Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Del Evangelio según san Lucas

Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús se volvió a ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron! Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Sepultadnos! Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?» Llevaban además a otros dos malhechores para ejecutarlos con él.

 

Oración

Te seguían algunas mujeres lamentándose por ti, pero ya no podían hacer nada, salvo mostrar compasión como aquella Verónica de la que nos habla la tradición. En todas esas mujeres contemplamos la cercanía y la solidaridad, aun en medio de la imposibilidad de hacer nada. Tú te diriges a ellas con dulzura, agradecido por su gesto, y les dices unas palabras misteriosas que aun hoy se nos hacen difíciles de entender… no llorar por ti, llorar por nosotros mismos, mostrar nuestro amor, nuestra cercanía, nuestra solicitud por los que sufren la cruz de nuestros días. Aún en tu dolor te sigues fijando en el sufrimiento de los demás. Qué mejor consuelo para nosotros que tenerte por defensor nuestro…

Señor, ten piedad… y Padre nuestro…