Noviembre 2009


Querido Amador:

                 Esta carta la dirijo también a mi amigo Eufrasio de Andújar. Como supongo que sabréis, la imagen de la Santísima Virgen de la Cabeza visita desde hoy -y durante toda la semana- la Catedral de Jaén con motivo de su Año Jubilar y del aniversario de su patronazgo sobre toda la Diócesis. Creo que es una buena oportunidad para acercarnos a visitarla ahora que va a estar tan cerca de nosotros. Pienso también que la idea es buena en el sentido de que facilitará a muchos el poder lucrar las gracias e indulgencias del Jubileo y que puede aunar mucho a los cristianos y devotos de toda la Diócesis. Me alegro, además, de que se haya elegido este domingo, en el que celebramos el Día de la Iglesia Diocesana.

                Desde pequeño he sido devoto de la Virgen de la Cabeza. ¡Cuántas veces me he acercado en oración a la Virgen María para pedirle algo, o para darle gracias por algún favor recibido, o para alabarla como bendita entre todas las mujeres! Y es que la figura de la Madre, de nuestra propia madre, inspira en nosotros los mejores sentimientos que como hijos, como discípulos y como cristianos podemos tener. Esa devoción aumentó tras mi paso por Andújar como párroco de san Bartolomé. Eran tiempos de reformas y de cambios en la Cofradía, que afrontaba con ilusión nuevos retos. También fueron tiempos de dificultad, de problemas e incluso de escándalos. Como sacerdote, como cofrade y como amigo la Junta Directiva de la Cofradía Matriz de Andújar siempre contó -y sigue contando- con mi apoyo y estima. Sé de su trabajo y sacrificios por mejorar la imagen y la calidad de vida cristiana de la cofradía en general.

                Así que os animo a ir algún día de estos por la Catedral a visitar a la Virgen. Se han programado cantidad de celebraciones religiosas y también actos culturales que nos animen a revitalizar nuestra devoción y estima de nuestra cultura religiosa.

                Al final del post te pongo el enlace para que veas el tríptico de actos y te puedas ajustar lo mejor posible según tus horarios, necesidades o gustos. Es muy amplio, ya ves… Hombre, yo, -personalmente-, habría hecho otro tipo de organización, dedicando los días no a los distintos grupos personales, sino más bien a las parroquias y arciprestazgos… Eso habría simplificado mucho las celebraciones y también la posibilidad de organización desde las parroquias y comunidades. Tú imagina lo complicado que es para nosotros los sacerdotes tener que organizar cinco o seis excursiones a Jaén cada una con un grupo distinto. Yo pienso que si lo hubieran organizado de la otra forma cogemos desde aquí un autobús o dos y nos vamos todos juntos, jóvenes, mayores, niños, catequistas, inmigrantes, familias, cáritas, etc. etc. En fin, eso ya lo haremos, Dios mediante, en la peregrinación que organizaremos desde la Parroquia de la Asuncion en primavera.

                ¡La Virgen de la Cabeza se lo merece!

P.D. 1.- Lo que no se merece, y no creo que ella esté muy contenta en el cielo, es con algunos de nosotros. Me contaban ayer los problemas surgidos en la procesión de Andújar, y que te enterarás –supongo- por los medios de comunicación. A veces las cosas pasan por no poner remedio desde el principio. Con estas cosas se aprende que más vale ponerse rojo una vez que no ciento amarillo como dice el refranero español. Pues así andamos, “amarillos”. Siento pena y tristeza, porque la Virgen es nuestra Madre, Reina y Señora, y así deberíamos de mostrarlo a todos, especialmente cuando procesionamos su venerada imagen. Quiero, por tanto, una vez más, mostrar mi apoyo a la Junta Directiva de la Cofradía de la Virgen de la Cabeza, y mi vergüenza y repulsa de esos acontecimientos a aquellos y aquellas que se toman bajo no sé qué privilegios y “tradiciones” ciertas licencias que empañan el orden, el respeto y el prestigio que se merece nuestra Patrona.

                Espero, y pido al Señor, que esas cosas no se repitan en Jaén, y lo pido apelando a la verdadera piedad del pueblo cristiano y al prestigio y dignidad de nuestras fiestas en torno a la Santísima Virgen.

