Octubre 2008


En el día en que celebramos la solemnidad de todos los santos, la Iglesia entera rebosa de alegría y esperanza. Hoy celebramos y recordamos, como no, a los santos más cercanos y conocidos: los que vemos cada día en los altares o en las vidrieras de nuestros Templos; pero también, no debemos olvidarlo, celebramos hoy a los santos no canonizados, a los que no están en los altares, porque vivieron en el anonimato y así pasarán a la eternidad.

En un mundo como el nuestro, en el que hay tanto déficit de alegría, en que a veces incluso se llega a pensar si la vida tiene sentido, la fiesta que celebramos hoy nos invita a tener ánimo y esperanza. Este camino de la vida que recorremos y seguimos, si intentamos vivir como Cristo, tiene razón de ser, y puede convertirse en una vida maravillosa.

En esta fiesta de hoy celebramos a todos aquellos hermanos nuestros, amigos, familiares, conocidos, gente que vivió con nosotros y entre nosotros y que ya ha llegado al triunfo definitivo, a la madurez completa junto a Dios. Lo que desearon y comenzaron aquí abajo lo experimentan ahora en su verdad última.

Esta fiesta de todos los santos es una mirada hacia adelante, una mirada de alegría porque los planes de Dios se cumplen en muchos hermanos nuestros, que no cuentan en nuestras listas de santos famosos, pero que sí cuentan en las listas de Dios, inscritos en el libro de la vida. Personas que en medio de las dificultades, han sabido ser fieles a Dios y vivir como nos enseñó Jesús: hombres y mujeres, sacerdotes y casados, niños y mayores, obispos y obreros, misioneros y madres de familia, familiares nuestros y personas para nosotros totalmente desconocidas; todos con algo en común: hicieron de Jesucristo y de su Evangelio, el centro de su vida y la única razón de su existencia; se tomaron a Dios en serio.

Todos los hombres y mujeres que celebramos hoy, tienen algo en común: han seguido, cada uno en su siglo y en su ambiente, el camino de las bienaventuranzas: han sido humildes, disponibles siempre a los hermanos, con pureza y trasparencia de corazón, han vivido la misericordia en su vida, siempre se han movido por sentimientos de paz, siempre tuvieron en sus vidas hambre y sed de la justicia, y entereza frente a las tentaciones. El ejemplo de la Virgen María (al frente de todos), es trasparente y muy hermoso.

No lo olvidemos. Santos son todos aquellos que…

- Han elegido ser pobres, sin orgullos, sin hacer del dinero lo primero.

- Han elegido llevar en su vida la paz y abrir a todos los brazos.

- Han elegido prestar ayuda a todos, sabiendo compartir y dando al hermano un “sí” con toda el alma.

- Han elegido ser sencillos, humildes, abiertos, con corazón de niño, y saben mirar a los demás con unos ojos y un corazón sin doblez.

- Han elegido vivir su vida con fidelidad a Dios, a pesar de lo que la gente diga. Los que denuncian con su talante, nuestra mediocridad.

- Han elegido ser misericordiosos, dando el perdón con alegría y paz.

- Han elegido no tener doble cara, ni hacer juego sucio, sino que han hecho de su vida “pura trasparencia”.

- Han elegido ser y existir con los pobres, enfermos, marginados, los que viven con la gente sin derechos

- Han elegido la justicia como forma de vida, la fraternidad como camino, la caridad, la verdad, la compasión, la ternura como ley.

La mayor gloria de Nuestro Señor Jesucristo es que a lo largo de los siglos, millones de personas han creído en Él y han aceptado hasta las últimas consecuencias, el plan de Dios en su vida.

Hoy celebramos la fiesta de todos estos hermanos nuestros. Vale la pena que nos dejemos iluminar y llenar de ánimo por su ejemplo; y merece la pena que le demos gracias a Dios porque nos sigue regalando personas que nos devuelven la fe y la confianza en la Iglesia y en la familia humana.

Jesús vivió esta Bienaventuranza y felicidad personalmente mostrándose manso, humilde de corazón y misericordioso. Y nos pide que seamos perfectos, misericordiosos y santos como él. No se trata de que nosotros seamos ya santos o perfectos; sino de que tengamos en nuestra vida la disposición continua de seguir el camino de Jesucristo y preparamos para esto, con un corazón limpio y trasparente, por el que pase, para el servicio del mundo, todo el amor posible de Dios.

¿Quién puede ser entonces santo? ¿Podemos nosotros llegar a ser santos?

¡Claro que sí! Todos estamos llamados a ser santos y perfectos como Dios nuestro Padre es perfecto. Más aún, la santidad es la forma cumplida y completa de la humanidad. Somos santos cuando crecemos en humanidad. Frustramos nuestro ser humano, nuestro crecimiento como personas, cuando echamos en saco roto la gracia que Dios nos regala para ser santos.

La fiesta que hoy celebramos nos anima y empuja al contemplar a estos hermanos nuestros, hombres y mujeres como nosotros, que han llegado a la santidad, por el camino más sencillo y ordinario de la vida, cumpliendo en cada momento lo que Dios quiere de nosotros en nuestra vida, cada uno en su puesto, en su vocación, en su lugar. Ellos nos enseñan que es posible alcanzar la santidad (y todos estamos llamados a la santidad), si en nuestro ser y en nuestra conducta somos mendigos ante Dios, si nos hacemos pobres, para que Dios lo sea todo en nosotros; si, como el Padre, abrimos el corazón a todos los demás hombres; si tomamos como tarea la construcción de la paz, del perdón y de la reconciliación. La solemnidad de todos los santos es una fiesta de gran gozo, la Iglesia se reviste de luz, alegría, por la gloria de sus hijos más preciosos.

