Estamos ya a punto de concluir el año litúrgico. A lo largo de todo este año hemos acompañado al Señor por los caminos de Palestina, hemos escuchado su palabra, hemos contemplado sus milagros, nos ha tocado el corazón con palabras bellísimas acerca del amor, de la misericordia de Dios, nos ha mostrado dónde está el secreto de la vida y de la dicha. Hemos comprendido que Jesús es el Señor, el camino, la verdad y la vida, la luz del mundo, la esperanza de cuantos anhelan algo más de la realidad. Y probablemente algunos hayamos tomado la determinación de seguirlo hasta el final.
Sin embargo, el evangelio que escuchábamos ayer y el que hemos escuchado hoy (Lucas 21,5-19), al hablar de persecución, de catátrofes, de falsos mesías, parece como poner un tinte de pesimismo sobre la vida cristiana. ¡Nada más lejos de la realidad!
Hemos escuchado un párrafo del discurso escatológico de Jesús contenido en el evangelio de Lucas. En los tiempos de Jesús, que estaban llenos de guerra, discordia, persecución, brutalidad, de pesimismo en general, la fe del pueblo de Israel había vislumbrado la actuación amorosa del Dios de la Alianza en medio de la historia: una actuación ciertamente misteriosa, pero eficaz. Una actuación que apelaba a un futuro prometedor en el que el mundo y la humanidad entraría en una plenitud de vida y felicidad: ese futuro se realizaría en lo que los profetas llamaban “el día del Señor”. En ese día sería destruido todo el mal y Dios brillaría en medio de los justos como señor de la historia. Es el mensaje de las lecturas del Apocalipsis que estamos escuchando estos días, y también el de los salmos: “¡El Señor llega para regir la tierra con justicia!”, decíamos ayer, “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente”, hoy. En tiempos de Jesús esa esperanza estaba a flor de piel en medio de aquel pueblo dominado por el imperio romano. Todos esperaban la actuación pronta de Dios. Incluso en medio del grupo de Jesús se advierte esa tensión escatológica. El Señor en su discurso viene a afianzar esa fe de los suyos, pero también a advertirles que el fin no estaba próximo y que antes había que pasar por la tensión de la historia.
Mientras llega el día del Señor, los cristianos caminamos en medio de la historia del mundo como semilla de un reino nuevo, pero sufrimos las vicisitudes de la vida de todos los hombres. No somos mucho más privilegiados que los no creyentes, más bien al contrario. El Evangelio no está de moda, en muchos casos porque ni los mismos cristianos hemos sabido transparentarlo con nitidez; en otros casos porque se hace molesto a los intereses de este mundo. Pero sabemos que es ahí donde está la verdad y la vida.
Sabemos y confiamos en la actuación de Dios en nuestra historia, en la del mundo y en la nuestra propia. Él, aún en medio de las dificultades y de la desorientación que sufrimos, aún en medio de nuestro pecado, dirige nuestros pasos hacia su reino. No sabemos cuándo llegará, ni cómo, porque Jesús no lo ha revelado. Debemos tener cuidado, pues con los profetas de malos augurios, con los que consideran que todo va mal, con los que se encierran en necios progresismos o conservadurismos, con los que no quieren saber nada de la esperanza. Pero tampoco debemos caer en una huida hacia adelante, despreciando la gracia que Dios nos hace en el presente y olvidando nuestros compromisos diarios. “¡El que no trabaje, que no coma!”, decía san Pablo, refiriéndose a los cristianos holgazanes que no testimoniaban la fe.
Mientras llega, nuestro papel, dice el evangelio, es estar en vela, perseverar, confiar y trabajar por un mundo más justo. Si esperamos el reino de Dios, debemos trabajar por los valores del reino de Dios, que son, como veíamos el pasado domingo, la verdad y la vida, la santidad y la gracia, la justicia, el amor y la paz. Cada vez que en nuestra vida hacemos patentes esos valores estamos colaborando con el Señor en el establecimiento de su reino.
La oración cotidiana, y el pan de la eucaristía, nos mantienen en ese propósito. El Espíritu Santo que el Señor da a quien lo busca nos guía y fortalece en el trabajo y la lucha. Él es nuestro consuelo.
Noviembre 26, 2008 at 12:31 am
Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,12-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.
Noviembre 27, 2008 at 8:32 am
Hoy 27 de Noviembre la iglesia celebra:
Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.
Santos: José de Calasanz, Patrono del Magisterio Español. Acacio, Apolinar, Barlaán, Gustano, Josafat, confesores; Desiderio, Sigfredo, Valeriano, Virgilio, obispos; FACUNDO, Primitivo, Jacobo, Irenarco, Máximo, Oda, mártires; Edvoldo, eremita.
