Acabo de llegar del Teatro Álvarez Alonso de escuchar el Pregón de Semana Santa de D. Manuel Higueras Ávila. Ha sido un gran pregón, un magnífico pregón. Correcto y elegante en las formas, bellísimo en lo literario; y riquísimo, coherente y denso en el contenido, yo diría incluso “profético”. Yo que he hecho alguno que otro sé que no es fácil compaginar y ser equilibrado entre lo estético y lo ético. Tú lo has conseguido ¡Gracias Manuel! No te conozco personalmente, pero hoy he sacado en conclusión que eres un gran hombre de firmes convicciones cristianas, de fe profunda, de principios sólidos, de orgullo marteño… y además… valiente. Muchas gracias. Has descubierto perfectamente dónde está Jesús, y nos has invitado a buscarlo. Enhorabuena a los que te han acompañado, a tu “hermano” Javi Martos, a la flauta, a la guitarra y al cantaor. ¡Geniales! Mi felicitación al Consejo General de Cofradías de Martos por la elección de pregonero. Y a ti, Manuel, ¡enhorabuena!. Lo has clavado.
Marzo 2009
Marzo 28, 2009
Marzo 28, 2009
HOMILÍA DEL DOMINGO 5 de CUARESMA (B). GRANO QUE CAE Y MUERE Y DA MUCHO FRUTO
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Estamos ya, queridos hermanos en el quinto domingo de la cuaresma. Nos disponemos a celebrar en breve los misterios fundamentales de nuestra fe: la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús: la fiesta de todas las fiestas. La importancia de estas celebraciones radica en que celebraremos la hora de Jesús, la alianza nueva y plena de Dios con nosotros.
1. Hemos escuchado en el Evangelio: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre”. En el evangelio de san Juan la hora tiene una importancia enorme. Hace referencia al momento culmen de la vida y de la misión de Jesús entre nosotros. Durante toda su vida Jesús ha ido preparando y anunciando esa hora, refiriéndose a su muerte y resurrección. Él había sido enviado al mundo para nuestra salvación a través de su sacrificio redentor. Pues bien, por fin esa hora ha llegado. Él lo sabe y lo afronta.
En este evangelio podemos descubrir los sentimientos de Jesús ante su Pasión y Muerte. Como cualquier hombre siente miedo y pavor. Le gustaría no tener que pasar por ese trago amargo y así lo pidió en el huerto de los olivos. En este evangelio ese pavor queda muy difuminado: “Padre, líbrame de esta hora”. En la segunda lectura tomada de la carta a los Hebreos se nos dice que Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Sí, hermanos, Cristo sintió miedo y angustia; y precisamente por eso entiende nuestros miedos y nuestras angustias. A él nos podemos acoger confiadamente en nuestras cruces de cada día. Quizás no nos libre de las mismas, pero -cogidos de su mano- podremos pasar por cañadas oscuras sin temer nada, porque él va con nosotros: su vara y su cayado nos sosiegan (cf. Sal 23).
Pero además de miedo, -y superándolo definitivamente-, Jesús tiene una alta conciencia de su misión y una fe profunda en que su sacrificio será eficaz para nuestra salvación. En el evangelio él pone la hermosa comparación del grano de trigo que cae en tierra y muere y que así dará mucho fruto. Después lo especificará con palabras que aún a nosotros se nos hacen duras: El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. Esa es la convicción y la fe del Señor ante su propia muerte. Por eso se entrega obediente.
Fruto de esa entrega generosa será la glorificación de Dios y su propia glorificación como Hijo. El evangelio, con esta inmersión en la mente y en la psicología de Jesús nos da una alta lección acerca del amor de Jesús y de su fortaleza interior, animado en una fe inquebrantable. Ojalá nosotros supiésemos afrontar nuestras cruces con el mismo tesón y la misma fe, sabiendo que Dios siempre sacará algo bueno de nuestra obediencia.
2. Para nosotros, la hora de la pasión y muerte de Jesús -que en breve recordaremos-, supondrá redención y salvación. Lo hemos escuchado en la segunda lectura: Jesús “llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna”. Así, -con su sangre-, ha establecido la alianza nueva y eterna de la que nos hablaba Jeremías en la primera lectura. Una alianza definitiva entre Dios y la humanidad, que ya nada podrá romper, una alianza sellada con su sangre, que precisamente porque es la sangre del Hijo, ya tiene un valor eterno. Nosotros participamos de esa alianza por el bautismo y por la eucaristía, los dos sacramentos que manaron del costado abierto de Cristo en la Cruz.