Querido Amador:

Reconozco que tengo una debilidad y un amor especial por nuestra querida provincia de Jaén, aunque yo prefiero llamarla “Santo Reino de Jaén”. Desde la sierra de Segura hasta Alcalá, de Cazorla a Sierra Morena, del Condado a Mágina, pasando por nuestras ciudades Patrimonio de Úbeda y Baeza, y nuestros blancos pueblos serranos o de campiña, y nuestro mar de olivos. Tenemos la tierra más hermosa del mundo… Siempre he mostrado mi orgullo de ser jiennense… Cuando estudiaba fuera, siempre decía, exagerando un poco, que a Jaén solo le faltaba el aeropuerto y la playa.

Y ya hasta eso tenemos. El aeropuerto nos lo han regalado nuestros maravillosos, fantásticos y nunca bien comprendidos políticos. ¿Recuerdas el post que le dediqué hace un par de meses? Seguimos en las mismas…

¿Y la playa? ¡Oh, la playa…! Aún con este frío que ya hace ¡cómo me gustaría estar ahora sentado en la arena, escuchando el murmullo de las olas! El otro día se lo decía a una amiga, y ella ni corta ni perezosa me mandó esta foto para mi relax… Si es que el que no se consuela es porque no quiere, ainsss…

 

Reconozco que agradezco esta foto inmensamente. Infinitamente más que lo del aeropuerto. Porque los carteles del aeropuerto seguro que han costado un pastón de nuestros impuestos absolutamente para nada, mientras que para hacer esta foto sólo ha habido que poner un poquito de trabajo y mucha imaginación… ¡Gracias!

 “Yo te amo Señor, tú eres mi fortaleza”. Este es el salmo que acabamos de proclamar en esta Misa. Pero hoy cobra para mí, y creo que para toda la comunidad, un sentido aún mayor. Efectivamente, el Señor es nuestra fortaleza y por eso podemos estar alegres por el gran don que el Señor nos ha hecho con la celebración de esta I Asamblea Parroquial Extraordinaria, que abre un nuevo trienio pastoral en nuestra Comunidad.

Me siento especialmente satisfecho por la respuesta que los feligreses habéis dado, tanto con vuestras aportaciones por escrito, como por vuestra participación esta tarde. Juntos hemos rezado dando gracias a Dios por el don de pertenecer a su Iglesia, y en concreto a esta gran Parroquia de la Asunción. Todos hemos pedido luz para descubrir lo que el Señor pide de nosotros en estos momentos concretos que vivimos en nuestra sociedad y en nuestra parroquia; y creo que el Señor nos ha abierto los ojos. Muchas, y muy positivas, han sido vuestras aportaciones. Simplemente por el hecho de las mismas ya me siento alegre, porque descubro en vosotros un interés y un amor al Señor y a la Iglesia. Ahora se trata de que juntos, unidos, las pongamos en marcha, con la gracia del Señor.

Quiero resumirlo todo en cuatro palabras, que serán como los hitos en nuestro camino durante el próximo tiempo. No son nada nuevas, son las de siempre, pero debemos aprender del Señor a vivirlas de una forma nueva y más auténtica.

La primera palabra es COMUNIDAD. Desde este momento me la oiréis muchas veces, porque es uno de los grandes valores de nuestra Parroquia. Somos muchos y muy distintos. El Señor se congratula en esa riqueza. Pero también quiere que trabajemos unidos y coordinados, como una familia, o como dice el apóstol Pablo, como un cuerpo con diversos miembros. Comunidad significa sentirse hermanos unos de otros, con intereses comunes, unidos con un mismo amor de benevolencia. Significa compartir. Significa acompañar. Significa caer en la cuenta de que no podemos avanzar solos, sino solamente unidos y con un horizonte común: el Señor Jesús. Significa fraternidad, porque todos llamamos a Dios “Padre nuestro”, Padre no solo mío sino de todos.

La segunda palabra es CARIDAD. Hemos escuchado de labios del mismo Jesús esta tarde la importancia de amar a Dios y al prójimo. El papa Benedicto XVI nos recordó a comienzos de su pontificado con su magnifica encíclica “Deus caritas est” la importancia del amor auténtico para la vida cristiana. Un amor que nace de Dios y lleva a Dios y a los hermanos. Es la esencia de la vida cristiana, la más alta de todas las virtudes. Desde este convencimiento debemos vivir esta nueva realidad con un amor entrañable por los demás, especialmente por los más desfavorecidos de nuestro barrio y de nuestra sociedad, al modo como lo haría Jesús entre nosotros. Debemos reconocer la mirada de Cristo en nuestras almas, para aprender a mirar a los demás como él mismo lo hace. Los grupos de Caridad, especialmente Cáritas, deben tomar protagonismo desde hoy en nuestra parroquia.

