Septiembre 2008


Esta mañana me puse en el confesionario muy pronto, cuando apenas había nadie en la Iglesia. Mientras llegan algunos fieles a confesar me gusta orar y observar cómo entran los cristianos en el templo, cómo pasan a la Capilla del Santísimo, cómo oran ante la imagen de la Asunción, cómo encienden unas velitas en el lampadario, cómo se sientan o se arrodillan, cómo se saludan a veces tan efusivos que interrumpen la oración de los demás… A veces me gustaría poder meterme en sus mentes y descubrir sus pensamientos, sus preocupaciones, sus penas y sus alegrías… A veces, me enfadan cuando no veo el respeto debido al lugar santo… pero siempre oro por ellos mientras los observo pidiendo al Señor que los escuche y les dé fuerzas…

Se abre la puerta del cancel con un poco de jaleo al choque de las ruedas en las jambas. Pasa Cleo en su silla de ruedas empujada por su hijo Pedro José y su esposo Francisco. Me admira esta mujer. Mayor, enferma, doblada… pero siempre con su sonrisa en la cara. Cualquier otro ya habría desistido de venir a misa o a cualquier acto… ella no. Mueve Roma con Santiago si hace falta por venir. Estoy seguro de las complicaciones que entraña traerla y por eso me admira la paciencia y el cariño de Pedro. La silla avanza por los pasillos… Cleo se fija en los detalles…, de lejos me mira, nos saludamos en silencio, simplemente con los ojos o la sonrisa o levantando la mano. Pedro la levanta de su silla para sentarla en el incómodo banco de la iglesia. Sus ojos van directos al crucificado, hoy era su fiesta. Mientras Pedro aparta la silla al rincón, también le saludo con el gesto intentando transmitirle mi agradecimiento a su esfuerzo.

Cleo saca de su bolso el rosario de perlas blancas. Ese tiempo es para el Señor y para nadie más. Lo desgrana en padrenuestros y avemarías que reza moviendo sus labios. Seguramente estará pensando en su hijo Jesús que está en Francia, o en su hija que está en Cabra, o quizás en el mayor, o en el mismo Pedro que viven en Martos, o quizás… quien sabe… De vez en cuando, con sigilo, levanta el rostro hacia el crucificado. Nada ni nadie la saca de su recogimiento, ni el ruido de los fieles que entran, ni Flora que se sienta a su lado, ni su marido Francisco, tan recto como antiguo Guardia Civil, ni yo mismo que me acerco a saludarla, esta vez con palabras de cariño. Ese momento es sólo para Jesús.

Escuchará misa, atenderá a mi homilía, donde hoy hablo de la cruz gloriosa del Señor y de las cruces penosas de nuestras vidas. Y todavía hará un esfuerzo por levantarse y con la ayuda de otros acercarse a comulgar… sonriendo.

No sé si ella se dará cuenta y agradecerá el esfuerzo de todos por ella. Pero me admira su fe, al igual que me admira la caridad de los que la rodean… y no puedo dejar de pensar cómo puedo amar y servir más y más a esta gente buena…

Ex corde, Facundo

Celebramos, queridos hermanos, la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Si el Viernes Santo recordábamos los acontecimientos trágicos de la Pasión y Muerte del Señor, hoy queremos contemplar la luz y la gloria de la Cruz, por la que Nuestro Señor nos ha obtenido la Redención. La cruz es la prueba del amor de Dios por todos y cada uno de nosotros.

 

La cruz de Jesús

Nosotros, los cristianos, nos gloriamos en la cruz de Ntro. Señor Jesucristo.  Qué bonito cuando veo que os acercáis a la imagen de nuestro Cristo crucificado y la besáis con piedad. Ahí experimentáis en vuestras vidas el amor de Dios que se derrama a través de esa bellísima imagen de Cristo crucificado. Y es que en Cristo crucificado todos nosotros podemos poner nuestros gozos y esperanzas, nuestras tristezas y nuestras angustias. A él acudimos siempre que lo necesitamos para que nos ayude en la enfermedad, en la propia o en la del amigo o compañero, o en tal o cual problema de la familia o en tal o cual momento triste. En él hemos puesto nuestra fe y nuestra esperanza. También hemos acudido a él con alegría a darle gracias y a alabarlo por cualquier favor recibido, porque en él tenemos puesto nuestro gozo.

