“Yo soy la verdadera vid”. Así comienzan las palabras de Jesús que se proclaman en este quinto domingo de Pascua, y que nos recuerdan la íntima relación de unión y amor que existe entre Cristo y sus discípulos. Este es uno de los pasajes más bellos y significativos del evangelio, y fue pronunciado según san Juan en la noche de la entrega del Señor, y por tanto tienen una importancia muy especial.
Las palabras de Jesús se fijan en la imagen de la vid y su vástago, -que es el sarmiento-, y en el trabajo del viñador, que Jesús va a referir al Padre. Igual que el viñador tiene un cuidado exquisito por la viña y por la vid, tal como describieron los profetas del AT, así Dios cuida del nuevo pueblo de Dios que es la Iglesia, -que somos nosotros-.
El sarmiento que no da fruto es arrancado y el que da fruto es podado para que dé más fruto. Hace referencia Jesús con estas palabras a nuestra vida cristiana que en tantas ocasiones queda infecunda y se pierde y a esas otras ocasiones que necesitamos cortar en nosotros ataduras y vicios que impiden nuestro crecimiento espiritual y cristiano. Jesús nos habla en este evangelio de crecer y madurar en la fe y ello sólo es posible si estamos íntimamente unidos a él. Sin él no podemos hacer nada, de ahí la necesidad de estar unidos a él, como el sarmiento a la vid, para dar fruto en la vida. De Cristo recibimos la savia de la gracia para la vida nueva que necesitamos desarrollar. De ahí la invitación continua de Jesús en este evangelio a permanecer unidos a él como el sarmiento a la vid.
Esa unión con Cristo hace que nuestra vida sea fructífera y que se convierta en una verdadera ofrenda a la gloria de Dios: “Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante”. Los cristianos en el momento actual debemos considerar en cuánto nos enriquece la fe no sólo para nuestro apostolado, sino también en nuestra vida ordinaria y en nuestras relaciones con nosotros mismos, con nuestra familia, con los demás. Ser discípulos de Jesús significa no solo seguirle, sino estar íntimamente unidos a él y dar frutos de amor y santidad. Es verdad que esto muchas veces nos cuesta y que vivimos y nos conformamos con los mínimos. Este evangelio nos recuerda la necesidad de dar fruto, de sacar de nosotros los mejor de nosotros mismos, que en definitiva es un don de Dios, y darle lustre y brillo. No nos podemos conformar con la mediocridad sino que en todo debemos aspirar a la santidad, para eso tenemos la savia de la gracia por nuestra unión con Cristo. Cada uno de nosotros debe considerar las acciones que desarrolla en la iglesia y en el mundo para dejar auténtica huella de nuestro paso. No rendirnos al fracaso o al miedo, sino levantarnos y continuamente sentirnos cogidos de la mano del Señor y animados por su Espíritu. Sin él no podemos, pero con él, permaneciendo en su palabra sí: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará”.
¿Cómo podemos unirnos más a Cristo? ¿Cómo permanecer en él? ¿Cómo dar fruto abundante? Jesucristo no se puede convertir en un ausente o en una referencia lejana. Debemos hacer más piadosa y auténtica nuestra vida por medio de la caridad, de la evangelización y de la liturgia. Debemos saber que amando a todos, pero muy especialmente a los últimos, encontraremos el rostro de Cristo. Evangelizando a los demás, caeremos en la cuenta de que nosotros mismos somos evangelizados, porque como decía el querido Juan Pablo II la fe se fortalece dándola. Y sobre todo en la liturgia, en la oración, en la escucha atenta y amorosa de la Palabra, en la celebración de los sacramentos y muy especialmente en la celebración de la Eucaristía, tenemos la fuente de la gracia donde podemos beber y alimentarnos para hacernos uno con el Señor Jesús.
