargas o Luis de Morales, el divino Morales, que trabajó junto a san Juan de Ribera en Valencia, o el Greco y tantos y tantos otros.

Continuará…

Con la próxima celebración de la Semana Santa nuestras Iglesias, nuestras calles y nuestras plazas se convierten en un auténtico expositor de arte, de imágenes y enseres, fruto de la piedad y del buen hacer que desde siglos ha caracterizado al pueblo andaluz a la hora de expresar de forma popular su fe.

La Iglesia Católica, lejos de renegar de esta forma de expresión de la fe, la ha promovido a lo largo de la historia, y aún en medio de malentendidos y de problemas lógicos en cualquier institución humana, ha promocionado este patrimonio histórico y cultural que hoy es orgullo de todos.

Las motivaciones de la Iglesia para esto se fundamentan no solo en su estima por la religiosidad popular, sino también en su teología acerca del arte y de la cultura. Porque como bien dice Juan Pablo II, “para transmitir el mensaje que Cristo le ha confiado, la Iglesia tiene necesidad del arte. En efecto, debe hacer perceptible, más aún, fascinante en lo posible, el mundo del espíritu, de lo invisible, de Dios. Debe por tanto acuñar en fórmulas significativas lo que en sí mismo es inefable. Ahora bien, el arte posee esa capacidad peculiar de reflejar uno u otro aspecto del mensaje, traduciéndolo en colores, formas o sonidos que ayudan a la intuición de quien contempla o escucha. Todo esto, sin privar al mensaje mismo de su valor trascendente y de su halo de misterio.” (Juan Pablo II, Carta a los artistas, 1999, n. 12).

Con estas palabras S.S. Juan Pablo II expresa la necesidad que tiene la Iglesia de plasmar de algún modo la fe mediante las distintas manifestaciones del arte. Efectivamente, como el mismo Papa dice, “a Dios nadie lo ha visto” (cf Jn 1,18), es inefable y absolutamente trascendente, está más allá de lo que nuestros sentidos pueden percibir de una forma sensible y directa. Pero nosotros necesitamos manifestaciones sensibles, accesibles a nuestros sentidos, del misterio de Dios.

Las distintas manifestaciones del arte religioso (arquitectura, pintura, escultura, orfebrería, música, literatura, artes plásticas, etc., etc.) intentan hacernos accesible de algún modo el misterio trascendente de Dios. Esto ha ocurrido así a lo largo de toda la historia de la humanidad, desde las pinturas rupestres hasta nuestros días.

Incluso las religiones que prohíben las imágenes, por tener un concepto absolutamente trascendente de Dios, como el judaísmo o el Islam, han desarrollado formas de arte religioso. No nos queda más que concluir que arte y religión están mutuamente implicados.

La Iglesia ciertamente necesita del arte, como nos recuerda Juan Pablo II, pero también el arte necesita de la Iglesia. Esta afirmación puede parecer demasiado atrevida, pero cogida en sus justos términos, es cierta. Como el mismo Papa recuerda en su carta a los artistas “El artista busca siempre el sentido recóndito de las cosas y su ansia es conseguir expresar el mundo de lo inefable. ¿Cómo ignorar, pues, la gran inspiración que le puede venir de esa especie de patria del alma que es la religión? ¿No es acaso en el ámbito religioso donde se plantean las más importantes preguntas personales y se buscan las respuestas existenciales definitivas? De hecho, los temas religiosos son de los más tratados por los artistas de todas las épocas” (CA 13).

De esa mutua implicación y necesidad entre arte y religión ha surgido un humanismo que ha dado su impronta y su sello a toda la cultura occidental. No podríamos entender nuestra civilización sin la religión cristiana. En la actualidad, cuando desde las altas instancias se intenta marginar el hecho religioso en todos los ámbitos públicos, especialmente en la escuela, habría que recordar con fuerza esta realidad, y las nefastas consecuencias que derivarían del desconocimiento de la raíz cristiana de nuestra cultura.

Podríamos decir, incluso, que estudiar la historia de la humanidad es estudiar la historia del arte religioso, puesto que en éste no solo se expresa una fe, sino la esencia del alma y de la cultura del artista. En verdad se puede decir que la historia del arte es la historia de los hombres.

