A estas horas de la noche estoy tumbado en la cama entre almohadones que sujetan mi cuerpo. Una faja me oprime todo el vientre sujetando la zona lumbar, abajo una manta eléctrica a la que acabo de rebajar la potencia porque ya me arde todo el cuerpo y estaba sudando. Las piernas encogidas y apoyadas en más almohadones. Sobre las mismas una manta que soporta el ordenador portátil, ligeramente inclinado para poder ver la pantalla y escribir lo que estáis leyendo. Todo esto viene por un mandato médico de guardar unos días de reposo absoluto para paliar los fuertes dolores que me han provocado mis dos pequeñas hernias discales en la L-5 y en la S-1, que desde el martes me están fastidiando un poquito.

Gracias a Dios, ya hoy me encuentro bastante mejor, ya hasta ando derecho en el ratito que me he levantado, y no creo que falte a mis compromisos y trabajos este fin de semana: varios bautizos, misas y dos pequeñas charlas a unos grupos de matrimonios en Jaén y Sabiote. Así me he pasado la semana de Pascua.

Pero no tengo nada más que motivos de darle gracias a Dios: por mis dolores, por mi vulnerabilidad y, sobre todo, por mi familia y mi comunidad. A veces uno se cree imprescindible y considera que si no está presente en todo las cosas no saldrán adelante. Y no es así. Gracias a Dios, el Señor de vez en cuando nos llama la atención para que aprendamos un poco de humildad y sencillez y recordemos que él actúa más allá de nuestros empeños.

¡Es verdad! Mi familia y mi Comunidad. El miércoles, nada más llamar a mi madre por teléfono se presentaron al poco tiempo para asistirme. Mis padres y mi hermana han dispuesto toda la casa. Me asean, me colocan las sábanas, las mantas y toda la parafernalia esta, me visten porque con mis brazos no llego a los pies, y hasta en una ocasión me han dado de comer en la misma cama. Reconozco que soy un mal enfermo: a veces no me gusta molestar e intento hacer las cosas yo solo aun sin poder, y otras me aprovecho de la situación para darme unas pequeñas licencias. Pero ¡qué bien lo están haciendo mis padres!

¡Mi comunidad! ¡Qué grande! Nada más llamar a mis hermanos sacerdotes y a Antonio y Manolo ellos lo dispusieron todo: D. Francisco celebró el entierro del miércoles por la mañana, D. José la Misa de la tarde, y eso con su pierna mala, y porque D. Francisco Pérez le sustituía a él en San Juan de Dios; el jueves fue el revés; y hoy viernes D. Francisco de nuevo la misa de la tarde. El fin de semana está previsto, que si me encuentro mejor, D. Pedro Martos diga las misas de la tarde, y yo me encargaré del resto -Dios mediante-. Los PP. Franciscanos interesándose por mi estado y prestándose en los que sea necesario ¡Qué grande la fraternidad cuando es real y efectiva!

Pero a quien de veras debo darle las gracias es a los seglares, y son muchos: están en todo, no falta un detalle. Carlos y Maricarmen llevándome al médico y preocupándose continuamente de mí; mis abuelas de Vida Ascendente rezando por mi recuperación y a buen seguro que lo han conseguido; los de liturgia preparándolo todo para que no falte un detalle. Los de Cáritas con su trabajo y su testimonio habitual, tan necesario en estos tiempos de crisis. Los catequistas no tanto porque esta semana tenían todos vacaciones por Pascua (pero muchos –los que se han enterado- han llamado por teléfono e incluso alguno ha venido a visitarme). Y sobre todo Manolo, Antonio y María Jesús ocupándose de abrir y cerrar, atender las visitas, preparar las misas y celebraciones, la limpieza y el orden… ¡¡Dios os lo pague!!

Tengo una enorme satisfacción y alegría,-¡bien lo sabe Dios!-, por todos vosotros, porque realmente sois el alma de la parroquia, y en las duras y en las maduras estáis ahí y sois un auténtico canal por donde pasa la gracia de Dios para vosotros y para toda la comunidad. Estos días se cumplía en La Asunción lo que escucharemos en la primera lectura de este domingo de pascua. Sé que no se ha notado mi ausencia estos días y esa es la mejor noticia para la parroquia.

Yo por mi parte he aprovechado para descansar, rezar, leer un poco, ver la tele, empezar el vía lucis de este año… Gracias a Dios no me he aburrido en absoluto, y hasta puedo decir que a pesar de los dolores han sido unos días bellos, en los que he gozado de una forma muy especial de la presencia del Señor Resucitado a mi lado y en mi Parroquia. Eso es lo más grande. ¡Gracias! ¡Os quiero!