- Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos

- Que por tu santa Pascua has redimido al mundo

 

Del Libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-4)

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos. De repente vino del cielo un ruido, como de viento huracanado, que llenó toda la casa donde se alojaban. Aparecieron lenguas como de fuego, repartidas y posadas sobre cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, según el Espíritu Santo les permitía expresarse”

 

Meditación

El don del Espíritu Santo es el mayor de tus regalos, Señor. En alguna ocasión nos dijiste que el Padre lo daría a quien pidiese con fe. Ahora cumples tu promesa y tu Espíritu, tu viento fuerte, todo lo renueva, lo rejuvenece, lo embellece, lo recrea. Aquellos discípulos desde ese momento tienen un misión y una fuerza muy especial que los capacita para ser testigos tuyos en el mundo. Hablan todas las lenguas, porque a todos los hombres debe llegar tu evangelio. Tu Espíritu nos hace libres: él sopla donde quiere y como quiere; cuando nos dejamos llevar por él, y sólo por él, la libertad, la vida, la alegría toman otro color. Con Pentecostés, Señor, comienza el tiempo de tu Iglesia, nuestro tiempo, en el que llenos y fortalecidos como tus apóstoles, somos tus enviados. Oh, Señor, envía tu Espíritu y seremos creados y renovarás la faz de la tierra

 

¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! – ¡Con su cruz a todos ha salvado!

Padre nuestro…

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…