Pero toda Alianza debe ser un acto que comprometa a las dos partes. Por parte de Dios la nueva Alianza consiste en que, por la muerte y resurrección de Cristo, Dios nos ha dado el perdón de los pecados y la adopción filial –esa es la verdadera salvación-; por parte nuestra, lo que se nos exige es la fe y la renuncia al mal, metiendo esa ley nueva en nuestro pecho y en nuestro corazón, convirtiendo a Dios en nuestro Dios y a nosotros en su pueblo querido, como hemos escuchado en la primera lectura.
Celebramos la Eucaristía; aquí comulgamos de la sangre de la alianza nueva y eterna. Sintámonos atraídos en nuestras almas por la enorme belleza y el profundo significado del Misterio Pascual que vamos a celebrar y que las palabras del Señor al final del Evangelio sean realmente significativas para todos nosotros en estos días santos que se aproximan: “Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí”. Que así sea.
Marzo 25, 2009
JORNADA POR LA VIDA. EN LA SOLEMNIDAD DE LA ENCARNACIÓN DEL SEÑOR.
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Celebramos hoy, 25 de marzo, una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico, aunque, por el hecho de estar en medio del tiempo de Cuaresma y por no ser fiesta laboral, puede pasar desapercibida entre nosotros: la Anunciación del Señor, o lo que es lo mismo, la Encarnación del Hijo de Dios, depende del prisma con que se mire. Hoy ponemos nuestra mirada agradecida en uno de los centros de la elipse de nuestra fe (el otro es el Misterio Pascual): “Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”:
Qué bellamente expresa san Juan en el prólogo de su primera carta el sentido que tiene para nosotros la Encarnación del Hijo de Dios que celebramos: “…la vida se hizo visible, nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó”. En definitiva, la Encarnación es la manifestación del amor de Dios, de la vida, que se nos hace presente en medio de nosotros, para compartir nuestra propia vida, para que nosotros compartamos su vida. La Encarnación supone que nosotros podemos experimentar tangiblemente al mismo Dios tal como es (lo que hemos oído, lo que hemos visto, lo que contemplamos y palparon nuestras manos…).
Precisamente por todas estas razones la Iglesia celebra ya desde hace varios años en este día la Jornada por la Vida. Este año tiene además una relevancia especial. Contemplamos la disponibilidad de la Virgen María al amor y a la vida a pesar de las muchas dificultades que se le presentaban. Con su sí nos enseña a nosotros a decir sí a la vida sin condiciones, con todo el corazón. Pidamos al Señor, que entendiendo la alegría de este mensaje todos nosotros nos convirtamos en apóstoles de la vida. Os invito a todos a que, siguiendo el ejemplo de muchas cofradías, mostremos en estos días nuestra adhesión a la vida portando en nuestras solapas el lazo blanco, y sobre todo orando para que el Señor cambie nuestro corazón y el de nuestros gobernantes a favor del gran regalo de la vida.
Oh Cristo, pan vivo bajado del cielo,
te adoramos y te glorificamos,
pues sabemos que, sin importar lo poderosa que sea la muerte,
podemos encontrar en Ti la fuente de vida eterna.
Escucha nuestra oración
y haznos apóstoles intrépidos del Evangelio de la Vida,
para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria del Dios Creador
y amante de la vida.
Tú, que vives y reinas, por los siglos de los siglos.
Marzo 25, 2009
Proteger la vida de quienes van a nacer y ayudar a las madres
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1. La Iglesia es «el pueblo de la vida y para la vida»[1]
La vida de cada persona, con toda su integridad y dignidad, está en el corazón del ser y de la misión de la Iglesia, ya que hemos sido creados por el amor de Dios: «antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes de que nacieses, te tenía consagrado» (Jr 1, 5), y hemos sido redimidos por la sangre de Aquel que es, «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6). Jesucristo ha venido a nuestro encuentro para que los hombres «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). Aquí radica el núcleo principal de la misión pastoral de la Iglesia orientada a que la vida terrena de todo hombre alcance su plenitud, participando en la comunión con Dios Padre, acogiendo la vida nueva otorgada por Jesucristo en virtud del don del Espíritu Santo. De esta manera, somos el pueblo llamado a custodiar, anunciar y celebrar el Evangelio de la vida.