                Espero, así mismo, que entre todos, se ponga solución, y si es necesario, se redacten unos nuevos Estatutos que pongan a cada uno en su sitio y eliminen los cánceres que continuamente amenazan a la dignidad de un acontecimiento religioso y cultural tan único y singular como nuestra Virgen de la Cabeza.

                Saludos también a todos los amigos y amigas de Andújar.

¡Viva la Virgen de la Cabeza!

 

P.D. 2.- Ah, se me olvidaba… en el siguiente enlace tenéis en formato PDF el programa de celebraciones y actos en la Catedral de Jaén…

http://www.parroquiadelaasunciondemartos.es/pdffiles/Triptico_Virgen_Cabeza.pdf

Querido Amador:

                 Después de mucho tiempo vuelvo a escribirte. Perdona mi tardanza, pero supongo que comprenderás la situación por la que hemos pasado en mi familia…

                Hoy he estado recordando, -supongo que como muchos otros-, los acontecimientos de la caída del muro de Berlín, o mejor la destrucción de aquel muro de la vergüenza, hace hoy veinte años.

                Hay fechas y acontecimientos que quedan marcados en la memoria de una forma especial y que hacen que sean realmente históricos para la sociedad y/o para cada uno de nosotros. La caída del muro de Berlín es uno de esos acontecimientos. La mayoría de los que lo vivimos recordamos qué hicimos aquel día.

                Yo era entonces seminarista en Jaén. Estudiaba 2º de filosofía. Teníamos la Misa muy temprano –a las 7:30 de la mañana-. Todo transcurría como habitualmente hasta el momento de la oración de los fieles. En ese momento el diácono que estaba haciendo las peticiones oró más o menos con estas palabras:

                - Esta noche ha caído el muro de Berlín. Oremos por la paz en el mundo y en Europa.

                El sobresalto de todos fue excepcional. Nos quedamos mirando unos a otros, pasmados, pensando: ¿Qué ha dicho? ¿Qué se ha caído el muro de Berlín? Algunos habían pasado la noche escuchando la radio; para otros, entre los que me encontraba yo, era la primera noticia. Al terminar la misa todos subimos corriendo a ver la tele, pocos desayunaron aquel día. Recuerdo perfectamente las imágenes de los jóvenes subidos encima con martillos y picos.

                ¡No! ¡El muro no se había caído! ¡El muro estaba siendo destruido, derribado! ¡Era algo casi increíble, excepcional e histórico! Incluso algunos soldados aún vestidos con la saya militar de la antigua República Democrática Alemana colaboraban alegres en esa tarea. Y todos saltaban de alegría. ¡Era la recuperación de la libertad! El fin de la infamia.

                Para los que antes de aquella época habíamos estudiado ciencias sociales en EGB o en BUP la política de bloques era tan dura, estaba tan clara y el mundo tan dividido, que romper ese símbolo físico de la división Este-Oeste, Capitalismo-Socialismo, nos parecía un milagro. ¡Habían sido tantos los jóvenes asesinados tiroteados al intentar cruzarlo! Recuerdo que sentí también algo de miedo por la reacción que podría tener la URSS reprimiendo de forma bélica esa explosión de júbilo, aunque ya gobernaba Gorbachov y su perestroika y se vislumbraba cierta apertura. El futuro estaba por escribir, aunque todo presagiaba libertad. Después de Berlín vino Hungría, Bulgaria, Rumanía… la misma Rusia con Yeltsin.

                Quiero recordar, como no, a uno de los auténticos protagonistas y causantes de aquella hora gozosa: JUAN PABLO II, el papa polaco que había vivido es sus propias carnes los totalitarismos nazi en primer lugar y comunista después. ¡Qué bien conocía él lo que significaba vivir en una sociedad sin libertad y  dominada por el miedo!

