Septiembre 2008


Hoy, 29 de septiembre, la Iglesia celebra la memoria de San Miguel, San Gabriel y San Rafael, arcángeles. En nuestra parroquia de la Asunción de Martos, de un modo especial tenemos la fiesta de San Miguel.

En el Llanete, en ese lugar de encuentro entre el Martos viejo y el Martos nuevo, se levanta la ermita de San Miguel. El lugar es muy especial: es en esa zona donde se encontró el magnífico sarcófago de Martos, muy probablemente perteneciente uno de los antiguos obispos de Tucci; por tanto nos remontamos a un lugar significativo de la primera presencia cristiana no solo en nuestro pueblo, sino en toda la Diócesis de Jaén y en España. Me gustaría tener tiempo para adentrarme un poco más en esta gran historia.

La ermita actual es del siglo XVI-XVII, pero muy remodelada a lo largo del tiempo y magníficamente restaurada hace unos años por ese grupo de hombres y mujeres, que con toda valentía y contra corriente, movidos por su amor al arte, al patrimonio y a la cultura de nuestro pueblo se empeñaron, -y consiguieron-, evitar la desaparición de esta joyita de Martos. Gracias a todos ellos y a todo el pueblo de Martos.

La ermita de San Miguel es también el origen de esta comunidad parroquial de La Asunción. Fue su primer templo en aquellos primeros años 70 del siglo pasado cuando por decreto del entonces obispo de Jaén D. Félix Romero Mengíbar se creo esta parroquia. Su primer párroco nuestro querido D. Francisco Pérez Pinel. Me emociono cuando escucho hablar de aquella época a D. Francisco o a cualquiera de los feligreses que llevaron a cabo la tarea de alumbrar y empezar a poner las bases de esta comunidad. En buena medida hoy somos lo que ellos alumbraron en San Miguel.

También he instado en alguna ocasión a Pepe Cuesta, a Pepe “Churripa” y a Néstor el de la churrería, junto con todos los demás, que pongan por escrito sus recuerdos y anécdotas acerca de los trabajos de restauración de la misma, para que no se pierda su testimonio y todos tengamos un ejemplo de cómo actuar en casos similares.

La imagen del arcángel san Miguel nos puede parecer extraña a la mentalidad actual, sin embargo es toda una catequesis acerca del “combate cristiano”. Miguel, en hebreo significa “Quién como Dios”. Se le nombra tres veces en la Sagrada Escritura, en textos de género apocalíptico del Antiguo y del Nuevo Testamento.

En el capítulo 12 del libro de Daniel a donde se dice: “Al final de los tiempos aparecerá Miguel, al gran Príncipe que defiende a los hijos del pueblo de Dios. Y entonces los muertos resucitarán. Los que hicieron el bien, para la Vida Eterna, y los que hicieron el mal, para el horror eterno“.

En el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis se cuenta lo siguiente: “Hubo una gran batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra Satanás y los suyos, que fueron derrotados, y no hubo lugar para ellos en el cielo, y fue arrojada la Serpiente antigua, el diablo, el seductor del mundo. Ay de la tierra y del mar, porque el diablo ha bajado a vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo“.

En la Carta de San Judas se dice: “El Arcángel San Miguel cuando se le enfrentó al diablo le dijo: ‘Que te castigue el Señor’“.

Así, Miguel, es considerado el Jefe de los ejércitos celestiales en su lucha contra el mal. Por eso se le representa como soldado, con la espada en alto, venciendo al dragón o serpiente, símbolo de Satanás o del mal. Para nosotros es una invitación a vencer nuestras tentaciones, a hacer justicia, y a poner a Dios como lo primero y principal de todo, amándolo sobre todas las cosas.

Cuando vayamos a esa ermita en el Llanete, vayamos a sabiendas de que pisamos un lugar cargado de historia y de fe, de trabajo y de ilusión; un lugar que reclama nuestros orígenes cristianos y abierto al futuro de ese cielo nuevo y esa tierra nueva donde habita la justicia.