Continuará…

Acabo de llegar del Teatro Álvarez Alonso de escuchar el Pregón de Semana Santa de D. Manuel Higueras Ávila. Ha sido un gran pregón, un magnífico pregón. Correcto y elegante en las formas, bellísimo en lo literario; y riquísimo, coherente y denso en el contenido, yo diría incluso “profético”. Yo que he hecho alguno que otro sé que no es fácil compaginar y ser equilibrado entre lo estético y lo ético. Tú lo has conseguido ¡Gracias Manuel! No te conozco personalmente, pero hoy he sacado en conclusión que eres un gran hombre de firmes convicciones cristianas, de fe profunda, de principios sólidos, de orgullo marteño… y además… valiente. Muchas gracias. Has descubierto perfectamente dónde está Jesús, y nos has invitado a buscarlo. Enhorabuena a los que te han acompañado, a tu “hermano” Javi Martos, a la flauta, a la guitarra y al cantaor. ¡Geniales! Mi felicitación al Consejo General de Cofradías de Martos por la elección de pregonero. Y a ti, Manuel, ¡enhorabuena!. Lo has clavado.

1. La Iglesia es «el pueblo de la vida y para la vida»[1]

La vida de cada persona, con toda su integridad y dignidad, está en el corazón del ser y de la misión de la Iglesia, ya que hemos sido creados por el amor de Dios: «antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes de que nacieses, te tenía consagrado» (Jr 1, 5), y hemos sido redimidos por la sangre de Aquel que es, «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6). Jesucristo ha venido a nuestro encuentro para que los hombres «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). Aquí radica el núcleo principal de la misión pastoral de la Iglesia orientada a que la vida terrena de todo hombre alcance su plenitud, participando en la comunión con Dios Padre, acogiendo la vida nueva otorgada por Jesucristo en virtud del don del Espíritu Santo. De esta manera, somos el pueblo llamado a custodiar, anunciar y celebrar el Evangelio de la vida.

Son muchos los esposos que, con generosa responsabilidad, reciben los hijos como el don más precioso del matrimonio. Muchas familias que en virtud de una clara opción por la vida, acogen a niños abandonados, a muchachos y jóvenes con dificultades, a discapacitados y a ancianos que viven solos. Numerosos grupos de voluntarios se dedican a dar hospitalidad a quienes no tienen familia. La Iglesia, siguiendo el ejemplo de Jesús, buen samaritano, siempre ha estado en la vanguardia de la caridad efectiva.

Junto a estos hechos esperanzadores, constatamos la negación de la dignidad propia de la persona humana, desde su concepción hasta su muerte natural, por parte de aquellos que defienden la despenalización del aborto o de la eutanasia.

Tenemos que afirmar una vez más que «toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia, afecta al núcleo de su fe»[2]. En este sentido, con profundo dolor, contemplamos cómo esta amenaza a la vida se intensifica en nuestro país ante la anunciada reforma de la ley del aborto, y por eso nos urge «hacer llegar el Evangelio de la vida al corazón de cada hombre y mujer e introducirlo en lo más recóndito de toda la sociedad»[3].

2. La verdadera justicia: proteger la vida de quienes van a nacer y ayudar a las madres

En nuestra sociedad se va asumiendo una grave deformación de la verdad en lo que respecta al aborto, que es presentado como una elección justa de la mujer destinada a solucionar un grave problema que le afecta de manera dramática. Se llega incluso a incluir el aborto dentro de los llamados «derechos a la salud reproductiva». Sin embargo, la auténtica justicia pasa por la custodia del niño que va a nacer y el apoyo integral a la mujer para que pueda superar las dificultades y dar a luz a su hijo.

Esta situación va a acompañada de una evidente paradoja: cada vez es mayor la sensibilidad en nuestra sociedad sobre la necesidad de proteger los embriones de distintas especies animales. Existen leyes que tutelan la vida de estas especies en sus primeras fases de desarrollo. Sin embargo, la vida de la persona humana que va a nacer es objeto de una desprotección cada vez mayor.

a). El derecho del niño

El derecho primero y más fundamental es el derecho a la vida. La mal llamada interrupción voluntaria de la vida del niño en sus primeras fases de desarrollo supone una clara injusticia y una grave violación de los derechos fundamentales de la persona[4].

