Miércoles 3 de Diciembre de 2008


Esta noche me he enterado un poco tarde de que hoy es el cumpleaños de MARTEÑO. Desde este blog creo que debo felicitarle con todo cariño, puesto que es uno de los lectores que más comentarios hace y desde luego una de las claves del éxito del mismo. ¡Muchísimas felicidades! ¡Que cumplas muchos más! Que esa sonrisa que siempre luces en el rostro nos siga animando a todos. Y que el Señor te siga bendiciendo con tantísimas cosas buenas como tienes. Muchísimas, muchísimas gracias. Un fuerte abrazo AMIGO!!

Algunos comentarios escritos hace algunos días me animan a releer algunos textos fundamentales de la Sagrada Escritura o del Magisterio de la Iglesia en torno al uso positivo que los cristianos podemos hacer de los medios de comunicación social de cara a la evangelización. Los sacados de la Escritura hablan de la necesidad de evangelizar, del mandato misionero de Jesús y de su realización práctica por parte de los apóstoles. Los últimos son textos extraídos del Magisterio reciente de la Iglesia en torno al uso de los medios de comunicación. Existen muchísimos más, solo doy un botón de muestra, y además sólo voy a citarlos, ya que se comentan por sí mismos… 

 

Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre del cielo” (Mateo 5,13-16).

 

Id, pues, y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28,19-20).

 

El hecho de predicar el evangelio no es para mi un motivo de orgullo, ese es mi sino, ¡pobre de mí si no lo anunciara! Si lo hiciera por mi voluntad, tendría mérito; pero si me han confiado el encargo, independientemente de mi voluntad, ¿dónde está entonces mi mérito? Predicar el evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio. Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda… Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser participe del mismo”. (1Cor 9,16-19.23).

 

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Entre los maravillosos inventos de la técnica que, sobre todo en estos tiempos, el ingenio humano, con la ayuda de Dios, ha extraído de las cosas creadas, la madre Iglesia acoge y fomenta con especial solicitud aquellos que atañen especialmente al espíritu humano y que han abierto nuevos caminos para comunicar con extraordinaria facilidad noticias, ideas y doctrinas de todo tipo. Entre tales inventos sobresalen aquellos instrumentos que, por su naturaleza, pueden llegar no sólo a los individuos, sino también a las multitudes y a toda la sociedad humana, como son la prensa, el cine, la radio, la televisión y otros similares que, por ello mismo, pueden ser llamados con razón medios de comunicación social” (Concilio Vaticano II. Decreto Inter Mirifica sobre los medios de comunicación social, 1)

 

La Iglesia católica, fundada por Cristo el Señor para llevar la salvación a todos los hombres y, en consecuencia, urgida por la necesidad de evangelizar, considera que forma parte de su misión predicar el mensaje de salvación, con la ayuda, también, de los medios de comunicación social, y enseñar a los hombres su recto uso.

A la Iglesia, pues, le corresponde el derecho originario de utilizar y poseer toda clase de medios de este género, en cuanto que sean necesarios o útiles para la educación cristiana y para toda su labor de salvación de las almas; a los sagrados Pastores les compete la tarea de instruir y gobernar a los fieles, de tal modo que ellos mismos, también con la ayuda de estos medios, alcancen la salvación y la perfección propias y de todo el género humano.

Por lo demás, toca principalmente a los laicos vivificar con espíritu humano y cristiano estos medios para que respondan plenamente a las grandes expectativas de la sociedad humana y al plan divino”. (Concilio Vaticano II. Decreto Inter Mirifica sobre los medios de comunicación social, 3).

 

Todos los hijos de la Iglesia, de común acuerdo, tienen que procurar que los medios de comunicación social, sin ninguna demora y con el máximo empeño, se utilicen eficazmente en las múltiples obras de apostolado, según lo exijan las circunstancias de tiempo y lugar, anticipándose así a las iniciativas perjudiciales, sobre todo en aquellas regiones cuyo progreso moral y religioso exige una atención más diligente. Por consiguiente, apresúrense los sagrados Pastores a cumplir su misión, ligada estrechamente en este campo al deber ordinario de la predicación; también los laicos que participan en el uso de estos medios tienen que esforzarse por dar testimonio de Cristo, en primer lugar, realizando su propia tarea con competencia y espíritu apostólico; es más, prestando por su parte ayuda directa a la acción pastoral de la Iglesia con las posibilidades que brindan la técnica, la economía, el arte y la cultura”. (Concilio Vaticano II. Decreto Inter Mirifica sobre los medios de comunicación social, 13).

 

En nuestro siglo influenciado por los medios de comunicación social, el primer anuncio, la catequesis o el ulterior ahondamiento de la fe, no pueden prescindir de esos medios, como hemos dicho antes. Puestos al servicio del Evangelio, ellos ofrecen la posibilidad de extender casi sin límites el campo de audición de la Palabra de Dios, haciendo llegar la Buena Nueva a millones de personas. La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más. Con ellos la Iglesia “pregona sobre los terrados” (72) el mensaje del que es depositaria. En ellos encuentra una versión moderna y eficaz del “púlpito”. Gracias a ellos puede hablar a las masas”. (Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, 45).