Vivir unidos a Cristo, como el sarmiento a la vid, supone celebrar la eucaristía y comulgar de su Palabra y de su Cuerpo. La vid es también un símbolo precioso de la Eucaristía. Es ahí donde nos alimentamos y crecemos; donde nos unimos en comunidad y amor. Ahora que estamos celebrando la Eucaristía, debemos caer en la cuenta del inmenso amor que Cristo pone en nuestros corazones y de la posibilidad de establecer vasos comunicantes con el Señor para nuestro crecimiento y madurez cristianos. Que así sea.
Mayo 10, 2009 at 12:23 am
Ahora que Su Santidad el Papa Benedicto XVI vuelve a las primeras páginas de los periódicos nacionales e internacionales, y puesto que en este blog hay una sección dedicada al mismo, que por cierto esta algo abandonada, necesito que tú como mi pastor me des respuesta a estas dudas.
¿Actúa correctamente Benedicto XVI con la orden del levantamiento de excomunión al obispo británico Richard Williamson, quien niega el holocausto? ¿no existió el holocausto?
Mayo 10, 2009 at 9:45 am
querido asistente puedes encontrar la respuesta a tus preguntas en la MAGNÍFICA carta que el mismo Santo Padre ha remitido a los obispos del mundo sobre es asunto. La puedes encontrar pinchando aqui:
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2009/documents/hf_ben-xvi_let_20090310_remissione-scomunica_sp.html
Quiero además aprovechar para manifestar una vez más mi comunión y mi adhesión total y firme a Benedicto XVI, sucesor de Pedro.
Mayo 10, 2009 at 5:13 pm
Bonito evangelio el de este domingo,Vde Pascua,hoy han hecho muchos niños su primera comunion, Dios quiera que estos niños sean siempre buenos sarmientos,unidos a esta maravillosa Vid.
Mayo 11, 2009 at 7:22 pm
Agradezco, tanto que ésta vez si tenga respuesta como la misma respuesta en sí pues, quien mejor que las mismas palabras del Santo Padre para resolver mis dudas sobre su comportamiento, que por supuesto y para alejar malentendidos, estaba seguro que sus buenas razones tendría.
De haber entendido bien los documentos a los que me enviaste, ahora me queda una nueva duda: la excomunión es el castigo provocado por el nombramiento como Obispos a cuatro miembros de una congregación no eclesiástica. Al no ser reconocida por nuestra iglesia, no podrán ejercer como tales ministros de la misma, pero, ¿porqué cuando su santidad tiene que referirse a ellos, los llama Obispos, si no los reconoce? (“La remisión de la excomunión tiende al mismo fin al que sirve la sanción: invitar una vez más a los cuatro Obispos al retorno.”)
Mayo 11, 2009 at 10:04 pm
Muy sencillo, querido asistente: porque la ordenación de estas cuatro personas era “válida pero no lícita”. Así que realmente son obispos, aunque en el momento mismo de su ordenación Lefèvre y ellos incurrieron en excomunión por no estar autorizadas dichas ordenaciones por S.S. Juan Pablo II. A día de hoy la pena de excomunión ha sido levantada, pero eso no significa que estén en comunión plena con la Iglesia Católica, puesto que no aceptan el Magisterio del Concilio Vaticano II ni el posterior, así que no pueden actuar en nombre de la Iglesia católica, aunque sí sean obispos. Una cosa es la validez y otra distinta la licitud. La Ordenación fue válida, pero no lícita.
El mismo papa explica ambas decisiones: fueron excomulgados con razón por la gravedad de su falta (la pena de excomunión fue para hacerles caer en la cuenta de la gravedad del asunto y pedirles su arrepentimiento y reconciliación con la Iglesia). Ahora el papa les levanta la excomunión (aun reconociendo el error por el procedimiento y por las consecuencias posteriores), por la situación dolorosa que la misma les habia provocado y para facilitarles el retorno a la Iglesia, siempre y cuando reconozcan su error y acojan el Magisterio Conciliar y Pontificio (cosa que desgraciadamente aún no han hecho).