La tercera palabra es EVANGELIO. Conocerlo es conocer a Jesucristo y la vida nueva que nos aporta; desconocerlo es perdernos en caminos que no llevan a ninguna parte. Necesitamos un mayor conocimiento de la Palabra de Dios, una mayor formación cristiana. Vivimos en un mundo que reclama razones y nosotros debemos aprender a dar razón de nuestra esperanza. Pero ese conocimiento es progresivo y aumenta conforme se regala a los demás. Es curioso, pero cuanto mayor testimonio damos, mayor conocimiento de la Palabra adquirimos y viceversa. El evangelio nos enriquece por todas partes. Los grupos de evangelización siguen siendo necesarios, esenciales, en nuestra actividad pastoral. Desde aquí quiero abrazar y animar a todos nuestros catequistas y maestros.

La cuarta palabra es EUCARISTÍA. Es el centro, la fuente, el culmen de la vida cristiana. Todo parte de la Eucaristía, todo lleva a la Eucaristía, es ahí donde está toda la Comunidad, donde bebe la Caridad, donde se nos predica el Evangelio. Es ahí donde está siempre Jesucristo, donde se le descubre, donde se le responde y donde se le ama. La Eucaristía es un deseo y un mandato del Señor, cumplido y expresado en la noche de su pasión. Ahí tenemos el pan de vida eterna, a Jesús mismo entregándose por nosotros. Amándonos. Haciéndonos suyos.

Son las palabras de siempre, sí. Pero debemos aprender a descubrirlas como nuevas, como llenas de sentido y de fuerza para todos. Si descubrimos su novedad y nos llenamos del Espíritu Santo para hacerlas nuestro mayor tesoro, estaremos en el camino de la santidad y descubriremos lo grande que es el Señor con nosotros, y estaremos realmente alegres. No es otro nuestro objetivo ni nuestro propósito para estos próximos años.

Os doy las gracias de nuevo, por vuestra magnífica y generosa respuesta en esta Asamblea Parroquial. Pido al Señor tenga compasión de nosotros, nos llene de fuerza y de luz, para realizar los propósitos que el Espíritu Santo ha puesto esta tarde en nuestros corazones. Bendito sea Dios, a él la gloria por siempre. Amén.

 “Demos gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia”

Realmente debemos darte gracias, Señor Jesús,
Buen Pastor, que guías y apacientas a tu pueblo,
porque con tu amor entrañable nos has convocado
y nos has reunido en tu santa Iglesia.

Debemos darte gracias,
porque nos concedes en cada momento lo que más conviene
y diriges sabiamente el rebaño de tu Iglesia,
asistiéndola siempre con la fuerza del Espíritu Santo.

Debemos darte gracias,
Señor y Dios nuestro,
porque nos permites unirnos a los cantos e himnos
de tantos y tantos hermanos nuestros que nos han precedido en la fe;
ellos no sólo nos dejaron el testimonio de tu amor,
sino que hoy siguen siendo para nosotros una invitación a la esperanza.

Debemos darte gracias
porque conoces lo más profundo de nuestro corazón,
y sabes que solamente unidos, en comunidad,
podemos llegar a ti, Señor.

Te damos gracias,
porque, precisamente por esto,
fundaste a tu Iglesia, santa y católica,
para que fuese en medio del mundo
un signo tangible de tu presencia entre nosotros.

Te damos gracias, Señor,
porque esta Iglesia tuya y nuestra, Señor,
se hace viva, presente, actual, comunidad,
en nuestra parroquia.

Hoy, Señor, te damos gracias por nuestra parroquia de La Asunción de Martos.

Mirar a tu Iglesia, mirar a esta parroquia,
no es sólo mirar la belleza del templo.
Es hacer un ejercicio mucho más profundo,
es admirar el rostro de todos aquellos que aquí te buscan y te siguen.

Así, Señor, darte gracias por la Parroquia
es darte las gracias por los niños:
ellos son la alegría y el futuro de tu Iglesia.
Es darte las gracias por los jóvenes.
A veces, Señor, viven alocados…,
pero también tú eres joven y los comprendes, y los amas,
y sabes que, hoy por hoy, son lo mejor de nuestro presente,
son lo mejor de nuestra Iglesia nueva.

Darte las gracias por la parroquia
es mirar con amor a los que te alaban en su trabajo apostólico,
es mirar con todo el amor a aquellos que,
quizás sin saberlo conscientemente,
te buscan, porque trabajan por un pueblo más próspero y humano, Señor.

Darte las gracias por la Parroquia
es darte las gracias por los ancianos y los enfermos:
ellos son, Señor, los que más se parecen a ti en tu cruz.

Hoy, Señor, te damos gracias por nuestra parroquia de La Asunción de Martos.

Gracias, porque en ella está la Pila del Bautismo,
donde nacimos a la vida eterna.

Gracias, porque en ella crecimos y fuimos confirmados en la fe.

Gracias, porque en ella está la mesa de tu Palabra,
donde cada día resuena tu voz para nosotros.

Gracias, porque en ella está el Altar,
la mesa de tu Cuerpo partido y de tu Sangre derramada.
En la eucaristía, Señor,
reconocemos tu mejor regalo para con nosotros.

Gracias, Señor, porque es en la Parroquia
donde somos reconciliados contigo
por el sacramento del perdón.

Gracias, Señor, porque es en esta casa
donde muchos de nosotros han consagrado su hogar
por el sacramento del matrimonio.

Gracias, Señor, porque es en esta comunidad
donde suscitas nuevas vocaciones
que se consagran a tu servicio y al servicio de tus hijos.

Gracias, Señor, porque esta casa
es nuestra última estación camino de tu reino de vida.

Hoy, Señor, te damos gracias por nuestra parroquia de La Asunción de Martos.