 

 

Si recordáis, el domingo pasado Jesús nos explicaba como era de “extraño” a nivel humano nuestro Dios que daba a todos la misma paga de gloria, aunque unos hubiesen trabajado más que otros en su viña.

Este domingo, sin embargo, Jesús nos invita, con la parábola de los dos hijos a caer en la cuenta de cual es nuestra responsabilidad personal y cómo debemos responder a la invitación de Dios con un sí generoso y efectivo.

El Señor nos da su lección hablándonos de aquellos dos hijos que son requeridos por el padre para ir a trabajar en la viña. El primero dice “no”, pero después arrepintiéndose va; el segundo dice “sí” pero al final no acude. La pregunta de Jesús ante esa situación: ¿quién de los dos hizo lo que quería el padre? La respuesta la dan los sacerdotes y ancianos del pueblo: el primero, que aún siendo díscolo, responde al final a ese requerimiento. Con esta parábola el Señor desenmascara la actitud de los sacerdotes y ancianos del pueblo que considerándose los buenos, los elegidos, rechazan la posibilidad del amor de Dios por los que no son como ellos y por tanto la posibilidad de salvación de los pecadores.

A nosotros esta parábola nos enseña dos cosas fundamentales:

- La misericordia de Dios, que no mira nuestros pecados, sino más bien nuestro arrepentimiento y nuestras ganas de crecer humana y cristianamente. Es lo que hemos escuchado en la primera lectura: cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Ciertamente la realidad del pecado está ahí, pero no es una realidad que nosotros no podamos superar con la gracia de Dios, ni es ante todo una realidad que Dios no pueda perdonar. Se trata de que recapacitemos, -dice el profeta Ezequiel- y nos convirtamos.

- El Evangelio es también una invitación a revisar nuestras actitudes, la autenticidad de nuestros compromisos, la veracidad de nuestros sies y de nuestros noes. A Dios hay muchas veces que le decimos “sí” pero luego no cumplimos. Hemos sido bautizados, incluso celebramos habitualmente la eucaristía, pero ¿realmente eso se trasluce luego en nuestra vida cotidiana? Recordad aquello que también dijo Jesús en el sermón del monte: “no todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo” Ahí está esa masa enorme de personas que se dicen cristianos no practicantes, pero ¿es realmente posible ser cristiano y no practicar? Quien pone su mano en el arado y echa la vista atrás no es digno de mí –dijo el Señor-.

San Pablo, en la segunda lectura, nos ofrece un motivo de alegría para el apóstol: que los cristianos se mantengan unánimes y concordes en un mismo amor y un mismo sentir, no obrando por envidia ni ostentación, sino dejándose guiar por la humildad…

El modelo de vida que presenta Pablo es el mismo Jesucristo; así la identidad cristiana radica en una existencia en los sentimientos propios de una vida en Cristo, el cual se abajó sobre todo, para ser elevado como Señor de todo. Como diría el Apocalipsis Jesucristo es el “amén”, el “sí” de Dios a la humanidad. Con su obediencia ha restaurado aquellos dones que por nuestros pecados habíamos perdido.

Hermanos, tomando la lección de esta Palabra, seamos auténticos y sinceros, responsables y coherentes en nuestra respuesta a Dios. Que nuestro sí sea sí, y que en todo tengamos a Jesucristo como modelo.

Ayer comenzábamos en la lectura continua de la misa a escuchar el mensaje de Qohelet, el libro del Eclesiastés. Reconozco que es de mis favoritos porque, además de ser una auténtica joya literaria, este libro del Antiguo Testamento es como un contrapunto provocador, desconcertante, crítico y paradógico en el mismo.

Vanidad de vanidades, todo es vanidad… y caza de vientos. Así comienza este libro del s. III a.C. que, en su búsqueda de la verdad y del sentido de la vida, pone en crisis la tradicional sabiduría religiosa de Israel y, a veces, nuestras propias convicciones tan “correctas”, tan  monótonas, tan arraigadas en nuestros modos de pensar y de vivir. Qohelet es una invitación a repensar las cosas desde otro punto de vista.