Sabemos que es en Cristo Crucificado donde se resume maravillosamente quien es Dios. Contemplando la Cruz del Señor es donde podemos decir:  “Dios es Amor” (1 Jn 4,8) porque “Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él” (1Jn 4,9), “Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). “No hay mayor amor que dar la vida por un amigo” (Jn 15,13). “La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (Rom 5,8)

Este es un misterio de amor y misericordia, incomprensible para nuestra razón, sólo accesible a los ojos de la fe. Es paradójico, pero Dios puso “la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que donde tuvo su origen la muerte, de allí resurgiera la vida, y el que venció en un árbol fuera en un árbol vencido” (Prefacio de la exaltación de la Cruz). Y así comenta Pablo: “Mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. Mas para los que han sido llamados, sean judíos o griegos, se trata de un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo que en Dios parece locura, es más sabio que los hombres; y lo que en Dios parece debilidad, es más fuerte que los hombres” (1 Cor 1,22-25).

Es, además, en la Cruz del Señor donde hemos conocido que Dios es perdón, reconciliación y salvación. Es en la Cruz de Cristo donde hemos conocido que Dios es Libertad por encima de cualquier condicionamiento. Es en la Cruz de Cristo donde hemos conocido la justicia y la solidaridad de Dios con los hombres.

Es en la Cruz de Cristo donde nosotros, abatidos, recibimos una palabra de aliento (cf. Is 50,4ss). Es en la Cruz de Cristo donde hemos comprendido que “el dolor es como una semilla; con él se siembra algo nuevo en nosotros, sin que nosotros lo queramos, contra nuestro querer. Quien no ha sufrido por algo [o por alguien] no conoce ni ama ese algo [ni a ese alguien]” (M. Blondel). ¡Qué consuelo para nosotros saber que Cristo nos conoce y nos ama porque ha sufrido por nosotros! ¡Qué consuelo tener junto a nosotros a Cristo en nuestro camino cotidiano! ¡Qué alegría poder poner nuestra vida junto a la Cruz Gloriosa del Señor!

 

Hagámonos en nuestro corazón con los sentimientos de Jesús (cf. Flp 2,5-11)

La vida y la muerte de Cristo son una invitación para nosotros a tener los sentimientos propios de Jesús (cf. Flp 2,5-11), “el cual no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz”. Su humildad y su sencillez debe ser nuestro talante de vida; su desnudez, nuestro vestido, su transparencia, nuestra verdad; su serenidad, nuestra paz; su amor, nuestra entrega por los demás; su cruz, nuestro consuelo y nuestra esperanza.

En la cruz gloriosa está clavado Jesús, el Cristo, nuestro Señor, el que vino al mundo como luz que disipa las tinieblas, como hemos escuchado en el evangelio. El que cree en Jesús debe cargar con la cruz de cada día, por eso dijo el Señor: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga” (Mt 16,24); y “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí” (Mt 10,38). Así, la fe en Jesús, como adhesión a su persona y a su mensaje, conlleva también adhesión a la cruz, símbolo de su Misterio Pascual, representación de su pasión y triunfo sobre la muerte.

 

Conclusión: renovemos nuestra fe, esperanza y amor

La Cruz de Cristo nos insta a vivir de un modo nuevo, según el estilo de vida de Jesús. Renovemos hoy nuestra fe en el Señor, que murió por nuestros pecados. Afirmemos nuestra esperanza, porque la cruz es el pórtico de la Resurrección. Comprometámonos y aumentemos nuestro amor, porque en la cruz se mostró el amor que Dios nos tiene y en la cruz mostramos el amor que Dios nos da. Y que esta fiesta suponga para nosotros avanzar por el camino de la vida nueva.

