Las obras de la sacristía y de los despachos, la programación de la catequesis, con más de ochenta catequistas y casi setecientos niños, atender a unos y otros, los cursillos prematrimoniales, el comienzo del curso… Todo hace que estos días estén siendo de un auténtico ajetreo en la Parroquia. Y sin embargo pocas veces he sentido la mano de Dios sobre mi comunidad como en estos días.

Me siento pobre y vulnerable, y sin embargo auténticamente agraciado. Ha habido momentos rayanos el agobio y la impotencia, con auténtico cansancio físico y mental; y sin embargo todo está saliendo perfectamente.

No puedo sino dar las gracias a Dios… y a todos mis feligreses. Hoy lo he dicho con auténtica emoción en la homilía. Es justo y necesario, porque donde mi pobreza no llega… llega la riqueza de los cristianos, de la COMUNIDAD.

Gracias a los trabajadores de las obras: Antonio, Pedro y Tomás; Santi y Juande; Eduardo y su padre; al fontanero, a Paco el tapicero y a Óscar, aunque todavía no me ha traído las puertas ni los muebles… todo llegará.

Gracias a las “martas” haciendo ese esfuerzo tan grande por limpiar el polvo todos los días, haciendo que la iglesia y sus dependencias reluzcan a pesar de las obras: Carmen y su cuñada, María Jesús, que tantos ánimos me da, Lola, Encarna, Ascensión… y el otro día María Luisa… Y no sólo quitando el polvo, sino el cemento y la pintura incrustadas en el suelo…

Gracias a los catequistas; ellos tienen el evangelio en sus ojos y en sus manos; casi todos continúan su labor en la parroquia este curso que comienza… Gracias a los chicos y chicas del coro, tan leales, tan parroquianos. Ahora se embarcan en una nueva aventura, de la mano de Antonio, -el Boni-; cantarán y tocarán al Señor en su iglesia

Gracias a los jóvenes, que el otro día me dieron una enorme alegría, apuntándose a trabajar, a gozar, a sentir… ¡Dios Santo! ¡Si cogieran el testigo!

Gracias a Alfonso y Conchi, a Nono, a Manolo, a Eduardo, a Antonio, y su familia, que con su visitas y su presencia, sus trabajos en la web y en el blog, sus consejos, sus cafés y sus cervecitas, la lotería y los carteles, el traslado de enseres… y los más precioso a nivel personal, sus palmaditas en la espalda y su amistad entrañable, me están dando tantos ánimos…

Gracias a los matrimonios. Hoy ha sido algo precioso. Ayer hubo que mover Roma con Santiago para salir airosos del comienzo de los cursillos prematrimoniales. Hoy tenía a la vez la misa y la primera charla de los mismos. No encontraba cura para la misa por las diversas ocupaciones de mis hermanos sacerdotes. Solución: buscar aprisa y corriendo una pareja que diera mi tema, y ahí estaban Pepe y María Luisa, y Carlos y Mari Carmen para salir al paso; los primeros para atender el despacho, junto con Antonio; los segundos para dar la charla mientras yo celebraba la Eucaristía…

Y gracias a las personas que cada día rezan el Rosario y celebran la Misa: Mayores, adultos y chicos…, de muchos no sé sus nombres…  y los monaguillos que de vez en cuando se pasan…  Son los que más bendiciones atraen sobre todos nosotros al implorar el amor y la misericordia de nuestro Dios. Y gracias a ti, Dolores, que mientras escribía estas palabras he recibido tu mensaje. Desde tu convento, sé que rezas por nosotros…

Todo es posible porque donde no alcanza mi pobreza, llega la riqueza de mis hermanos y feligreses. Todo es posible porque hay Comunidad, más allá de personalismos, y porque el Espíritu alienta a la sombra de la Peña de Martos.

Poco a poco la Parroquia se despereza del letargo del verano. Poco a poco la Asunción se levanta…