Son muchos los esposos que, con generosa responsabilidad, reciben los hijos como el don más precioso del matrimonio. Muchas familias que en virtud de una clara opción por la vida, acogen a niños abandonados, a muchachos y jóvenes con dificultades, a discapacitados y a ancianos que viven solos. Numerosos grupos de voluntarios se dedican a dar hospitalidad a quienes no tienen familia. La Iglesia, siguiendo el ejemplo de Jesús, buen samaritano, siempre ha estado en la vanguardia de la caridad efectiva.
Junto a estos hechos esperanzadores, constatamos la negación de la dignidad propia de la persona humana, desde su concepción hasta su muerte natural, por parte de aquellos que defienden la despenalización del aborto o de la eutanasia.
Tenemos que afirmar una vez más que «toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia, afecta al núcleo de su fe»[2]. En este sentido, con profundo dolor, contemplamos cómo esta amenaza a la vida se intensifica en nuestro país ante la anunciada reforma de la ley del aborto, y por eso nos urge «hacer llegar el Evangelio de la vida al corazón de cada hombre y mujer e introducirlo en lo más recóndito de toda la sociedad»[3].
2. La verdadera justicia: proteger la vida de quienes van a nacer y ayudar a las madres
En nuestra sociedad se va asumiendo una grave deformación de la verdad en lo que respecta al aborto, que es presentado como una elección justa de la mujer destinada a solucionar un grave problema que le afecta de manera dramática. Se llega incluso a incluir el aborto dentro de los llamados «derechos a la salud reproductiva». Sin embargo, la auténtica justicia pasa por la custodia del niño que va a nacer y el apoyo integral a la mujer para que pueda superar las dificultades y dar a luz a su hijo.
Esta situación va a acompañada de una evidente paradoja: cada vez es mayor la sensibilidad en nuestra sociedad sobre la necesidad de proteger los embriones de distintas especies animales. Existen leyes que tutelan la vida de estas especies en sus primeras fases de desarrollo. Sin embargo, la vida de la persona humana que va a nacer es objeto de una desprotección cada vez mayor.
a). El derecho del niño
El derecho primero y más fundamental es el derecho a la vida. La mal llamada interrupción voluntaria de la vida del niño en sus primeras fases de desarrollo supone una clara injusticia y una grave violación de los derechos fundamentales de la persona[4].
Esta violación del derecho fundamental del niño a la vida está revestida de un especial dramatismo ante el hecho de que los que atentan contra el ser más indefenso e inocente o lo dejan desamparado «son precisamente aquellos que tienen el encargo sagrado de su protección: la madre, el médico y el Estado»[5]. En este sentido, la ley positiva que deja desprotegido un derecho fundamental de la persona es una ley injusta[6].
b). Defensa de la mujer y de la sociedad
Son muchas las personas que han asumido las falsedades divulgadas sobre el aborto hasta el punto de interpretarlo no como una acción intrínsecamente mala, sino como un bien que hay que defender o, a lo sumo, como un mal menor que hay que aceptar.
A este engaño contribuye no sólo la manipulación del lenguaje, sino, de una manera muy directa, la presentación del aborto como solución liberadora ante una situación dramática.
La realidad no es así. El hecho cierto, que casi siempre se oculta, es que el aborto produce una grave herida en la madre, sobre todo de carácter psicológico y moral, de tal manera que la mujer se constituye en víctima directa del aborto.
La defensa de la mujer no pasa por ofrecerle ayudas técnicas y económicas para abortar, ya que lejos de aliviar su situación, el aborto la agrava de una manera enormemente dolorosa: acaso «¿se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas?» (Is 49, 15). Por eso, la verdadera justicia pasa por la ayuda eficaz e integral a la mujer embarazada para que pueda acoger la vida de su hijo.
En esta tarea está comprometida toda la sociedad, afectada en sus mismas raíces por el drama del aborto, siendo necesario un compromiso político y legislativo para prevenir las causas del aborto y ofrecer a las mujeres todas las ayudas necesarias para llevar adelante su embarazo[7].