Hace unos días repasaba la fantástica homilía de Benedicto XVI a los jóvenes en la Jornada mundial de la Juventud en Sydney el pasado 20 de julio. Después de hablar de la nueva era que debe abrirse a la humanidad, el papa les decía que, igual que el mundo, también la Iglesia tiene necesidad de renovación. Tiene necesidad de la fe de los jóvenes, de su idealismo y de su generosidad, para poder ser siempre joven en el Espíritu. Y les lanzaba un reto:

Queridos jóvenes, permitidme que os haga una pregunta. ¿Qué dejaréis vosotros a la próxima generación? ¿Estáis construyendo vuestras vidas sobre bases sólidas? ¿Estáis construyendo algo que durará? ¿Estáis viviendo vuestras vidas de modo que dejéis espacio al Espíritu en un mundo que quiere olvidar a Dios, rechazarlo incluso en nombre de un falso concepto de libertad? ¿Cómo estáis usando los dones que se os han dado, la «fuerza» que el Espíritu Santo está ahora dispuesto a derramar sobre vosotros? ¿Qué herencia dejaréis a los jóvenes que os sucederán? ¿Qué os distinguirá?

Invitaba, así mismo, a abrirse al Espíritu Santo y permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el espíritu de nuestro tiempo. Sólo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginación y modelar nuestros deseos más profundos.

Los jóvenes. Desde que llegué a Martos ha sido una preocupación. Integrados como tal en la Parroquia se pueden contar con los dedos de las manos, y sobrarían dedos. Sí, hay muchos chicos y chicas en la catequesis, vienen, pasan, se van, pero…

 

En mayo se confirmaron cuarenta y tres. En mi entrevista personal con ellos casi todos se mostraron dispuestos a comprometerse con la parroquia en alguna actividad. Muchos como catequistas; otros, por su falta de tiempo preferían otro tipo de actividades menos comprometidas. Pero ¿qué hacer?

Los chicos de hoy no son como los de mi generación; a veces creo que me cuesta ya el diálogo con ellos; como que estamos en perspectivas diferentes. Yo no puedo imponer la mía, tengo que adaptarme a la suya. Pero ¿cómo?

Por lo pronto hay que confiar en ellos. El papa decía que la Iglesia los necesita. Ellos no son solo el futuro de la Iglesia… son el presente. Tienen capacidad y son buena gente, muy buena gente, aunque algunos anden un poco despistados. Hay que perder el miedo a invitarlos; hay que perder el miedo al fracaso. Hay que echar tiempo y paciencia. Poner cariño y confianza. Hay que proponerles el Evangelio de Jesús, tal cual.

 

Siempre que me imagino al Señor con sus apóstoles me imagino una pandilla de jóvenes y adolescentes. Pedro, el primero, como mucho podría ser de la edad de Jesús. Y el trato que Jesús tenía con ellos es el modelo para nuestra pastoral juvenil, no de masas, sí de tú a tú, mirando a los ojos, y proponiendo lealtad, sinceridad, amistad.

Hablando con ellos se me ha ocurrido alguna cosa, no sé si funcionará, o si sólo serán pájaros en mi cabeza. Hay actividades que son suyas: dar catequesis a los niños pequeños, ya que la fe crece cuando se entrega; crear un grupo de liturgia, para misas, procesiones… y coro parroquial de jóvenes, además del de niños (ya hay director para el mismo y además muy bueno, con experiencia, con fe y corazón); grupo de oración para aquellos que quieran profundizar  en su interior y buscar los secretos más íntimos del alma junto al Señor; un grupo de voluntariado social, para visitar enfermos, comprometerse con el Tercer mundo, ayudar a los misioneros, organizar la Campaña contra el Hambre, ayudar en cáritas… la acción siempre llama la atención y da satisfacción personal; un grupo Scout Católico, para formación en ocio y tiempo libre, organizar viajes, excursiones, convivencias, festivales…; y ¿por qué no?  jóvenes para un grupo de Medios de comunicación, Hoja Parroquial, Web, TV Parroquial por Internet, si a estos eso del Youtube y el power point se le da genial…

No sé. Es un reto. Tengo ilusión y ganas. Echaremos las redes o nos iremos a los cruces de los caminos. Y sea lo que Dios quiera. Hay experiencia en la Parroquia de años atrás, y un potencial enorme, quizás un poco dormido, pero que está ahí, y seguro que contamos con la oración de todos los buenos cristianos de los grupos de adultos, y de esos otros jóvenes de Vida Ascendente, que no fallan.