En este detalle, y en la lectura atenta de dicha Carta papal se puede apreciar la grandeza y la magnanimidad de Benedicto XVI. Por cierto la última parte de la carta es bellísima y profundísima, ¿no crees? Benedicto XVI ha actuado aqui como el Padre el hijo pródigo, aunque tanta generosidad no se haya visto correspondida… desgraciadamente. Muchas gracias.
Mayo 12, 2009 at 1:47 am
Sí que lo creo querido párroco. Profundo, profundísimo, y bello, bellísimo, todo lo que expone la última parte de la carta papal, además la actual peregrinación a tierra santa lo corrobora todo.
Me hubiese gustado, y de hecho así lo creía, que llamarles obispos sin ser legítimamente ordenados correspondía a un pequeño error de escritura. Pues por más que lo intento, se me indigesta que una persona que niega el holocausto haya podido ser nombrado obispo de mi iglesia, ni tan siquiera sacerdote, y no me lo tomes como menospreciaros puesto que lo digo por todo lo contrario.
Seguramente, al menos eso quiero creer, no será autorizado por su santidad mientras no se retracte, algo que parece no estar dispuesto por el momento, y que aunque solo fuese por condescendencia, viendo primero la mano tendida por su santidad y el daño que le está causando a la iglesia, debería haber hecho ya. ¿No crees?
Mayo 17, 2009 at 11:55 am
Por fin “señales de vida” en este lugar. Cinco días sin actualizarlo es mucho tiempo, más aún cuando ves que las últimas entradas están hechas muy seguidas. Estuve preocupado, llegué a pensar que algo iba mal, quizás tu salud, no se, algo. Me alegra comprobar que todo va perfectamente.
Por otra parte me entristece saber que quién debería ser mi pastor no me guía. Vayamos por partes para explicar la rotundidad de la frase anterior. Tener un blog y permitir a los lectores hacer comentarios tiene su riesgo, y no lo digo solo porque pueden ser comentarios de mal gusto, para eso ya pusiste algunos medios, lo digo porque habrá gente que no escribirá solo para alagarte, es más, y es mi parecer, la mayoría sólo escribirá para criticar o hacerte preguntas, algunas de las cuales pueden resultarte comprometidas.
La otra parte puede tener unión con la anterior, y se refiere a tu condición de pastor, incluso hace pocas semanas que te enorgullecías pronunciando esas palabras en la homilía. Como pastor debes guiar a tu rebaño, debes estar dispuesto y presto para disipar dudas, corregir errores, etc. En fin, todo lo que conlleva ser el pastor espiritual de un rebaño más o menos extenso, y del que se que te sientes, al menos el hábito te obliga a ello. Y no quiero olvidarme de lo que considero más importante, tener siempre una respuesta para todo, siempre respetada aunque algunas veces no sea compartida.
He querido pronunciarme así en este mi último comentario después de haber meditado bastante el cómo hacerlo, pues no está en mi ánimo el herirte de ninguna de las maneras, pero sí me gustaría que te ayudase aunque solo sea a replantearte si realmente quieres mantener los comentarios en tu blog, y de paso reflexionar si estás dispuesto a contestarlos a todos. ¿Qué sentido tienen sino en un blog personal?
Te deseo el mayor de los éxitos en todo cuanto emprendas. Muchas gracias por todo. Siento haberme equivocado de sitio y de persona.
Por cierto, enhorabuena por el éxito de la cata de este fin de semana.
P.D. El mismo santo padre ha contestado ya, durante su peregrinación a tierra santa, a mi cuestión anterior, pero me hubiera gustado saber antes tu opinión al respecto.
Mayo 17, 2009 at 10:06 pm
Querido asistente: gracias por tus comentarios (tanto aquellos en los que sacas parabienes y tambien por aquellos en los que haces una sana crítica). Ciertamente el blog está ultimamente un poco dejado por motivos de falta de tiempo. Como comprenderás no es fácil hacer un post casi todos los días y dependo en buena medida del ritmo de otras cosas.
El blog tampoco es una panacea; está para lo que está y tiene sus limitaciones. De todas formas te invito a que pases un dia por la parroquia y charlemos amigablemente… Saludos.