3. Una misión urgente: anunciar el Evangelio de la Vida
Toda persona humana «es mucho más que una singular coincidencia de informaciones genéticas que le son transmitidas por sus padres. La procreación de un hombre no podrá reducirse nunca a una mera reproducción de un nuevo individuo de la especie humana, como sucede con un animal. Cada vez que aparece una persona se trata siempre de una nueva creación»[8]. Estamos ante verdades que están iluminadas por la fe pero que son accesibles a la recta razón: «todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón (cf. Rm 2, 14-15) el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término»[9].
Sin embargo, en no pocos de nuestros contemporáneos, esta luz de la razón se halla debilitada en un tema tan fundamental como el aborto. Por eso a quienes formamos el pueblo de la vida y para la vida nos urge la misión de iluminar las conciencias con la verdad, en todo su esplendor.
Esta es la razón por la que hemos dedicado el año 2009 a elevar una gran oración de súplica al Señor de la Vida a través de los materiales que se han enviado a las parroquias, monasterios de vida contemplativa, movimientos de apostolado seglar, etc.
Además queremos invitar a los miembros de la Iglesia a intensificar el trabajo de formación de las conciencias en lo que respecta al drama del aborto. Para facilitar esta labor formativa se han elaborado también unos materiales de ayuda a los que conviene dar la mayor difusión posible.
Por último, deseamos pedir a los creyentes un compromiso activo con todas las asociaciones eclesiales que tienen como fin la defensa de la familia y de la vida y que, gracias a Dios, cada vez son más numerosas en nuestro país. La causa de la vida humana nos pide colaborar también con todos los que trabajan en su defensa, que son también cada vez más. Con nuestro testimonio y apoyo queremos dar esperanza a las madres y a los padres que tienen dificultades para acoger a sus hijos. En la Iglesia han de encontrar el hogar en el que se descubren cuidados y donde pueden recibir las ayudas que necesitan.
Confiamos a nuestra Señora, Madre de los vivientes, los frutos de este año dedicado a la oración y a un mayor trabajo de formación y de compromiso activo en favor de las vidas humanas que van a nacer. Que ella nos ayude a vivir como «hijos de la luz» (Ef 5,
siendo constructores de una auténtica cultura de la vida.
Con nuestra bendición y afecto:
+ Mons. Julián Barrio Barrio
Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar
+ Mons. Juan Antonio Reig Pla,
Presidente de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida
+ Mons. Francisco Gil Hellín
+ Mons. Vicente Juan Segura
+ Mons. Manuel Sánchez Monge
+ Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa
+ Mons. Gerardo Melgar Viciosa
Marzo 23, 2009
VIA CRUCIS 2009. (Completo. PDF)
Posted by Facundo under La vida de una Parroquia, Meditaciones, Via Crucis 2009[6] Comments
Como muchos habéis pedido el Vía Crucis completo, os lo dejo en formato PDF en el siguiente enlace. Así os será más fácil bajároslo. Espero con todo el corazón que os ayude a rezar y a meditar en los misterios fundamentales de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor. Este será el texto del Vía Crucis que realizaremos por las calles de la Parroquia con la imgane del Crucificado el próximo viernes, 27 de marzo, y al que estáis todos invitados. Un fuerte abrazo.
http://www.parroquiadelaasunciondemartos.es/pdffiles/Via%20crucis%202009.pdf
Marzo 23, 2009
VIA CRUCIS 2009. XIV. Jesús es depositado en el sepulcro
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Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del Evangelio según san Lucas
Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo, que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Se presentó a Pilato, le pidió el cuerpo de Jesús y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía. Era el día de la Preparación y apuntaba el sábado.
Las mujeres que habían venido con él desde Galilea fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo era colocado su cuerpo.