                Su primera homilía el día de su coronación -¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo!- debieron retumbar en los oídos de muchos dirigentes de del bloque soviético, y debieron animar a tantos y tantos desesperados por la pobreza, la mentira y la manipulación de aquel régimen del terror. Su primer viaje a Polonia en 1979, su mensaje de paz y apertura -imparable para Jaruzelski-, su apoyo a Walesa y Solidarnosc (Solidaridad) en aquellas huelgas en Gdansk. El papa polaco fue sin lugar a dudas el pequeño David vencedor frente a Goliat. Nos enseñó lo que es posible hacer cuando no se tiene miedo y se está lleno de fe.

                Quiero recordar que fue el cardenal de Praga el que dijo que la clave de la caída del Este no fue tanto por la miseria que alimentaba el socialismo, cuanto por las ansias de libertad de tantos y tantos hombres.

                 Es verdad que el mundo ha cambiado mucho desde aquel acontecimiento. Sin embargo, desgraciadamente, creo que no hemos ganado tanto en libertad. El capitalismo tampoco es la solución ni la panacea del hombre libre. Todavía quedan muchos muros por derribar: Cuba, China, Corea del Norte… (Algunos lo han olvidado).

                Hay ahora un muro aún peor: el que separa el Norte del Sur, el desarrollo del subdesarrollo, el primer mundo del tercer mundo. Están también nuestros propios muros, a veces desapercibidos para nosotros mismos, del conformismo, del relativismo y la falta de expectativas y esperanzas. Estos muros son enormes en nuestra sociedad occidental. ¿Cuándo caerán esos muros? Nadie lo sabe. Pero sí hemos aprendido algo: la verdadera libertad siempre clama en el corazón del hombre, y cuando ese corazón es movido por la fe y la esperanza no hay muro que se resista.

                Con mi admiración a todos los que derriban los muros de nuestro mundo.

              Continuando con el mismo tema del post anterior, y a la luz de lo que Benedicto XVI ha dicho hoy en el Funeral por los cardenales y obispos fallecidos en el último año, -tal como BXVI ha comentado antes-, he recogido el vídeo de esa homilía. Espero ofrecerosla cuando esté publicada en español…

               Me siento raro estos días. Hace ya muchos años que salí de mi casa y me he acostumbrado a vivir solo desde hace mucho tiempo, y en ese sentido pues mi vida continúa; pero hasta ahora nunca cuando me he juntado con mi familia ha faltado nadie. Ahora en estos días comemos mi madre, mi hermana y yo solos… y solos paseamos… y solos rezamos… y solos vemos la televisión. Noto el hueco de mi padre…

              Siento tristeza, pero no siento aflicción o depresión. Lo echo mucho de menos, pero sé que de algún modo sigue aquí. Ahora lo recordamos continuamente, los momentos malos, pero mucho más los buenos. Siento una profunda serenidad, sabiendo que hemos hecho todo lo posible, con mucho amor, por él. Me conforta también la actitud de mi madre… se le nota cansada y triste, pero fuerte y esperanzada. Nos sentimos profundamente agradecidos a todos por su cercanía en estos días. ¡Qué grande es la fe!

              Puede parecer una tontería, pero me gusta imaginar ahora a mi padre en el cielo bromeando con los ángeles y con los santos, contándoles sus cosas, sus chascarrillos, sus chistes, compartiendo con ellos su alegría, su vitalidad, su jovialidad, tal como hacía con sus amigos en este mundo.

              El otro día, en la Solemnidad de todos los Santos, justo el día después de su entierro, en la misa de los niños, les decía medio en broma medio en serio, que este año la Fiesta de los santos en el cielo tenía un gran espectáculo: mi padre, al que habían contratado para animar aún más el cotarro.

              Así que vivo estos días con un punto de tristeza, pero con mucha serenidad y esperanza, sabiendo que mi padre ha muerto en el Señor, rezando, con los sacramentos y con los auxilios de la Iglesia, en paz. Y si además creemos en la comunión de los santos, sé que estamos unidos, y que la muerte no rompe ese amor.

              No. Los cristianos no nos afligimos como los hombres que no tienen esperanza (1 Tes 4,13). ¡Cuánta paz queda a los que amamos al Señor y esperamos la Resurrección!

