Ayer comenzábamos en la lectura continua de la misa a escuchar el mensaje de Qohelet, el libro del Eclesiastés. Reconozco que es de mis favoritos porque, además de ser una auténtica joya literaria, este libro del Antiguo Testamento es como un contrapunto provocador, desconcertante, crítico y paradógico en el mismo.
Vanidad de vanidades, todo es vanidad… y caza de vientos. Así comienza este libro del s. III a.C. que, en su búsqueda de la verdad y del sentido de la vida, pone en crisis la tradicional sabiduría religiosa de Israel y, a veces, nuestras propias convicciones tan “correctas”, tan monótonas, tan arraigadas en nuestros modos de pensar y de vivir. Qohelet es una invitación a repensar las cosas desde otro punto de vista.
Recuerdo que hace unos años, cuando daba clases en el instituto, pasé a algunos alumnos este texto bíblico despojándolo de sus pocas referencias a Dios y a los lugares, personas y hechos sagrados. Nadie de los alumnos cayó en la cuenta de que era un texto bíblico, y a todos les pareció sorprendente y muy actual.
Recoge las experiencias, las reflexiones, los consejos e invitaciones de este sabio, de este crítico, -religioso, pero abierto a diversas corrientes externas-.
De Qohelet se ha dicho tanto como que es pesimista, escéptico, nihilista, cínico, fatalista… como lo contrario, optimista, vitalista, entusiasta de la alegría, crítico, inconformista, innovador… Lo sorprendente como dice Menchén es que cada uno de estos calificativos puede tener una parte de verdad, aunque ninguno define por sí solo al autor y a su obra. Más bien es un hombre honesto, realista y lúcido que desde su experiencia personal, descubre los límites de las ideas y las ideologías, incluso las religiosas, que le circundan y afronta decidido el gran reto, la gran aventura de la vida.
Es difícil hacer un resumen del Libro, lo mejor es acercarse a él y leerlo sin prejuicios.
Por cierto, si algún estudiante lee este post, Eclesiastés 12,12, dice lo siguiente:
Escribir muchos libros es cosa de nunca acabar, y estudiar demasiado daña la salud.
Es verdad y es Palabra de Dios, pero tomádselo sólo en su justa medida, eh.
Un saludo a todos. Ex corde.
Septiembre 26, 2008 at 10:04 pm
A mi también me gusta mucho el Eclesiatés, tiene un estilo muy peculiar y unas sentencias con “miga”. La lectura de hoy, viernes, me invita a dar a cada momento de la vida su propio sentido, es decir, a vivir presente en el presente, sin perder de vista al Autor de todos los tiempos.”Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol”…
… “El hizo todas las cosas apropiadas a su tiempo, pero también puso en el corazón del hombre el sentido del tiempo pasado y futuro, sin que el hombre pueda descubrir la obra que hace Dios desde el principio hasta el fin”.
¡Precioso! ¿No os parece?
¿Para que afanarse tanto y desear cambios tan rápidos y exagerados? Os invito a vivir a “tope” cada momento presente, admirándonos de la grandeza de todo lo que sucede, y dejando a Dios ser Dios en nuestro mundo.
Facundo: animo con todas las cosas que traes entre manos; sigue con la fuerza y entrega que manifiestas hasta ahora. Yo sigo orando por tí y todo lo tuyo.