Esta violación del derecho fundamental del niño a la vida está revestida de un especial dramatismo ante el hecho de que los que atentan contra el ser más indefenso e inocente o lo dejan desamparado «son precisamente aquellos que tienen el encargo sagrado de su protección: la madre, el médico y el Estado»[5]. En este sentido, la ley positiva que deja desprotegido un derecho fundamental de la persona es una ley injusta[6].

b). Defensa de la mujer y de la sociedad

Son muchas las personas que han asumido las falsedades divulgadas sobre el aborto hasta el punto de interpretarlo no como una acción intrínsecamente mala, sino como un bien que hay que defender o, a lo sumo, como un mal menor que hay que aceptar.

A este engaño contribuye no sólo la manipulación del lenguaje, sino, de una manera muy directa, la presentación del aborto como solución liberadora ante una situación dramática.

La realidad no es así. El hecho cierto, que casi siempre se oculta, es que el aborto produce una grave herida en la madre, sobre todo de carácter psicológico y moral, de tal manera que la mujer se constituye en víctima directa del aborto.

La defensa de la mujer no pasa por ofrecerle ayudas técnicas y económicas para abortar, ya que lejos de aliviar su situación, el aborto la agrava de una manera enormemente dolorosa: acaso «¿se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas?» (Is 49, 15). Por eso, la verdadera justicia pasa por la ayuda eficaz e integral a la mujer embarazada para que pueda acoger la vida de su hijo.

En esta tarea está comprometida toda la sociedad, afectada en sus mismas raíces por el drama del aborto, siendo necesario un compromiso político y legislativo para prevenir las causas del aborto y ofrecer a las mujeres todas las ayudas necesarias para llevar adelante su embarazo[7].

3. Una misión urgente: anunciar el Evangelio de la Vida

Toda persona humana «es mucho más que una singular coincidencia de informaciones genéticas que le son transmitidas por sus padres. La procreación de un hombre no podrá reducirse nunca a una mera reproducción de un nuevo individuo de la especie humana, como sucede con un animal. Cada vez que aparece una persona se trata siempre de una nueva creación»[8]. Estamos ante verdades que están iluminadas por la fe pero que son accesibles a la recta razón: «todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón (cf. Rm 2, 14-15) el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término»[9].

Sin embargo, en no pocos de nuestros contemporáneos, esta luz de la razón se halla debilitada en un tema tan fundamental como el aborto. Por eso a quienes formamos el pueblo de la vida y para la vida nos urge la misión de iluminar las conciencias con la verdad, en todo su esplendor.

Esta es la razón por la que hemos dedicado el año 2009 a elevar una gran oración de súplica al Señor de la Vida a través de los materiales que se han enviado a las parroquias, monasterios de vida contemplativa, movimientos de apostolado seglar, etc.

Además queremos invitar a los miembros de la Iglesia a intensificar el trabajo de formación de las conciencias en lo que respecta al drama del aborto. Para facilitar esta labor formativa se han elaborado también unos materiales de ayuda a los que conviene dar la mayor difusión posible.

Por último, deseamos pedir a los creyentes un compromiso activo con todas las asociaciones eclesiales que tienen como fin la defensa de la familia y de la vida y que, gracias a Dios, cada vez son más numerosas en nuestro país. La causa de la vida humana nos pide colaborar también con todos los que trabajan en su defensa, que son también cada vez más. Con nuestro testimonio y apoyo queremos dar esperanza a las madres y a los padres que tienen dificultades para acoger a sus hijos. En la Iglesia han de encontrar el hogar en el que se descubren cuidados y donde pueden recibir las ayudas que necesitan.

Confiamos a nuestra Señora, Madre de los vivientes, los frutos de este año dedicado a la oración y a un mayor trabajo de formación y de compromiso activo en favor de las vidas humanas que van a nacer. Que ella nos ayude a vivir como «hijos de la luz» (Ef 5, 8) siendo constructores de una auténtica cultura de la vida.

Con nuestra bendición y afecto:

+ Mons. Julián Barrio Barrio
Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar
+ Mons. Juan Antonio Reig Pla,
Presidente de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida
+ Mons. Francisco Gil Hellín
+ Mons. Vicente Juan Segura
+ Mons. Manuel Sánchez Monge
+ Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa
+ Mons. Gerardo Melgar Viciosa

MANIFIESTO DE MADRID

 

«Los abajo firmantes, profesores de universidad, investigadores, académicos, e intelectuales de diferentes profesiones, ante la iniciativa del Grupo Socialista en el Congreso, por medio de la Subcomisión del aborto, de promover una ley de plazos, suscribimos el presente Manifiesto en defensa de la vida humana en su etapa inicial, embrionaria y fetal y rechazamos su instrumentalización al servicio de lucrativos intereses económicos ó ideológicos.