                 El viernes, 30 de octubre a las 12:45 h. fallecía en Martos mi padre Aurelio López Garzón digna y religiosamente, tras una grave enfermedad de tres meses. Ayer sábado le dábamos cristiana sepultura en mi pueblo de Torres. Han sido momentos realmente emotivos para mí y mi familia. Durante su enfermedad ha necesitado nuestra continua atención y ese ha sido el motivo principal del parón del blog en estos meses. En los pocos artículos de este tiempo podréis leer entre líneas mis sentimientos.

                 Ayer, al final de la hermosa celebración de sus exequias en Torres, me pidieron unas pequeñas palabras que improvisé sobre la marcha. Es difícil reproducirlas tal cual, pero en el artículo siguiente intento hacerlo. Las dije con toda emoción y con el corazón en la mano… y como digo al final… a todos, especialmente a mis amigos de Martos, muchas gracias….

*  *  *

 

                 Acabamos de celebrar con gran esperanza la Eucaristía. La Eucaristía es siempre acción de gracias a Dios Padre por Jesucristo el Señor. Os puedo asegurar que durante esta celebración y durante estos últimos meses no he hecho otra cosa que darle gracias a Dios por el don de la vida de mi padre, sus sesenta y seis años, y –aunque pueda resultar extraño– por su enfermedad y el modo de su muerte. Gracias a Dios, que sabe hacer las cosas bien, aunque a veces a nosotros no entendamos sus caminos y nos duelan. Gracias a Dios porque mi padre ha muerte en él: “!Dichosos los que mueren en el Señor!” dice la Escritura y nos los ha recordado nuestro obispo en su homilía. Gracias a Dios porque en estos días a mi familia y a mí no nos ha faltado su consuelo y su fortaleza.

                 Durante estos tres meses de dura enfermedad mi padre me ha dado unas enormes lecciones de humanidad y fortaleza en unas ocasiones, de debilidad y de fe en otras. Entre las muchas cosas que nos ha dicho quiero destacar dos consejos que guardaré siempre en mi alma: el primero, no tener miedo a nada, ser fuertes y valientes en todo; el segundo, –y fueron sus ultimas palabras para mí la noche anterior a su muerte–, ser buenas personas, es lo que más vale.

                 Quiero dar las gracias a todos los que nos habéis acompañado en estos momentos y durante toda la enfermedad.

-    Gracias nuestro obispo D. Ramón, por su seguimiento de la enfermedad, por su presencia y por sus palabras de aliento y apoyo.

-    Gracias estos hermanos sacerdotes, tan numerosos en esta celebración a pesar de ser sábado y ser un día de actividades en las parroquias, gracias todos los que no han podido venir y se han disculpado. Me siento realmente emocionado. De una forma especial dar las gracias a los sacerdotes que han pasado por esta parroquia de Torres: creo que casi todos habéis gozado del aprecio y la amistad de mi padre, además de tantos otros. Gracias a D. Alfonso por la preparación de esta bellísima celebración, y a mis compañeros de Martos de los que tanta ayuda he tenido estos días.

-    Gracias al equipo médico de Hospital Médico-Quirurgico de Jaén y a los del Centro de Salud de Martos por sus cuidados, por su humanidad y su profesionalidad durante la enfermedad de mi padre, a pesar de las carencias del sistema.

-    Gracias a todos los que habéis venido esta tarde a la celebración: a mis paisanos, tan queridos, de Torres, ya vengo muy poco por el pueblo pero siempre os llevo en mi alma. A mis antiguos feligreses y amigos de Villacarrillo, de La Guardia de Jaén, de Andújar o de Martos. Habéis demostrado un autentico y sincero aprecio por mi persona y por mi familia, y sobre todo por mi padre, porque en todos esos lugares mi padre ha dejado muy buenos amigos. Gracias a las personas que habéis venido de otros lugares de la provincia y de España, y a los que no pudiendo venir han disculpado con tanta caridad su ausencia.

-    Y gracias, sobre todo, a mi madre y hermana, que durante estos tres meses de enfermedad no habéis dejado un momento de atender y sentir y amar a mi padre. A todos ¡GRACIAS!

Y por último, y recordando a mi padre: no tengamos miedo nunca y seamos buenas personas. Dios os lo pague.