Señor, ayer escuchaba en la lectura del evangelio (Lc 5,1-11) esa invitación tuya a “remar mar adentro” para después echar las redes y pescar. Al comienzo del nuevo curso, y antes de echar las redes, nos dices que nos situemos ante ti, que hagamos un ejercicio de sinceridad para contigo y con nosotros mismos, que caigamos en la cuenta de que lo importante eres tú, y solo tú.

 Remar mar adentro… ser capaces y valientes de llevar a cabo esa aventura interior, esa búsqueda de tu rostro en nuestras almas, ese soplo de tu espíritu en nuestras mentes y corazones.

Remar mar adentro… oración, interioridad, piedad auténtica, nada de falsedades, nada de autoprotagonismos… remar mar adentro para descubrir lo verdaderamente importante, al verdaderamente importante: TÚ.

Señor, no puedo dejar de repasar en mi mente las palabras del querido Juan Pablo II al comienzo de este milenio: “las experiencias vividas deben suscitar en nosotros un dinamismo nuevo, empujándonos a emplear el entusiasmo experimentado en iniciativas concretas. Jesús mismo nos lo advierte: «Quien pone su mano en el arado y vuelve su vista atrás, no sirve para el Reino de Dios» (Lc 9,62). En la causa del Reino no hay tiempo para mirar para atrás, y menos para dejarse llevar por la pereza. Es mucho lo que nos espera y por eso tenemos que emprender una eficaz programación pastoral postjubilar.

Sin embargo, es importante que lo que nos propongamos, con la ayuda de Dios, esté fundado en la contemplación y en la oración. El nuestro es un tiempo de continuo movimiento, que a menudo desemboca en el activismo, con el riesgo fácil del «hacer por hacer». Tenemos que resistir a esta tentación, buscando «ser» antes que «hacer». Recordemos a este respecto el reproche de Jesús a Marta: «Tú te afanas y te preocupas por muchas cosas y sin embargo sólo una es necesaria» (Lc 10,41-42).” (NMI, 15)

Ahora, Señor, comienza un nuevo curso pastoral. Cuando la tentación del activismo apriete en mi mente, párame, para mirarte, para escucharte… cuando la tentación de la pereza me domine, levántame, para remar, para pescar, para bregar…

Por tu palabra echaré las redes