Y te pedimos, Señor, Buen Pastor,
que esta parroquia sea siempre
el lugar de encuentro de todos los fieles contigo,
Señor, Jesús, Hijo de Dios y de Santa María,
que vives y reinas,
inmortal y glorioso,
por los siglos de los siglos. AMÉN.

Acabamos de escuchar de labios de Jesús uno de los puntos álgidos de la revelación cristiana. A lo largo de la historia de la salvación y de muchos modos Dios ha ido revelándonos su mensaje; «en los últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo» (Heb 1,2). En esta Revelación de Dios que compromete a todo cristiano hay una jerarquía de valores. Lo fundamental es el compromiso sincero de entrega y amor a Dios por medio del amor al prójimo.

Los fariseos, que han escuchado las parábolas de Jesús, se dan cuenta de que Jesús predica una enseñanza nueva que les perjudica seriamente en sus privilegios. Buscan, entonces, un pretexto para acabar con él rápidamente. Por eso le dirigen una serie de preguntas capciosas para ponerlo a prueba y suspenderlo delante del pueblo. Acabamos de escuchar una de esas preguntas: “Maestro, ¿cual es el mandamiento principal de la ley?”

La cuestión responde a una preocupación hondamente sentida en el grupo de los fariseos y doctores de la ley. El estudio de la ley de Moisés les había llevado a deducir de ella una serie interminable de 613 preceptos y normas de comportamiento. Ante la imposibilidad de recordar y practicar todos esos preceptos, y ante las distintas respuestas que cada escuela rabínica daba, surgió esa pregunta.

La respuesta de Jesús supera de nuevo el estrecho horizonte del planteamiento que le hacen, y se sitúa al nivel de las opciones profundas… va a la raíz. No se trata de ver cual de los mandamientos es el más importante de entre una lista muy larga, sino de buscar el origen, el sentido, de todos ellos.

Jesús responde con dos citas muy conocidas por parte de todos los judíos: el amor a Dios y el amor al prójimo ya estaba contenido en la Ley de Moisés. La primera, incluso, era habitualmente rezada por todos los judíos varias veces al día en la Shemá, y la segunda tenía una amplia incidencia en textos como el que hemos escuchado en la primera lectura. Jesús lo que hace es unir el amor a Dios y el amor a los hombres de una forma inseparable de tal forma que ambos se implican mutuamente y se complementan de forma maravillosa y bella. Ambos mandamientos “sostienen la ley entera y los profetas” dice Jesús. Sin ese amor indivisible a Dios y al prójimo toda práctica religiosa pierde sentido y lustre. Estamos en el centro neurálgico de la vida cristiana.

En nuestro tiempo esta respuesta de Jesús tiene un significado muy especial. Vivimos en un mundo que ha marginado en buena medida a Dios, y a veces se piensa que con “ser buenos” ya nos basta. Vemos como surgen muchas ONG’s, y en buena medida se habla de solidaridad y de filantropía. Vemos también como nos volcamos en aras a ayudar cuando hay cualquier tipo de desgracias. Nos debemos alegrar de todo ello. Pero a veces acallamos nuestra conciencia con una colaboración o con una mera limosna, más o menos generosa, en un momento puntual. ¿Es ese el amor cristiano? ¿Es sólo así como nos ha amado Cristo?

Por otro lado, también podemos correr el riesgo de quedarnos en un mero amor vertical, donde expresamos nuestro culto a Dios con piedad y hasta con verdadero sentimiento. Pero nos podemos quedar con que “con ir a misa basta” olvidándonos del mundo y de los hermanos. ¿Sólo con eso seríamos hombres y mujeres de Dios? ¿Es sólo así como ha amado Cristo al Padre? Ser cristiano es un regalo de Dios y por eso está por encima y más allá de nuestra mera condición ética; pero vivir en cristiano implica nece­sariamente esa dimensión ética.

Ser cristiano es amar a Dios, y cumplir con él, y es amar al prójimo, y cumplir también con él. El amor se muestra en las obras. Más aún, mostramos nuestro amor a Dios cuando amamos en verdad al prójimo, más exactamente al próximo, –que  no hace falta irse muy lejos para amar–, y nuestro amor al prójimo es realmente auténtico cuando es reflejo del amor de Dios en nosotros. ¿Cómo debo amar a Dios? Haciéndolo sobre todas las cosas; ¿cómo debo amar al prójimo? Como lo hace Dios mismo. El amor es, por tanto, «la plenitud de la ley» (Rom 13,10). Ahora se trata de hacerlo con obras y de verdad. La Eucaristía que celebramos nos llenará de ese amor de Dios que nos impulsará a amar de verdad. Así sea.

El próximo domingo, 26 de octubre, celebraremos en la Asunción la I ASAMBLEA PARROQUIAL, de cara a la elaboración del nuevo Proyecto de Pastoral. Esta Asamblea ha sido preparada  con cariño por mí y por un grupo de fieles. Me gustaría que fuese muy participativa, y que se exprese lo que la Parroquia necesita hoy por hoy y lo que los fieles piden.

 

En la homilía del Día de Pentecostés anuncié que desde ese momento se abría un período de reflexión por parte de todos los fieles de cara al futuro de nuestra comunidad. Elaboré con detenimiento y cuidado, fruto de mis reflexiones durante mi primer año como párroco aquí, un Documento Base, que se presentó a mediados de junio. Desde ese momento hasta finales de septiembre estuvo a disposición de los fieles en la mesa de información del templo parroquial. Del mismo se hicieron varias tiradas con más de 400 ejemplares. También se puso a disposición de los fieles en la página web de la parroquia, cuestionario incluido. Ahí podréis revisarlo.

