Hoy, 29 de septiembre, la Iglesia celebra la memoria de San Miguel, San Gabriel y San Rafael, arcángeles. En nuestra parroquia de la Asunción de Martos, de un modo especial tenemos la fiesta de San Miguel.
En el Llanete, en ese lugar de encuentro entre el Martos viejo y el Martos nuevo, se levanta la ermita de San Miguel. El lugar es muy especial: es en esa zona donde se encontró el magnífico sarcófago de Martos, muy probablemente perteneciente uno de los antiguos obispos de Tucci; por tanto nos remontamos a un lugar significativo de la primera presencia cristiana no solo en nuestro pueblo, sino en toda la Diócesis de Jaén y en España. Me gustaría tener tiempo para adentrarme un poco más en esta gran historia.
La ermita actual es del siglo XVI-XVII, pero muy remodelada a lo largo del tiempo y magníficamente restaurada hace unos años por ese grupo de hombres y mujeres, que con toda valentía y contra corriente, movidos por su amor al arte, al patrimonio y a la cultura de nuestro pueblo se empeñaron, -y consiguieron-, evitar la desaparición de esta joyita de Martos. Gracias a todos ellos y a todo el pueblo de Martos.
La ermita de San Miguel es también el origen de esta comunidad parroquial de La Asunción. Fue su primer templo en aquellos primeros años 70 del siglo pasado cuando por decreto del entonces obispo de Jaén D. Félix Romero Mengíbar se creo esta parroquia. Su primer párroco nuestro querido D. Francisco Pérez Pinel. Me emociono cuando escucho hablar de aquella época a D. Francisco o a cualquiera de los feligreses que llevaron a cabo la tarea de alumbrar y empezar a poner las bases de esta comunidad. En buena medida hoy somos lo que ellos alumbraron en San Miguel.
También he instado en alguna ocasión a Pepe Cuesta, a Pepe “Churripa” y a Néstor el de la churrería, junto con todos los demás, que pongan por escrito sus recuerdos y anécdotas acerca de los trabajos de restauración de la misma, para que no se pierda su testimonio y todos tengamos un ejemplo de cómo actuar en casos similares.
La imagen del arcángel san Miguel nos puede parecer extraña a la mentalidad actual, sin embargo es toda una catequesis acerca del “combate cristiano”. Miguel, en hebreo significa “Quién como Dios”. Se le nombra tres veces en la Sagrada Escritura, en textos de género apocalíptico del Antiguo y del Nuevo Testamento.
En el capítulo 12 del libro de Daniel a donde se dice: “Al final de los tiempos aparecerá Miguel, al gran Príncipe que defiende a los hijos del pueblo de Dios. Y entonces los muertos resucitarán. Los que hicieron el bien, para la Vida Eterna, y los que hicieron el mal, para el horror eterno“.
En el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis se cuenta lo siguiente: “Hubo una gran batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra Satanás y los suyos, que fueron derrotados, y no hubo lugar para ellos en el cielo, y fue arrojada la Serpiente antigua, el diablo, el seductor del mundo. Ay de la tierra y del mar, porque el diablo ha bajado a vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo“.
En la Carta de San Judas se dice: “El Arcángel San Miguel cuando se le enfrentó al diablo le dijo: ‘Que te castigue el Señor’“.
Así, Miguel, es considerado el Jefe de los ejércitos celestiales en su lucha contra el mal. Por eso se le representa como soldado, con la espada en alto, venciendo al dragón o serpiente, símbolo de Satanás o del mal. Para nosotros es una invitación a vencer nuestras tentaciones, a hacer justicia, y a poner a Dios como lo primero y principal de todo, amándolo sobre todas las cosas.
Cuando vayamos a esa ermita en el Llanete, vayamos a sabiendas de que pisamos un lugar cargado de historia y de fe, de trabajo y de ilusión; un lugar que reclama nuestros orígenes cristianos y abierto al futuro de ese cielo nuevo y esa tierra nueva donde habita la justicia.