Si algún chico o chica me lee, ya sabes…  ¡¡VEN!!. Empezamos el viernes, 12 a las 7 de la tarde en la parroquia. Si los que me leéis sois jóvenes de la segunda o tercera juventud, al menos contamos con vuestro apoyo y oración…  Tenéis más información en la web de la parroquia: www.parroquiadelaasunciondemartos.es.

Ex corde. Facundo.

Justo después de haber pasado la noche orando en la montaña y de haber elegido a sus “apóstoles”, Jesús baja a la llanura. Es ahí donde san Lucas va a situar la gran predicación de Jesús a diferencia de Mateo, que la pone en la montaña. Hay una intencionalidad teológica en ambos: Mateo quiere presentar a Jesús como el nuevo y definitivo legislador que supera a la Ley de Moisés dada en el Sinaí; Lucas, en cambio presenta a Jesús en unos términos mucho más cercanos –su mensaje se da en el lugar donde viven y trabajan las personas-. La distribución del material es distinta también en ambos evangelistas, y de ambos podemos extraer enseñanzas enormes y adaptarlas a nuestras vidas.

Este sermón de la llanura de Lucas comienza también con las bienaventuranzas, cuatro en este caso, más otras cuatro malaventuranzas o ayes. Lucas es más concreto que Mateo, dirigiéndose Jesús directamente a sus oyentes, mientras que Mateo describía más los valores generales del hombre justo. No es cuestión ahora de hacer un estudio pormenorizado de las mismas, sino más bien de caer en la cuenta de cuan distinto es el mensaje de Jesús del que se predica en nuestro mundo actual.

¿A quién de este mundo se le ocurriría decir que los bienaventurados son los pobres, los hambrientos, los que lloran, o los odiados? Sólo Jesús y los de Jesús son capaces de decir esas cosas poniendo un consuelo, más aún un aliento en éstos. El motivo es que suyo es el reino de Dios, serán saciados, reirán, su recompensa será grande. El motivo último es el amor y la justicia de Dios, el Padre de todos, que si por alguien hace acepción es siempre a favor de los últimos de este mundo. Su recompensa será grande. El Reino es suyo, y el Reino es Cristo, decía J. Ratzinger. Cristo les pertenece es la conclusión.

No. Para nuestro mundo los dichosos son otros: los que tienen dinero y medios, los que gozan, los que tienen imagen o poder… Fijémonos que Jesús no condena estas cosas, lo que realmente hace es situarlas en su lugar: lo primero es Dios y el prójimo; sin Dios y sin el amor al prójimo todo eso pierde sentido y valor.

Esto sólo es entendible a la luz de la fe en el Reino y difícil de explicar a los que no tienen experiencia de fe y humanidad. Pero de algún modo todos vemos e intuimos cómo es real y verdadera esta palabra de Jesús cuando caemos en la cuenta que los más felices realmente no son los que más tienen o más lucen…

¿Realmente podremos nosotros cambiar nuestra mentalidad y hacernos con los sentimientos de Jesús? ¿Estaremos nosotros realmente entre los dichosos del evangelio?

En el Evangelio que se proclama hoy (Lc 6,12-19) se nos narra un momento importante de la vida de Jesús: la elección de los Doce, con los que él va a constituir el nuevo Israel. Jesús ya ha comenzado su ministerio público predicando el reino y curando enfermedades. Ahora hay que dar un paso más y llevar esa Buena Noticia a más allá. Jesús quiere hacer las cosas con otros, confiando en otros. La decisión es importante, de ahí esa necesidad de orar “toda la noche” a Dios, en la montaña. Con este gesto Jesús nos muestra la importancia de la oración a la hora de tomar decisiones. Necesitamos la luz de Dios, por nosotros mismos no nos bastamos. En cristiano la oración intensa y extensa debe ocupar un lugar preferente, a nivel personal y a nivel comunitario. Él pasó aquella noche orando…

De día, llama a sus discípulos, y entre ellos elige a doce a los que nombra apóstoles. El grupo es amplio, pero tiene que organizarse. La primera organización de Jesús es muy simple: elige a doce. Doce es un número simbólico: doce eran las tribus de Israel; doce van a ser los apóstoles, constitución básica del nuevo pueblo de Israel. El título de apóstol significa “enviado”. Es decir, es un título que conlleva un trabajo, una misión, una tarea. Uno no es apóstol por sí mismo, sino por elección de Cristo y con una misión que realizar. Viene a continuación el nombre de aquellos hombres. Los cristianos, llamados todos al apostolado, debemos reflexionar sobre nuestra elección y sobre nuestra misión en nuestro mundo actual. Tenemos esa responsabilidad. Hoy por hoy ese servicio del apostolado sigue vigente y sigue siendo necesario. Oremos también nosotros como Jesús para que la elección sea según el corazón de Dios.