Oración
Tu última estación, -o mejor la penúltima-. Tus amigas, junto a José de Arimatea tienen esa última obra de misericordia con tu cuerpo depositándolo con respeto y amor en el sepulcro. Sus corazones rotos y en silencio. Ya no esperan nada más, sólo tener esa ultima obra de amor contigo. Apuntaba el sábado, el día del descanso para ellos y piensan que el día del descanso para ti y para siempre. Ya descansas, han terminado tus padecimientos… ahora queda el llorar y el sentir de los tuyos. Otros ríen pensando que has terminado, que has bajado y para siempre al lugar de los muertos… pero ignoran que en el sepulcro te has sembrado como el grano que cae en tierra y muere, pero que dará un fruto inmenso… Esa será la fuerza de la fe…
Señor, ten piedad… y Padre nuestro…
Marzo 22, 2009
VIA CRUCIS 2009. XIII. Jesús muere en la cruz
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Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del Evangelio según san Lucas
Era ya cerca de la hora sexta cuando se oscureció el sol y toda la tierra quedó en tinieblas hasta la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu.» Y, dicho esto, expiró.
Oración
Expiró… Y se hace silencio, y nuestra mente y nuestro corazón enmudecen… ¿Cómo puede ser? ¡Cristo ha muerto! Las tinieblas parece que nos cubren, como que la muerte al final se lleva la victoria. ¡No puede ser! ¿No eras tú el Salvador de Israel? ¿Cómo puedes morir? ¡Y morir así! ¡No es posible! Lamentos en Jerusalén…
Tus últimas palabras son la confesión de tu abandono en Dios. En sus manos has puesto tu espíritu. ¡Quizás si nosotros hiciéramos lo mismo, -poner nuestro espíritu en las manos del Padre- todo tendría una luz distinta. En tus manos, Padre, ponemos nuestro espíritu…, y nuestras vidas…, y nuestros proyectos…, y nuestros fracasos…, Tú el Dios leal, nos librarás. Silencio en Jerusalén, silencio en nuestras almas: ¡Cristo muere por ti… y por mí…
Señor, ten piedad… y Padre nuestro…
Marzo 22, 2009
VIA CRUCIS 2009. XII. Jesús en la cruz, la madre y el discípulo
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Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del Evangelio según san Juan
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
Oración
María no falta. Siempre ha estado presente de forma más o menos explícita. Ahora, en el momento culmen, no puede faltar: está junto a la cruz de Jesús. Quedan ya muy pocos, solo algunas mujeres, el discípulo amado y María. Es tu última conversación con ella, la despedida. La entregas a quien mejor puede cuidarla desde ese momento: al discípulo amado. A la vez, desde ese momento el discípulo la acogerá como madre para siempre. Gracias, Señor, por habernos dado en el último momento a tu Madre como madre nuestra. Es casi tu testamento. Permítenos acogerla en nuestra casa, en nuestras almas, en nuestros corazones para siempre como lo hizo el discípulo amado, y haz que tengamos siempre su amor y su fuerza.
Señor, ten piedad… y Padre nuestro…
Marzo 21, 2009
HOMILÍA DEL DOMINGO 4 de CUARESMA (B). TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO…
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Ya próximos a celebrar los misterios centrales de nuestra fe –la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo- los cristianos somos invitados este domingo a contemplar estos misterios santos desde la perspectiva del gran amor de nuestro Dios por todos y cada uno de nosotros. Las tres lecturas nos hablan de ese tema.
1. En la primera lectura y en el Salmo hemos recordado una serie de acontecimientos realmente trágicos en la historia de Judá en el s. VI a.C.: la infidelidad del pueblo y de los sacerdotes llegando a la desolación y la respuesta amorosa de Dios enviándoles en un primer momento a sus siervos los profetas –porque tenía compasión de su pueblo y de su morada-, dice la lectura, y tras la negativa del pueblo a la conversión y el desastre con la deportación de Babilonia, una segunda respuesta del amor de Dios que propicia un nuevo éxodo y la recuperación de la libertad. Aquella experiencia trágica de Babilonia sirvió al pueblo de lección para que cayeran en la cuenta de dónde estaba su verdadera identidad como personas y como nación. Esta lectura nos enseña a nosotros como nuestro alejamiento de Dios provoca por sí mismo la desolación en nuestras vidas y en nuestro pueblo, y como nuestro Dios, aún en medio de nuestra desolación nos sigue amando y responde con su misericordia a nuestra conversión.