EL santoral nos habla sobre algunos de estos santos como pueden ser San Facundo y San Primitivo mártires. De los nombres de San Facundo y San Primitivo deriva el de la villa de Sahagún, situada al sureste de la provincia de León. Los datos históricos sobre estos mártires son confusos debido a que supuestamente vivieron en el siglo III. Se cree que san Marcelo y santa Nonia eran los padres de estos dos hermanos que vivieron en los alrededores del río Cea, situado en la actual provincia de León.
Los testimonios conservados sobre la fecha de su martirio difieren, dado que El Breviario de Sahagún dicta que los hechos sucedieron durante el reinado de Marco Aurelio entre los años 161 y 180, cuando Ático era cónsul en España. Sin embargo un pergamino del siglo XI sitúa el martirio en el siglo III siendo cónsules en España Ático y Pretextato¹
Todos los testimonios recogidos sobre su martirio concuerdan en que la historia aconteció de manera que al llegar un día el cónsul Ático a la guarnición romana de Cea mandó publicar un edicto por el cual todos los moradores de aquellas comarcas deberían ofrecer sacrificio a un famoso ídolo romano. Al negarse los dos hermanos diciendo que profesaban la religión de Jesucristo fueron encarcelados.
La Historia del Real Monasterio de Sahagún, compuesta por el monje Romualdo de Escalona en el s. XVIII, resume el martirio en:
…Persistiendo firmes los dos jóvenes en la confesión de su fe, Ático[...] multiplicó en ellos las más crueles torturas, desde el horno encendido al que fueron arrojados, hasta hacerles beber una pócima mortal que aquellos apuraron sin que les hiciera daño alguno, lo que motivó la conversión del sofista acusador. Siguieron se los tormentos del potro, las uñas de hierro con que les arrancaron los nervios, de aceite hirviendo con que fueron rociados sus cuerpos, y las teas encendidas que luego les aplicaron. Más tarde se les vaciaron los ojos de sus órbitas, se les colgó de un hastial muy alto, cabeza abajo, del que se les bajó cuando creyó ya muertos; pero el pasmo de las circunstantes rayó casi en la asonada [...] cuando la muchedumbre les vio indemnes y curados, mientras uno de la multitud exclamó estar viendo a dos seres divinos que traían por los aires sendas palmas y coronas para Facundo y Primitivo. Oído lo cual, ordenó Ático que les fueran cortadas las cabezas, para impedir la proclamada coronación, brotando al punto de los cuellos mutilados sangre y agua, signo claro de que a Dios eran aceptos, tanto su martirio, cuanto la ofrenda casta de su fe. Acto seguido [...] los sagrados restos fueron arrojados al río Cea.
Esto supuestamente sucedió el 27 de noviembre cerca del año 304.
Sus cuerpos fueron arrojados al río y encontrados donde fueron enterrados y en el lugar en que más tarde habrían de edificarse el monasterio y la villa de Sahagún.
Según la primera Crónica anónima de Sahagún hay dos hechos hagiográficos. El primero es el martirio de los santos, y el segundo nos muestra la liberalización de un prisionero, por parte de Facundo, en los tiempos difíciles que siguieron la muerte de Alfonso VI.
El primer hecho lo narra así:
…A todos los leedores del presente libro e crónica atentos oidores, por cierta cognición e de los padres antiguos vera relación, sea manifiesto que en el tiempo que el noble e poderoso barón Marcho Antonio regía e gobernaba el estado de la república del imperio romano los nobles caballeros e bienaventurados mártires de Jesucristo, Facundo conviene a saber e Primitivo, nacidos e criados en España, e en ella, ante el acatamiento del soberano señor con muy fiel e singular devoción conversando e al mundo ciego gran claridad celestial e ejemplos virtuosos dejando, ellos fenecieron su postrimera e muy religiosa e acabada vida con fin muy glorioso e mucho acepto e agradable al señor, pues que, finalmente derramada la su preciosa sangre de sus sagrados cuerpos, sus ánimas merecieron, mediante la graçia divinal subir al muy alto trono de la gloria celestial.
Muchas Felicidades en el día de tú Santo, espero que tengas un buen día rodeado de tus amigos
Noviembre 27, 2008 at 8:52 am
MUCHAS FELICIDADES al cura.
Y para que luego digan en este pueblo que la gente es falsa e hipócrita, es que algunos…
Mi enhorabuena por el blog me parece una labor muy buena