Las respuestas han sido escasas: catorce, cuatro de ellas desde internet. Pero hay que destacar que han sido fruto de la reflexión de fieles particulares y también de matrimonios, familias e incluso grupos parroquiales. Así mismo hay que destacar que de viva voz y en fraternal diálogo he recibido numerosas sugerencias.

Paso a continuación a resumir las distintas aportaciones, siguiendo el orden de las preguntas marcadas en el cuestionario adjunto al Documento Base. Las expresiones son de los mismos fieles:

 

 

I.    ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención del Documento Base? ¿Por qué?

 

En general se dice que el Documento es interesante, ambicioso, que ha gustado y que ha hecho reflexionar. La mayoría de las aportaciones hacen referencia a la ilusión que sale del documento y se ven con buenos ojos las actuaciones llevadas a cabo hasta el momento. Se habla de la necesidad de sentirnos Iglesia y de implicarnos más en la vida parroquial, no siendo meros “cristianos receptores”, sino cristianos activos y comprometidos, valientes. El talante positivo del nuevo cura (ilusión y ganas, humildad y sencillez) y su interés por hacer de la parroquia la casa de todos. Se comenta así mismo la disposición de los seglares por trabajar más activamente en la parroquia, formando comunidad, buscando el servicio a los demás y la vivencia de una fe más cercana, abierta y sincera, a pesar de las dificultades que puedan surgir.

 

LA CARIDAD. La mayoría de la gente entendemos la caridad como beneficencia. Sería necesario diferenciar qué es caridad y qué beneficencia. Para esto es imprescindible una formación seria. Es necesario acercarse a los verdaderos problemas y necesidades del barrio.

LA FALTA DE FORMACIÓN RELIGIOSA. Esto hace que muchas veces seamos pasivos y acudamos como meros espectadores a la Parroquia.

LA NECESIDAD DE SENTIRNOS ORGULLOSOS DE SER CRISTIANOS aumentando el sentido de Comunidad. Es necesario, así mismo, caer en la cuenta de nuestra vocación como evangelizadores apoyados en la oración y en la santidad personal.

 

Para llevar a cabo este espíritu los fieles hacen las siguientes:

 

II. PROPUESTAS

  1. Respecto a los grupos de evangelización (catequesis de niños, formación de catequistas, grupos de matrimonios, homilía, hoja parroquial, cursos para mayores, escuela de formación, Vida Ascendente, web…)

 

-          Necesidad de al menos un coordinador general de la catequesis, que organice, supervise, aclare dudas, listas…

-          Reuniones frecuentes de catequistas y formación de los mismos (al menos por cursos).

-          Curso de formación de los nuevos catequistas.

-         Convivencias de niños, y actividades lúdicas (deportivas, teatro, literarias…)

-          Involucrar a los padres, y que éstos contacten con los catequistas y con el párroco. Especialmente a los de Primera Comunión.

-          Atraer a los jóvenes para que sean catequistas, ya que los grupos son demasiado numerosos.

-          Ser más serios en las exigencias a los jóvenes que quieran confirmarse, buscando su implicación en la parroquia y su participación en la Eucaristía.

-          Celebrar al menos tres reuniones al año de matrimonios, implicando a los diversos movimientos (ENS y EM).

-          Encuentros de parejas que hayan contraído matrimonio en los últimos años y que pertenezcan a la Parroquia.

-          Homilía: necesario adaptarla a niños, mayores…

-         Catequesis para adultos. Necesidad de Formación. Escuela de Fundamentos cristianos. Posibilidad de creación de una experiencia piloto de Casa-Misión.

-         Hoja Parroquial: acertada su edición. Darle mayor difusión. Entrega en mano. Ideas fundamentales de la homilía. Acontecimientos personales.

-         Página web, muy buena, seguir así. Hacerla más atractiva para niños y jóvenes.

-         Creación de un grupo de estudio y comentario del Evangelio.

-          Mayor información y anuncio de los actos, Tablón de anuncios.

-          Coordinación con los colegios.

-          Plática mensual.

 

  1. Respecto a los grupos de liturgia (lectores, monaguillos, misa dominical, celebraciones solemnes, Coro Parroquial, Taller de oración…)

 

 

-         Creación del grupo de liturgia: lecturas, moniciones, oración de los fieles, canto. Animación a los fieles. Hacer un cuadrante de la semana con los ministerios a realizar.

-          Misa Dominical: misa para niños con participación de los mismos, álbum.

-          Destacar las celebraciones solemnes.

-         Coro Parroquial. Cuidado y tacto con los niños y jóvenes. Evitar los regañones y alabar su trabajo. Cancionero para que participe la gente.

-          Taller de oración. Crear grupo de oración.

-          Monaguillos: buscar niños que hayan hecho la Primera comunión. Acogida y clima favorable para su trabajo. Formación de los mismos.

-          Grupo de limpieza. La Iglesia está muy bien siempre, no así las sacristía y los salones.

-         Creación de una Cofradía: gente joven. Pedirles que colaboren y se impliquen en la parroquia. Tenerlas contentas en lo que solicite. Celebraciones solemnes.

 

  1. Respecto a los grupos de caridad (Cáritas Parroquial, Visitadores de enfermos…)

 

-   Creación de la Cáritas Parroquial, con un grupo estable y responsable en nuestra comunidad.