Ahí va a comenzar la aventura de Jesús con estos hombres. Un período de amistad, de instrucción de cara al ministerio que tendrán que desempeñar después. Ahora toca la instrucción. Y la primera prueba de fuego será, como ya advierte hoy y desarrollará en los próximos días el llano.

¡Hay que ver, Amador, cómo  ha progresado nuestra provincia de Jaén en los últimos años! ¡Fíjate!

El otro día iba yo pa la capital cuando de pronto veo un cartel amarillo que ponía “AEROPUERTO”. ¡¡Y yo sin saber que había aeropuerto en Jaén!! Debe estar mu rescondío porque te juro que en mi vida he visto yo un avión por aquí cerca…

¡Ah! ¿Que está a 107 Km dirección Granada? ¡Bueno! ¿Y qué es eso? ¡Eso no es ! ¡¡TENEMOS AEROPUERTO!! ¡¡Vamos, yo ya te veo cargando con los nenes, con tu mujer y con la abuela pa coger el avión!! Que está ahí mismo, dando un paseillo por la vía verde te lo encuentras seguro…

 

Y claro, por la misma regla de tres, ¡¡pues también tenemos AVE!!, ¿no? El Ave de Jaén que está en Córdoba, a 110 km, (de Martos un pelín menos, to hay que decirlo), ¡pero, ojo, que es de Jaén!; a los cordobeses que ni se les ocurra tocarlo, que es nuestro…

Uf, macho, ¡como hemos progresao! ¡Y pensar que hace tres días el mejor medio de masas pa salir y entrar de Jaén era la Pava! ¿Te acuerdas de la Pava?

 

Y en cuestión de autovías, ¡ni te cuento…! En estos siete u ocho años ya hemos visto como han terminao la variante de Martos y han hecho la autovía de Jaén a Mancha Real, que se queda un poquillo recortaíca, -a mitad de camino-, pero que a mí me viene mu bien pa ir a mi pueblo. Creo que ya están de obras en Despeñaperros y en Úbeda, ¿pero ya pa que las van a hacer esas autovías? ¡¡Si ya tenemos aeropuerto!!

 

Tío, ¡qué genial! Que seguro que también tenemos PLAYA: la playa de Jaén en Torre del Mar, o la de Benalmadena, que están llenas de giennenses, y de marteños ¡sólo a 190 Km! ¡Ahí al laíco! ¿Qué dices? ¿Qué te parece lejos? ¡Pues coge el avión! ¡¡Que tenemos aeropuerto!! ¡Si es que no estamos acostumbraos a tanta modernura!  ¡¡Ainsss!!

 

¡Y también tenemos Televisión Provincial! ¡¡CANARSÚ Jaén!! Y nos pone los telediarios de mediodía A.M.Z.G; aunque creo que aquí en Martos no se ve por toas partes, que nos llega la señal mejor desde Córdoba, ¡pero no pasa !, que si se tercia Canarsú Córdoba ¡también es de Jaén!.

 

Y lo que más cerca tenemos, que esos hasta los golemos, es una pandilla de gente, que deben tener tortículis porque miran namás que pa Sevilla, y que se piensan que aquí somos bobos… y lo peor es que, quizás, -solo quizás-, hasta tengan razón…

Ex corde, Facundo

“A nadie debáis nada, más que amor…” recomendaba san Pablo a los romanos, porque “amar es cumplir la ley entera” (cf. Rom 13,8-10). Efectivamente, queridos hermanos, el amor es la clave para entender el cristianismo en su profundidad y en su extensión. Jesús mismo había dado ya su mandamiento nuevo del amor, y Pablo ya había escrito aquello de “Ambicionad los bienes mejores…;  si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos  platillos que aturden… si no tengo amor, no soy nada…  El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el  amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se  irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que  goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta  sin límites. El amor no pasa nunca…