En primer lugar, reclamamos una correcta interpretación de los datos de la ciencia en relación con la vida humana en todas sus etapas y a este respecto deseamos se tengan en consideración los siguientes hechos:

Existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación. Los conocimientos más actuales así lo demuestran: la Genética señala que la fecundación es el momento en que se constituye la identidad genética singular; la Biología Celular explica que los seres pluricelulares se constituyen a partir de una única célula inicial, el cigoto, en cuyo núcleo se encuentra la información genética que se conserva en todas las células y es la que determina la diferenciación celular; la Embriología describe el desarrollo y revela cómo se desenvuelve sin solución de continuidad.

El cigoto es la primera realidad corporal del ser humano. Tras la fusión de los núcleos gaméticos materno y paterno, el núcleo resultante es el centro coordinador del desarrollo, que reside en las moléculas de ADN, resultado de la adición de los genes paternos y maternos en una combinación nueva y singular.

El embrión (desde la fecundación hasta la octava semana) y el feto (a partir de la octava semana) son las primeras fases del desarrollo de un nuevo ser humano y en el claustro materno no forman parte de la sustantividad ni de ningún órgano de la madre, aunque dependa de ésta para su propio desarrollo.

La naturaleza biológica del embrión y del feto humano es independiente del modo en que se haya originado, bien sea proveniente de una reproducción natural o producto de reproducción asistida.

Un aborto no es sólo la «interrupción voluntaria del embarazo» sino un acto simple y cruel de «interrupción de una vida humana».

Es preciso que la mujer a quien se proponga abortar adopte libremente su decisión, tras un conocimiento informado y preciso del procedimiento y las consecuencias.

El aborto es un drama con dos víctimas: una muere y la otra sobrevive y sufre a diario las consecuencias de una decisión dramática e irreparable. Quien aborta es siempre la madre y quien sufre las consecuencias también, aunque sea el resultado de una relación compartida y voluntaria.

Es por tanto preciso que las mujeres que decidan abortar conozcan las secuelas psicológicas de tal acto y en particular del cuadro psicopatológico conocido como el «Síndrome Postaborto» (cuadro depresivo, sentimiento de culpa, pesadillas recurrentes, alteraciones de conducta, pérdida de autoestima, etc.).

Dada la trascendencia del acto para el se reclama la intervención de personal médico es preciso respetar la libertad de objeción de conciencia en esta materia.

El aborto es además una tragedia para la sociedad. Una sociedad indiferente a la matanza de cerca de 120.000 bebés al año es una sociedad fracasada y enferma.

Lejos de suponer la conquista de un derecho para la mujer, una Ley del aborto sin limitaciones fijaría a la mujer como la única responsable de un acto violento contra la vida de su propio hijo.

El aborto es especialmente duro para una joven de 16-17 años, a quien se pretende privar de la presencia, del consejo y del apoyo de sus padres para tomar la decisión de seguir con el embarazo o abortar. Obligar a una joven a decidir sola a tan temprana edad es una irresponsabilidad y una forma clara de violencia contra la mujer.

En definitiva, consideramos que las conclusiones que el Grupo Socialista en el Congreso, por medio de la Subcomisión del aborto, trasladará al Gobierno para que se ponga en marcha una ley de plazos, agrava la situación actual y desoye a una sociedad, que lejos de desear una nueva Ley para legitimar un acto violento para el no nacido y para su madre, reclama una regulación para detener los abusos y el fraude de Ley de los centros donde se practican los abortos».

 

Fdo.:

Nicolás Jouve (Catedrático de Genética; DNI 1154811)

Francisco Ansón (Escritor; DNI 847005)

Cesar Nombela (Catedrático de Microbiología; 1346619S)

Francisco Javier del Arco (Biólogo, Filósofo y Escritor; DNI: 00138438-N)

Vicente Bellver (Profesor Titular Filosofía del Derecho: DNI: 24335564T)

Luís Franco Vera (Catedrático de Bioquímica: DNI es 02.464.829B)

…/…

 

Siguen un millar de adhesiones a fecha de 17 de marzo de 2009, y siguen aumentando.

Entradas siguientes »