-   Conocer a fondo y con “trabajo de campo” a las personas y familias necesitadas. Seguimiento y ayuda a las mismas.

-   Involucrar a todos los colectivos en las Campañas especiales (Navidad, Manos Unidas…).

-   Proyectos dinámicos desde Cáritas Parroquial.

-   Coordinación Cáritas Parroquial – Cáritas Interparroquial – Asuntos Sociales.

-   Creación de un grupo de visitadores de enfermos y de personas que estén solas.

-   Vida Ascendente. Gracias por el trabajo que se realiza con los mayores, y por lo que éstos aportan a la comunidad.

-  Comisión de peregrinaciones, viajes, festejos.

 

III. Así mismo algunos fieles piden que se creen NUEVOS GRUPOS y se faciliten NUEVOS ESPACIOS en la Parroquia:

 

-          Grupos de jóvenes.

-          Colonias de verano.

-          Coordinación de todos los grupos.

-          Biblioteca parroquial.

-          Salón para jóvenes – estudio.

 

 

Yo valoro y agradezco todas las aportaciones, las cuales nacen del amor a la parroquia y de la búsqueda de un espíritu nuevo. Han salido demasiadas cosas y será imposible ponerlas en marcha todas en breve, aunque se intentará con la ayuda de Dios y de todos los feligreses. Otras no se podrán poner en marcha por falta de personal o de medios. Vamos a ver qué dice la Asamblea el próximo domingo.

Todavía estáis a tiempo de hacer las últimas sugerencias, siempre en favor de la Parroquia y de la Iglesia.

Pidamos al Señor que los deseos y proyectos expresados por los fieles con sus aportaciones se puedan llevar a cabo con el trabajo y la colaboración de todos. Os espero a todos/todas el Domingo a las 17 h. donde hablaremos de todas estas cosas. Gracias.

Ayer el Señor nos advertía en el Evangelio del peligro de la codicia, que cierra el corazón del hombre sobre sí mismo, invitándole a buscar fines que en sí no promueven el crecimiento humano. Pero la enseñanza del Señor no se queda en una mera denuncia de lo que a nosotros nos puede hacer daño. No basta con saber que el ansia desmedida de riqueza, de poder o de prestigio, nos arruina en lo más profundo del corazón. No basta tampoco con poner remedio a ese mal. Jesús quiere mostrarnos un camino mejor que realmente nos plenifique. Por eso nos invita a poner nuestro corazón en el verdadero tesoro, en la verdadera riqueza, en lo realmente auténtico. Ese tesoro son los valores del reino.

La pedagogía del Señor debe ser siempre un modelo en nuestra propia tarea como cristianos. Todos hemos sido enviados, desde nuestro bautismo, a sembrar la semilla del Reino en nuestro mundo, en nuestras circunstancias. El mejor servicio que hoy podemos prestar como Iglesia a nuestra sociedad es el anuncio del evangelio que plenifica la vida de los hombres. Y esa tarea no se hace dando palos de ciego, ante lo que tenemos en frente, sino invitando, proponiendo nuevos caminos, nuevas ofertas, más positivas, más alegres, más vivas, más auténticas, más evangélicas…

Cristo fue luz para los suyos; hoy nos toca a nosotros reflejar la luz de Cristo a los que nos rodean. Cristo fue, como dice la lectura de la carta a los Efesios que hemos escuchado (Ef  2,12-22), esperanza para los hombres; hoy no podemos construir un mundo nuevo si no nos alienta la esperanza de Cristo. Cristo es nuestra paz, él hizo de todos los hombres un sólo pueblo nuevo para Dios, derribando el muro de odio que separaba a judíos y gentiles; hoy también Cristo necesita nuestra colaboración para derribar tantos y tantos muros de odio, de discordia, de enfrentamiento, de malentendidos, de injusticias, de dominio de unos sobre otros, de nacionalismos, que separan a los hombres de nuestro tiempo, nuestros hermanos; hoy Cristo quiere seguir construyendo una humanidad nueva, que tiene, como dice uno de los prefacios de la misa, como meta el reino de Dios, como estado, la libertad de los hijos de Dios, como ley, el precepto del amor. La Iglesia debe ser el comienzo de esa humanidad nueva. Nosotros debemos ser la semilla de esa humanidad nueva.

Esto puede parecer utópico, pero no lo es. En primer lugar tenemos la gracia de Jesucristo, y las primicias del Espíritu Santo. Y además cada día nos reunimos en la eucaristía que, como dice santo Tomás de Aquino, Cristo se nos da como comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura. ¿Nos creemos esto de verdad? ¿Nos compromete? ¿Actuamos en consecuencia?

El evangelio que hemos escuchado (Lc 12,35-38) nos invita a la esperanza y a la vigilancia. Cristo viene. Y sin duda establecerá su reino. Nuestra vida debe estar siempre en adviento, a la espera de Dios. A nosotros nos queda la actitud de la esperanza activa. Porque “la restauración prometida que esperamos, ya comenzó en Cristo, es impulsada con la venida del Espíritu Santo y continúa en la Iglesia, en la cual por la fe somos instruidos también acerca del sentido de nuestra vida temporal, en tanto que con la esperanza de los bienes futuros llevamos a cabo la obra que el Padre nos ha confiado en el mundo y labramos nuestra salvación (cf. Flp., 2,12).” [LG 48]

Que Cristo cuando llegue nos encuentre con el corazón puesto en su palabra, con las manos llenas  de los frutos de nuestro trabajo en su Iglesia. Si es así, concluye el evangelio, dichosos nosotros: nos sentará a su mesa, y él mismo nos servirá.