Sólo que el amor para el cristiano no es una palabra bonita. Conlleva alegría, pero también sacrificio, entrega…  El amor cristiano tiene un modelo: Jesucristo, “que me amó y se entregó por mí” (Gal 2,20), en ese amor hasta el extremo (cf. Jn 13,1) cuya mejor imagen es la cruz. Es en la cruz de Jesucristo donde se nos revela el amor de Dios y es en las cruces de cada día, en las propias o en las ajenas, donde debemos hacer presente el amor de Dios. Esto no es demagogia… y tiene que ir más allá de la teoría para hacerse vida. El verdadero amor hace que nos sintamos responsables unos de otros.

Tanto el Evangelio como la primera lectura de Ezequiel nos muestran una forma muy costosa para todos nosotros de mostrar amor por los demás: corregirlos…, o dejarnos corregir, si fuera el caso. Precisamente porque no debemos deber nada a nadie más que amor se puede despertar en nosotros esa libertad y esa fortaleza para acompañar al hermano en su camino hacia la perfección. Eso es realmente la corrección fraterna.

Corregir fraternalmente no es echar en cara los fallos, las limitaciones del otro. Es ponerse en camino con el otro y caminar juntos hacia lo mejor, considerando que yo también necesito de su ayuda para corregir mis propios fallos.

Corregir fraternalmente no es criticar por detrás, ni mirar por encima del hombro. Es ponerte enfrente, y decir: confío en ti, podemos hacer las cosas mejor, quiero ayudarte, porque te quiero.

Corregir fraternalmente no es poner paños calientes y disculpar como si no pasara nada. Es darle importancia a los fallos, la que tienen, ni más ni menos, pero considerar que son superables.

Corregir fraternalmente es advertir del peligro que se corre si no hay cambio de rumbo, es poner nueva luz en el sendero, es anticipar el riesgo y es iluminar un nuevo horizonte con nuevas posibilidades, mejores y más bellas.

El profeta Ezequiel tiene conciencia de esa misión y de las dificultades que entraña. Está puesto de “atalaya” para contemplar desde arriba, desde Dios, y advertir del peligro que entraña la maldad. Podríamos decir que apela a esa responsabilidad propia que nace de la escucha de la Palabra de Dios y que busca el bien común.

Jesús en el Evangelio no sólo recuerda esa misma responsabilidad a los miembros de la comunidad, sino que también muestra su confianza en nosotros, dándonos la posibilidad  incluso de salvar a nuestro hermano, convirtiéndonos en instrumentos de la salvación de Dios.

En un mundo como el nuestro, tan degradado en los valores, con tanta locura y sinrazón, la Iglesia debe ser esa atalaya y tener ese talante profético, siendo humilde y fuerte, haciendo suyos los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y tendiendo la mano a todos.

Personalmente a mí esta es una de las responsabilidades que más me cuestan como sacerdote. Imagino que a todos nosotros. Por eso necesitamos la oración, el crecimiento en el amor, la fortaleza y el ánimo que da el Espíritu del Señor. Debemos pedirlo en esta Eucaristía, conscientes de que nuestra oración alcanzará el cielo, porque, como hemos escuchado,  donde dos o tres están reunidos en su nombre, allí está el Señor en medio de ellos…

Señor, ayer escuchaba en la lectura del evangelio (Lc 5,1-11) esa invitación tuya a “remar mar adentro” para después echar las redes y pescar. Al comienzo del nuevo curso, y antes de echar las redes, nos dices que nos situemos ante ti, que hagamos un ejercicio de sinceridad para contigo y con nosotros mismos, que caigamos en la cuenta de que lo importante eres tú, y solo tú.

 Remar mar adentro… ser capaces y valientes de llevar a cabo esa aventura interior, esa búsqueda de tu rostro en nuestras almas, ese soplo de tu espíritu en nuestras mentes y corazones.

Remar mar adentro… oración, interioridad, piedad auténtica, nada de falsedades, nada de autoprotagonismos… remar mar adentro para descubrir lo verdaderamente importante, al verdaderamente importante: TÚ.