Recuerdo que hace unos años, cuando daba clases en el instituto, pasé a algunos alumnos este texto bíblico despojándolo de sus pocas referencias a Dios y a los lugares, personas y hechos sagrados. Nadie de los alumnos cayó en la cuenta de que era un texto bíblico, y a todos les pareció sorprendente y muy actual.

Recoge las experiencias, las reflexiones, los consejos e invitaciones de este sabio, de este crítico, -religioso, pero abierto a diversas corrientes externas-.

De Qohelet se ha dicho tanto como que es pesimista, escéptico, nihilista, cínico, fatalista… como lo contrario, optimista, vitalista, entusiasta de la alegría, crítico, inconformista, innovador… Lo sorprendente como dice Menchén es que cada uno de estos calificativos puede tener una parte de verdad, aunque ninguno define por sí solo al autor y a su obra. Más bien es un hombre honesto, realista y lúcido que desde su experiencia personal, descubre los límites de las ideas y las ideologías, incluso las religiosas, que le circundan y afronta decidido el gran reto, la gran aventura de la vida.

Es difícil hacer un resumen del Libro, lo mejor es acercarse a él y leerlo sin prejuicios.

Por cierto, si algún estudiante lee este post, Eclesiastés 12,12, dice lo siguiente:

Escribir muchos libros es cosa de nunca acabar, y estudiar demasiado daña la salud.

Es verdad y es Palabra de Dios, pero tomádselo sólo en su justa medida, eh.

Un saludo a todos. Ex corde.

Ayer comenzaba mis clases en este nuevo curso en el Seminario Diocesano de Jaén. Sigo con las mismas asignaturas en segundo de filosofía: Orígenes del cristianismo e Introducción a la Teología. En principio iba a dar también un seminario sobre valores humanos a los chavales nuevos de Introductorio, pero este año no hay nadie en este curso desgraciadamente. En julio pasado fueron ordenados cinco nuevos sacerdotes en Jaén, y sólo  uno nuevo ha entrado en el Seminario para este curso.

Antes que nada hay que dar gracias a Dios por este muchacho nuevo, -Antonio de Villacarrillo-, al que conocí hace muchos años cuando era coadjutor en aquella maravillosa parroquia de la Asunción de Villacarrillo. ¡Qué tiempos aquellos! ¡Qué recuerdos!

Pero también hay que plantearse la cuestión: ¿qué está pasando para que suframos un descenso tan importante en las vocaciones al sacerdocio en nuestra Diócesis? Las causas se nos escapan: ciertamente hay factores externos que nos vienen dados de un ambiente nada propicio al planteamiento vocacional; pero también hay factores internos, y estos son mucho más preocupantes, que hacen que hoy por hoy no presentemos de forma atractiva el sacerdocio como modelo y programa de vida. No voy a entrar ahora en el tema, aunque agradecería las aportaciones serias de algún lector, que nos ilumine y nos ayude a entender esta realidad, y a trabajar por superarla…

Tengo este año dos alumnos: José de Jódar y Antonio de Villacarrillo. Se ven muy buena gente, y además han comenzado el curso con interés, lo cual es de agradecer. Aportan ideas y están interesados en los temas y en el diálogo en clase. Espero enseñarles algo y enriquecerlos de cara a su experiencia vocacional y al servicio que aportarán, -ya están aportando-, a la Iglesia.

Esta mañana también tuve una gran alegría al ver a Juan Carlos Torres de La Carolina después de su enfermedad. No puedo dar sino gracias a Dios por la milagrosa recuperación de este muchacho. Hemos rezado tanto y tantos por él… Es todo un modelo y un ejemplo de trabajo y de afán de superación…

Ver de nuevo a los compañeros profesores, a los colaboradores y religiosas, a todos los seminaristas, es un gran gozo. Espero retomar la semana que viene ese cafetito del recreo tan interesante con mis compañeros, y esas conversaciones tan enriquecedoras para mí siempre…