 

“En un mundo rico de potencialidad comunicativa como el nuestro, los desafíos para la nueva evangelización son múltiples. Por ello, en la Carta encíclica Redemptoris missio he querido subrayar, que el primer areópago de los tiempos modernos es el mundo de la comunicación, capaz de unificar a la humanidad convirtiéndola, como se suele decir, en “una aldea global”. Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia que para muchos constituyen el principal instrumento de guía y de inspiración en su comportamiento individual, familiar y social. Se trata de un problema complejo, puesto que tal cultura, aún antes que por “los contenidos”, nace por el hecho de que existen nuevos modos de comunicar con técnicas y lenguajes inéditos”. (Juan Pablo II, Carta Apostólica El rápido desarrollo a los responsables de las comunicaciones sociales, 3).

 

En los medios de comunicación la Iglesia encuentra un excelente apoyo para difundir el Evangelio y los valores religiosos, para promover el diálogo y la cooperación ecuménica e interreligiosa, así como para defender los sólidos principios que son indispensables en la construcción de una sociedad respetuosa con la dignidad de la persona humana y del bien común. La Iglesia los utiliza también para difundir informaciones sobre ella misma y para ampliar los confines de la evangelización, de la catequesis y de la formación, considerando su uso como una respuesta al mandato del Señor: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15). (Juan Pablo II, Carta Apostólica El rápido desarrollo a los responsables de las comunicaciones sociales, 7).

 

Valorizar los medios de comunicación no es sólo tarea de los “entendidos” del sector, sino también de toda la comunidad eclesial. Si, como ya se ha mencionado, las comunicaciones sociales comprenden diversos ámbitos de expresión de la fe, los cristianos deberán tener en cuenta la cultura mediática en la que viven: desde la liturgia, suprema y fundamental expresión de la comunicación con Dios y con los hombres, hasta la catequesis, que no puede prescindir del hecho de dirigirse a sujetos influenciados por el lenguaje y la cultura contemporáneos.

El fenómeno actual de las comunicaciones sociales estimula a la Iglesia hacia una especie de revisión pastoral y cultural que le haga capaz de afrontar, de manera adecuada, el cambio de época que estamos viviendo. Son los Pastores, sobre todo, quienes deben hacerse intérpretes de esta exigencia: es importante preocuparse de que la propuesta del Evangelio se haga de modo incisivo y promueva su escucha y acogida. Una especial responsabilidad en este campo está reservada a las personas consagradas quienes, desde su propio carisma, adquieren un compromiso en el ámbito de las comunicaciones sociales. Formadas espiritual y profesionalmente, las personas consagradas “presten de buen grado sus servicios, según las oportunidades pastorales […] para que se eviten, de una parte, los daños provocados por un uso adulterado de los medios y de otra, se promueva una mejor calidad de las transmisiones, con mensajes respetuosos de la ley moral y ricos en valores humanos y cristianos.” (Juan Pablo II, Carta Apostólica El rápido desarrollo a los responsables de las comunicaciones sociales, 8).

 

Es por ello que, en consideración de la importancia de los medios de comunicación, hace quince años juzgué insuficiente dejarlos a la iniciativa individual o de grupos pequeños, y sugerí que se insertaran con evidencia en la programación pastoral. Las nuevas tecnologías, en especial, crean nuevas oportunidades para una comunicación entendida como servicio al gobierno pastoral y a la organización de las diversas tareas de la comunidad cristiana. Se piense, por ejemplo, cómo Internet no sólo proporciona recursos para una mayor información, sino que también habitúa a las personas a una comunicación interactiva. Muchos cristianos ya están utilizando este nuevo instrumento de modo creativo, explorando las potencialidades para la evangelización, para la educación, para la comunicación interna, para la administración y el gobierno. Junto a Internet se van utilizando otros nuevos medios y verificando nuevas formas de potenciar los instrumentos tradicionales. Periódicos y revistas, publicaciones varias, televisión y radio católicas siguen siendo indispensables dentro del panorama completo de la comunicación eclesial.” (Juan Pablo II, Carta Apostólica El rápido desarrollo a los responsables de las comunicaciones sociales, 9).

 

En este campo no hay que limitarse sólo a las homilías, conferencias, cursos de Biblia o teología, sino que se ha de recurrir también a los medios de comunicación:  prensa, radio y televisión, sitios de internet, foros y tantos otros sistemas para comunicar eficazmente el mensaje de Cristo a un gran número de personas.” (Benedicto XVI, Discurso en la primera sesión de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 3).

 

Ah, por cierto, ¿alguien se imagina nuestra Iglesia sin las oraciones y las reflexiones de Pablo, Agustín, Tomás de Aquino, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Juan de Ávila, Teresa de Lisieux o Pedro Poveda? ¿Alguien se imagina lo que habría pasado si se guardan su mensaje en el pecho, o bajo tierra en expresión de Jesús en el Evangelio (cf. 25,14-30)? Yo no les llego a la altura de las zapatillas, pero en mi pobreza hago lo que buenamente puedo.

Ex corde.