Señor, no puedo dejar de repasar en mi mente las palabras del querido Juan Pablo II al comienzo de este milenio: “las experiencias vividas deben suscitar en nosotros un dinamismo nuevo, empujándonos a emplear el entusiasmo experimentado en iniciativas concretas. Jesús mismo nos lo advierte: «Quien pone su mano en el arado y vuelve su vista atrás, no sirve para el Reino de Dios» (Lc 9,62). En la causa del Reino no hay tiempo para mirar para atrás, y menos para dejarse llevar por la pereza. Es mucho lo que nos espera y por eso tenemos que emprender una eficaz programación pastoral postjubilar.

Sin embargo, es importante que lo que nos propongamos, con la ayuda de Dios, esté fundado en la contemplación y en la oración. El nuestro es un tiempo de continuo movimiento, que a menudo desemboca en el activismo, con el riesgo fácil del «hacer por hacer». Tenemos que resistir a esta tentación, buscando «ser» antes que «hacer». Recordemos a este respecto el reproche de Jesús a Marta: «Tú te afanas y te preocupas por muchas cosas y sin embargo sólo una es necesaria» (Lc 10,41-42).” (NMI, 15)

Ahora, Señor, comienza un nuevo curso pastoral. Cuando la tentación del activismo apriete en mi mente, párame, para mirarte, para escucharte… cuando la tentación de la pereza me domine, levántame, para remar, para pescar, para bregar…

Por tu palabra echaré las redes

Hoy he estado en el cumpleaños del pequeño Javier. Me han invitado sus padres Manolo y Nines. Allí estaban también sus abuelos y algunos tíos y primos. Era una fiesta familiar y alegre. Es increíble como un personajete tan pequeño –sólo un año– transforma y enriquece la vida de un matrimonio joven. Manolo y Nines, como creo que la inmensa mayoría de los matrimonios jóvenes, se llenan de luz sólo con ver a su pequeño disfrutar de los regalos y de los juegos.

Reconozco que en cierta medida les tengo envidia –envidia sana, todo hay que decirlo–, porque a mis 37 años de vida y casi 13 de cura una de mis tentaciones ha sido mirar hacia atrás y considerar que no he formado una familia, sobre todo ahora, que empieza a costarme la idea de no tener hijos. Con todo sigo creyendo que vale la pena darlo todo a fondo perdido por el Señor y su Iglesia y pido perdón por las veces que no he sido fiel en mi entrega sacerdotal, que son muchas…

Según me contaban Javier nació a las 22:50 h. del pasado 3 de septiembre de 2007. Casualmente, o providencialmente quizás, ese mismo día y a esa misma hora estaba yo llegando a Martos hace un año. Venía de Andújar. También empezaba para mí una vida nueva.

Sin embargo, mi vida no se cruzaría con Javier hasta algunos meses después, cuando Manolo vino a la Parroquia a pedir mi visto bueno como párroco propio para que Javier fuese bautizado en la parroquia hermana de San Amador, por su vinculación a la Cofradía del Resucitado, permiso que lógicamente di de inmediato. Tiempo después su tío Antonio García vino también a la Parroquia a apuntarse para el curso de catequesis de Confirmación para mayores de 25 años. Se proponía además colaborar en la parroquia en la elaboración de la página web. Y, en el fondo es el responsable de que en este momento esté escribiendo esto y no viendo la tele o leyendo un libro.

Así, poco a poco, empecé a relacionarme con esta familia, como con tantas otras y ha ido surgiendo una buena amistad, donde compartimos alegrías, proyectos, dificultades… el café de la mañana o la tarde… o la liguilla de la noche… o alguna que otra comida familiar…

¡¡Muchas gracias, amigos!! ¡¡Muchas felicidades. Javier!! Que cumplas muchos más…, y yo que los vea…

El que espera llegar a ser tu chacho cura…

 

P.D. En este año de párroco he conocido gente fantástica en Martos. Buenos amigos ya, a todos me gustaría agradeceros vuestra acogida, vuestra lealtad, vuestra cercanía y vuestro apoyo en este tiempo. De todos quiero escribir unas líneas para deciros lo mucho que os quiero y admiro. Atentos los próximos días, jejeje… pero sois muchos e igual tardo, eh!! Si hoy he empezado por Javier, es porque es su cumpleaños, y porque es muy chiquitillo y muy guapo… Un abrazo a todos y todas…

Ayer, querido Amador, se produjo el recibimiento por parte de Benedicto XVI de la Sr. Ingrid Betancourt, que aspirara en 2002 a la presidencia de Colombia, y secuestrada por la guerrilla de las FARC durante más de seis años en la selva. Uno de los casos que han conmovido a la opinión pública internacional en los últimos tiempos. Su liberación fue un motivo de alegría para todos aquellos que amamos la libertad.