2. El evangelio nos habla del mayor amor de nuestro Dios por nosotros y del gran regalo que por amor nos hace en su Hijo Jesucristo. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”. La voluntad de nuestro Dios es nuestra propia salvación. “Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. Desde esa perspectiva del amor de Dios, Juan contempla –y nosotros con él- el misterio de la muerte y resurrección de Jesús: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna”. Hace referencia el evangelio a aquel pasaje tan extraño del A.T. en el que tras el pecado de desconfianza del pueblo en el desierto unas serpientes muerden a los hebreos y muchos mueren. Pero Dios por su misericordia manda hacer un estandarte con una serpiente de bronce, así cuando una serpiente mordía a uno, el miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado” (cf. Num 21,4-9). Nosotros es mirando a Cristo Crucificado con los ojos de la fe y los deseos de conversión profunda como somos salvados de nuestro pecado. La oferta de salvación de Dios para nosotros está en Cristo Crucificado. Mirar la cruz desde la fe, la esperanza y el amor es el comienzo de nuestra vuelta a Dios.
Es eso mismo lo que nos dice también san Pablo en la segunda lectura tan clara y tan bella que apenas merece comentarios: “Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-”. A nosotros se nos pide que creamos en él; que le miremos, clavado en la cruz, que le amemos con todo el corazón. Se nos pide que, llevados de la fe, de la esperanza y de la caridad realicemos la verdad, acercándonos a la luz, para que se vea que nuestras obras están hechas según Dios, tal como hemos escuchado también en el evangelio.
3. Por último me gustaría comentar algo de gran vigencia en nuestro tiempo. Dice el evangelio: “…la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.” Es eso mismo en buena medida lo que pasa en nuestro mundo -y especialmente en nuestro país- en los últimos tiempos, y es ésta también una de las causas más profundas de la crisis actual. Caigamos en la cuenta de cómo hemos dado la vuelta a la realidad, poniendo la etiqueta de “bueno” a lo que es realmente malo; cómo hemos oscurecido la luz de los valores auténticos olvidándolos, dándolos por trasnochados; cómo hemos llamado “progreso” a lo que es desorden; cómo hemos preferido las tinieblas a la luz; y cómo, en consecuencia, todo se nos ha vuelto ahora en contra. Estamos en lo que la Biblia llama desolación, y en la actualidad decimos “crisis”. Ya no nos acercamos a la luz para no vernos descubiertos y avergonzados: tal es la confusión de nuestro tiempo que para todos los desordenes hemos buscado términos eufemísticos para no vernos descubiertos y abochornados.
¡No, hermanos! El primer y mejor servicio hoy por hoy de la Iglesia al mundo es la predicación de la Verdad, la realización de la Verdad, para acercarnos todos a la luz. Así lo ha expresado con todo amor y con toda verdad el papa Benedicto en su reciente viaje a África, del que debemos pedir a Dios los mejores frutos para nuestros hermanos más empobrecidos del mundo y para nosotros mismos.
Os recuerdo que hoy es el Día del Seminario. Oremos intensamente por las vocaciones al sacerdocio; propiciemos que entre nosotros surjan vocaciones; ayudémosles también económicamente. En la Eucaristía tenemos la presencia del Dios Vivo, Luz del mundo. Aquí está porque nos ama. Respondamos a su amor viviendo en la luz, amando y realizando la verdad. Así sea.
Marzo 20, 2009
VIA CRUCIS 2009. XI: Jesús promete su reino al buen ladrón
Posted by Facundo under Meditaciones, Via Crucis 2009Leave a Comment
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del evangelio según san Lucas
Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!» Pero el otro le increpó: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio éste nada malo ha hecho.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.» Jesús le dijo: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.»
Oración
Tú, el crucificado entre los ladrones. Pero qué actitud más distinta la de ellos aun en el mismo suplicio contigo. El uno te reta ¡¿es que siendo el mesías no tienes poder?!. El otro es consciente de su situación: está clavado en la cruz como tú, pero aun permanece libre en su corazón, en sus labios. Con el corazón se adhiere a la fe, con sus labios implora misericordia. Sabe de tu poder aún en la cruz. Nosotros igual, Señor. Conocemos personas que en su límite pierden la fe y la esperanza, y personas que en idéntica situación se acogen a ti. Te pedimos por los primeros, para que les des tu luz en su dolor; y por los segundos para que no pierdan esperanza y sigan dándonos lecciones de amor y de fe. Y también por nuestro mundo, para que tome por modelos a aquellos que realmente son modelos de fortaleza y tesón, como el buen ladrón.
Señor, ten piedad… y Padre nuestro…