Los cristianos nos gloriamos en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo.

Es ahí donde sentimos y experimentamos en nuestras vidas el amor de Dios.

Cristo Crucificado de La Guardia de Jaén

Cristo Crucificado de La Guardia de Jaén

“Me amó y se entregó por mí”

 

decía el apóstol.

En Cristo podemos poner nuestros gozos y esperanzas,

nuestras tristezas y nuestras angustias.

A él podemos acudir siempre que lo necesitemos

para que nos ayude en la enfermedad o en la del amigo o compañero,

o en tal o cual problema de la familia

o en tal o cual momento triste.

En él podemos poner nuestra fe y nuestra esperanza.

A él podemos acudir con alegría a darle gracias

y a alabarlo por cualquier favor recibido,

porque en él tenemos puesto nuestro gozo.

 

En la cruz gloriosa está clavado Jesús, el Cristo, nuestro Señor,

el que vino al mundo como luz que disipa las tinieblas.

 

         Se equivocaba Machado en su saeta cuando decía:

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en la mar!

 

Mi cantar sí es a Cristo crucificado,

porque en él contemplo el icono de la humanidad que sufre,

de las víctimas del terrorismo, de la violencia de género o del hambre.

En él contemplo a los niños que no nacen,

porque manos de muerte abortan su vida incipiente;

a niños que sufren y a niños que gozan;

en el contemplo a los jóvenes que aman la vida y la libertad

y apuestan por sí mismos o por los demás,

y a aquellos otros que no tienen rumbo

cogidos por el alcohol, la droga, el botellón, la violencia o el vacío;

en la cruz de Jesús están los novios y los matrimonios y las familias,

aquellos que hacen de la vida una bandera,

y aquellos que lloran rupturas;

en el Crucificado pongo a los trabajadores y a los obreros,

a los parados y a los inmigrantes;

en su mirada están los ancianos, los enfermos, los que están solos.

No cantar al crucificado sería olvidar a la humanidad que sufre,

hacer de su amor ausencia y no querer gozar la su presencia”,

en expresión de san Juan de la Cruz.

 

Es en la Cruz de Cristo donde nosotros, abatidos,

recibimos una palabra de aliento (cf. Is 50,4ss).

Es en la Cruz de Cristo donde hemos comprendido

que “el dolor es como una semilla;

con él se siembra algo nuevo en nosotros,

sin que nosotros lo queramos, contra nuestro querer.

Quien no ha sufrido por algo [o por alguien]

no conoce ni ama ese algo [ni a ese alguien]” (M. Blondel).

¡Qué consuelo para nosotros saber que Cristo nos conoce y nos ama

porque ha sufrido por nosotros!

¡Qué consuelo tener junto a nosotros a Cristo en nuestro camino cotidiano!

¡Qué alegría poder poner nuestra vida junto a la Cruz Gloriosa del Señor!

 

         No me gusta la saeta de Machado, prefiero aquella otra que dice:

“Tú que pasas mírame,
contempla un poco mis llagas,
y verás qué mal me pagas,
la sangre que derramé”.

“Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones”.

Así hemos rezado en el Salmo, y ese es el sentido fundamental de la Jornada que la Iglesia hoy nos pone ante nuestra mirada: el DOMUND, el Domingo Mundial de la Propagación de la Fe, el domingo de las Misiones.

Una de las tareas esenciales de la Iglesia es la evangelización de todos los pueblos siguiendo el mandato del Señor antes de su Ascensión. Si realmente creemos que el Evangelio es Palabra de Vida y de Salvación para todos los pueblos de la tierra, la Iglesia no tiene más sentido que ser misionera, tal como claramente especificó Juan Pablo II en la encíclica Redemptoris Misio.

Así adquiere sentido para nosotros la Misión ad gentes, cuando caemos en la cuenta de que Jesucristo es el único salvador de todos los hombres, el único que nos abre el camino al Padre y nos revela quienes somos realmente nosotros. Esa salvación de Cristo es ofrecida a todos los hombres y mujeres sin distinción y a todos debe de llegar. Los cristianos, todos los cristianos, somos responsables en esa tarea. “Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones”.

Los horizontes de la Misión son hoy realmente enormes y ya no se cierran sólo al Tercer Mundo, sino que tocan incluso en nuestro país. Sí, hoy por hoy España es también tierra de misión. Tristemente contemplamos como la incultura religiosa y católica alcanza a amplias capas de nuestro pueblo, especialmente en las nuevas generaciones. Vemos como las familias ya no son ámbito de formación humana y religiosa. Vemos como nuestros niños cada vez ignoran más el Evangelio y el sentido de una vida religiosa que anime e inspire el resto del actuar en la vida. Este es un reto nuevo al que los cristianos tenemos que responder con ánimo y con la ayuda del Espíritu Santo. Pero también está la misión en aquellas tierras que jamás han oído el nombre de Jesús. Hoy ponemos nuestros ojos y nuestro corazón en tantos hermanos y hermanas nuestros que han dejado su tierra para acudir allá donde más se les necesita. Los misioneros son lo mejor de nuestra Iglesia, y me atrevo a decir, de nuestra sociedad. Podemos sentirnos realmente orgullosos de ellos y de la labor que realizan en nombre del Señor.

