Ayer estuve viendo en la tele la toma de posesión de Obama. Aparte de que no me gustan mucho las americanadas y de que todo el fasto me parecía un poco excesivo y hortera –es un gusto personal muy discutible-, sin embargo sí me gustaría hacer algunos someros comentarios:

1º. Estados Unidos sigue siendo la primera potencia mundial a nivel económico. Así que a todos nos interesa directa o indirectamente. Eso ya merece un respeto. Le deseo a Obama lo mejor por el bien del mundo.

2º. Obama es una incógnita. Ya veremos por donde sale. Así que no declaro lo que por ahora pienso, no sea que después me lo tenga que tragar. De todas formas me sorprende que despierte tantas simpatías entre nuestros progresistas. Obama será demócrata y tal, pero no deja de ser yankee y lucir con orgullo las barras y las estrellas. Me pregunto si Bush era tan malo y este tan bueno, ¿a quién empezarán a echar el sambenito de todos los males de la humanidad?

3º. El discurso. Bien. Una arenga americana, lo esperado. Pero con algunos puntos a resaltar: elegancia en las formas; arraigo en los principios y en la tradición americana –nos guste o no-; descripción auténtica de las dificultades del presente –Obama al menos no miente descaradamente-; fortaleza en la acción para el futuro apelando a la ley y a lo mejor del espíritu y de la iniciativa del pueblo americano, pidiendo a todos esfuerzo y trabajo. No es que a mí me ilusionara; pero al menos me quedé con el consuelo de que todavía hay políticos para los que ciertos principios no son discutidos ni discutibles. A ver si llega algo de ese aire fresco a la vieja y relativista Europa, pasando por España…

4º. Las referencias a Dios. Por la mañana Obama acudió a un oficio religioso en una iglesia protestante. Antes de su juramento un pastor hizo una oración por el nuevo presidente, su familia, el gobierno y el pueblo americano. Fíjate, ¡en el país más cosmopolita y pluricultural y multireligioso del mundo un pastor protestante haciendo votos y oraciones públicos en un acto oficial y de esa envergadura! ¡Y Obama rezando públicamente! Y allí nadie increyente o de cualquier otra religión se siente dolido o menospreciado por esa osadía. En el discurso varias veces salió la palabra “Dios”, e incluso al final la oración “Dios me ayude”, “Dios bendiga a América”. Eso es respeto y tolerancia. Respetar los ámbitos propios y autónomos de la religión y de la política, sin intromisiones necias, pero con mutua y leal colaboración. No es que yo aspire a que aquí se hagan las cosas igual, pero al menos que se respeten los sentimientos de la mayoría católica o de cualquier minoría religiosa, y que el nombre de Dios no sea denostado. Los americanos saben que por encima de la ley positiva que hacen los políticos, siempre está la ley natural y la trascendencia y que ante esa trascendencia primero y ante la nación y la historia después tendrán que responder. ¡Envidiable!