No sé si tendrás noticia de los detalles de la entrevista con el papa, yo los he leído en Zenit. Ayer, tras los 25 minutos de encuentro con el Papa, Betancourt reveló en una rueda de prensa cómo Dios le ha tocado el corazón en su cautiverio. Te confieso, Amador, que no puedo dejar de sentir una profunda emoción escuchando su testimonio.

Antes de ser secuestrada Ingrid reconoce que era una mujer de poca fe. Sin embargo, durante los casi siete años que permaneció en poder de la guerrilla los únicos libros que tenía consigo eran la Biblia y el diccionario, así que durante los largos días de cautiverio se dedicaba a leer y meditar la Palabra de Dios. Este fue su primer encuentro…

 

El segundo fue a través de la radio. Ingrid la escuchaba casi todos los días para entretenerse e informarse. Un mes antes de su liberación, el pasado 1 de junio, estaba oyendo en Radio Católica Mundial un programa sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y las gracias que experimentan sus devotos: tocar el corazón duro de quienes le hagan sufrir; bendecir sus proyectos; y ser ayudado del para cargar la cruz en las dificultades que siempre se presentan.

Cuenta Íngrid que al escuchar estas promesas pensó: “Eso es para mí. Yo necesito que Dios toque el corazón duro de la guerrilla, que toque el corazón duro de todos aquellos que no dejan que se produzca la libertad nuestra“. “Yo necesito que la empresa mía, que es la de obtener la libertad de todos nosotros, Él la tome para sí, la bendiga y permita que esto suceda. Y yo necesito que Él me acompañe a llevar esta cruz porque yo sola ya no puedo más“. Son palabras de una mujer que ha sufrido lo indecible.

En esos momentos oró profundamente al Señor: “Jesús, yo en estos años nunca te he pedido nada. Pero hoy sí te voy a pedir algo: como este es el mes del Sagrado Corazón, tu mes, te voy a pedir que me hagas el milagro, no de mi liberación porque no creo que sea posible, pero hazme el milagro de que yo sepa cuándo voy a ser liberada porque si yo sé cuándo, por más de que sea dentro de muchos años, yo voy a tener la fuerza de aguantar. Si tu me haces ese milagro, Señor mío, seré tuya“.

Cuenta Ingrid también que el Santo Padre le respondió: “Él te hizo el milagro de tu liberación, porque tú supiste pedirle. Porque tú no le pediste tu liberación, tú le pediste que se hiciera su voluntad y que te ayudara a entender su voluntad“.

Betancourt aprovechó la ocasión para invitar a todos aquellos que no creen: “Hay muchas personas que están enojadas con Dios y no quieren creer y tantas personas a quienes les da vergüenza creer en Dios. Yo lo único que les puedo decir es que hay alguien que nos oye y nos habla con palabras y que si nosotros entendemos cómo hablarle a él, él nos va a ayudar“.

Tras la audiencia, Ingrid aseguró que Benedicto XVI siempre ora por los secuestrados: “El Papa lleva el dolor de los que sufren en su alma“, es un “hombre de luz“.

Igualmente envió un mensaje de aliento a aquellos que fueron sus compañeros de cautiverio y que aún no han sido liberados: “Sé que esta voz va a llegar a la selva colombiana. Sé que pronto los voy a abrazar en la libertad“.

No puedo esconder mi emoción ante un testimonio así, querido Amador. Porque esas palabras no suenan a hueco, como las nuestras; van avaladas por la autoridad moral de una luchadora, que sabe lo que es vivir y querer vivir.

¿Ves Amador? ¡Para que luego digan que la fe es opio que adormece!

Un fuerte abrazo como siempre. Ex corde. Facundo.

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