San Pablo en la segunda lectura alaba la actitud de los cristianos de Tesalónica que han llevado a cabo un proyecto de evangelización de su ámbito: “recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo… cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda”. Esa es la alegría del primer gran misionero de la historia: san Pablo, cuyo año jubilar por el segundo milenio de su nacimiento estamos celebrando. El lema del DOMUND de este año 2008, hace referencia a  este acontecimiento: Como san Pablo, misionero por vocación. Como él también nosotros hoy en nuestro mundo y en nuestra sociedad debemos comprometernos con la evangelización y con la promoción y el progreso humano que esa evangelización conlleva. Debemos tomar conciencia de nuestro ser misionero, de la riqueza que supone gozar de la verdad y de la gracia del Evangelio, del amor, de la fe y de la esperanza que nos aporta ser cristianos. Sin esa experiencia primera de saber en lo que nos enriquece la fe difícilmente podríamos después comunicarla. Ciertamente también nosotros debemos aumentar la actividad, el esfuerzo, el aguante, la fuerza y la convicción de nuestra fe, animados por la gracia del Señor.

Por último, el Evangelio de este día nos recuerda esas palabras de Jesús, que hay que saber entender bien: “Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.” Los cristianos somos ciudadanos del mundo y nos debemos comprometer seriamente en nuestra actividad pública y civil siendo ejemplares e irreprochables en todo; pero también somos ciudadanos de la Iglesia y sabemos donde está nuestro único Señor, al que le debemos todo nuestro amor y honor, siendo auténticamente religiosos y santos en todo. No se señalan aquí, como algunos intentan decirnos dos esferas, donde la fe se quedaría en un mero ámbito privado y sin nada que decir en el ámbito público de la vida social. ¡No! La fe implica una actitud a favor del hombre en su integridad; y por eso, en nombre de la fe, se puede y se debe actuar en defensa del ser humano. Esto conlleva implicaciones políticas en la vivencia de la fe, aunque la fe ciertamente va más allá de lo meramente político. El que una sociedad sea justa o injusta, el que sus leyes respeten o no al ser humano, el que las relaciones humanas sean más fraternas, que se fomente la verdad o la mentira, que se trabaje o no por el bien…, todo esto no nos debe dejar indiferentes como creyentes, pues cada vez que se ofende y se desprecia a un hombre o a una mujer se ofende y se desprecia a Dios mismo. Eso también se lo debemos a Dios.

Pidamos, pues al Señor, que nos bendiga y nos haga fuertes en la transmisión de la fe; que anime sostenga con su gracia la acción de nuestros misioneros; que el Evangelio llegue a todos; y que todos, siendo buenos ciudadanos, no dejemos de ser buenos cristianos en todo. ¡Así sea!

¡Por fin! ¡Todos los nenes colocados! Salvo que alguna mamá venga de nuevo a fastidiar las listas ¡Dios no lo quiera!. Esta es una de las tareas más importantes en cualquier parroquia en general y en la Asunción en particular. Más de un mes preparando y programando la catequesis, más de seiscientos chicos y chicas apuntados, ochenta catequistas, y sin un Centro Parroquial digno que pueda albergar cómodamente todas las actividades. Está todo tan ajustado que cualquier cambio pequeñito que pidan los padres supone cambios enormes en la programación de los grupos. Así que ha sido un mes de aúpa.

Este año se han cambiado los libros de 1º a 5º de primaria. En principio parece que el cambio ha sido oportuno y que ha gustado tanto a los nenes como a los catequistas. También se han cobrado ¡10 euros! en concepto de libros, material y demás gastos. A ver ¡¿qué curso de cualquier cosa vale sólo 10 euros al año?! ¡Más barato imposible!

Hemos tenido alguna baja de catequistas, pero por el contrario, hemos tenido muchas más altas, tanto de jóvenes que se confirmaron el pasado curso y que darán en los cursos de pequeñines de despertar religioso, como de algunos adultos. Esto me alegra especialmente.

Otra alegría ha sido el curso 5º. El año pasado hicieron la Primera Comunión y trabajamos intensamente con ellos. Este año ha permanecido más del 60 % de los chavales, cuando este era un curso que casi se caía. Ahí se ha visto recompensado el trabajo y el esfuerzo del curso pasado.

Sin embargo, pequeños de 1º de Primaria sólo han entrado 66 nuevos, cuando lo normal son cursos de unos noventa; pero es que realmente ese año bajó la natalidad.

Ochenta y ocho niños y niñas harán la Primera Comunión en la Parroquia y treinta y ocho jóvenes serán confirmados, si Dios quiere. Este año haremos especial hincapié en los cursos de secundaria, en la catequesis de confirmación, intentando integrar a estos chicos en la Parroquia; el año pasado no salió mal la experiencia…

La Misa de niños es realmente encantadora, y muchos que vienen de fuera se sorprenden de la cantidad de niños y niñas en la misma: el año pasado en torno a 160-170 todos los domingos. Manolo Sánchez, el primer día que estuvo entre nosotros de diácono, se quedó alucinao. Yo mismo me sorprendí de la respuesta. Se nota el trabajo de los sacerdotes anteriores.

Todo ello es posible porque es que hay magníficos catequistas en esta Parroquia, formados y competentes. Este domingo tendremos el Rito del envío de los mismos; lo hemos hecho coincidir con el DOMUND por razones obvias. Espero que entre todos no solo podamos mantener la catequesis, sino mejorarla en este curso que empieza.

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