La verdad es que el Seminario es algo muy querido por mí… Mañana hará veinte años que entré yo en el mismo, y mucho han cambiado las cosas en este tiempo, unas a mejor, otras no tanto, pero ahí sigue esa casa y esa familia que es alegría y esperanza de la Iglesia Diocesana de Jaén…

Querido Amador, como lo prometido es deuda, te presento algunas fotos que hice hace un año por estas fechas desde nuestra querida Peña de Martos. Fue la primera ocasión que subí a la misma, y como podrás comprobar valió la pena el esfuerzo y el cansancio, como en tantas cosas en la vida. Ese fue uno de los atardeceres más bellos que jamás haya visto nunca. Si puedes, sube una tarde, casi a la puesta del sol, y verás qué maravilla. No me extraña que los altos, las montañas, las peñas hayan sido siempre lugares privilegiados para la construcción de ermitas y santuarios, aunque este no sea el caso, porque quien hace ese camino, y ve una puesta de sol así, se le abre el corazón y vislumbra al mismo Dios…

Acompaño esas fotos con algunos versos bíblicos o de los santos que cantan las maravillas de la creación… Personalmente pienso que el cristianismo es el mejor ecologismo…

Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras.

(San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual, 3)

 

 

Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros

(Juan 1,14)

 

 

Dios de nuestros Padres y Señor de la misericordia,
que con tu Palabra creaste el Universo,
y con tu Sabiduría formaste al hombre, para que dominase toda la creación…
dame la Sabiduría asistente de tu trono…
envíala desde el santo cielo…

(Sabiduría 9,1-2.10)

 

 

Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.

(San francisco de Asís, Cántico de las criaturas)

 

 

Y Dijo Dios: que exista la luz. Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena, y la separó de las tinieblas…

(Génesis 1,3)

 

 

¡Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del amado! ¡Oh prado de verduras, de flores esmaltado, decid si por vosotros ha pasado! 

(San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual, 4)

 

 

Mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura, y yéndolos mirando, con sola su figura vestidos los dejó de hermosura.

(San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual, 5)

 

Espero Querido Amador que te hayan gustado todas estas fotos y que contemplando las grandezas y la bellaza del mundo puedas contemplar a la vez la grandeza de nuestro Señor.

 Ex corde. Facundo

 

 

Hoy, 21 de septiembre, se celebra el Día Mundial del Alzheimer. Desde este blog quiero unirme a todas las personas que sufren esta enfermedad que afecta a millones de personas en el mundo. Pero de una manera muy especial quiero solidarizarme con sus familiares y amigos, sus cuidadores, que con tanta delicadeza y ternura son una de las mayores muestras de servicio y amor que he visto nunca…  Un fuerte abrazo también al personal sanitario y voluntariado que conoce bien el drama que supone esta enfermedad.

Los enfermos de Alzheimer hacen real de una forma realmente impactante aquellas palabras de san Pablo: “completo en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo” (Col 1,24). No puedo dejar de pensar ahora en todas esas personas que a lo largo de mi vida he tratado y que sufren esta enfermedad, familiares, amigos, feligreses… Tengo vuestros rostros en mi mente y en mi corazón y de una forma especial esta noche rezo por vosotros. Rezad vosotros también por mí, porque el Padre cuando os mira ve a su mismo Hijo Jesucristo en la cruz. En vuestra cruz os convertís en auténticos cristos para nuestro mundo.

Quiero terminar este saludo, recordando unos versos de Enrique Villagrasa, en las que recomienda amar con toda el alma a estas personas:

Los versos gritaban su nombre.
Ámala aunque no te ame,
o ¡acaso cuando vuestras miradas se engarzan
no eres feliz y te pierdes en el vértigo!
Pues, entonces… ama. Tan sólo ama.
Aunque ella nada grite y todo calle,
ten por seguro que ama.
¡Ámala, aunque a ti no te ame!
Tú, la encontraste, y ella… ¿Quién sabe?

Ex corde. Facundo.

Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos oráculo  el Señor. Como el cielo es más grande que la tierra, mis caminos son más altos que vuestros caminos, mis planes que vuestros planes.

A veces qué difíciles y qué contradictorios nos pueden parecer los caminos del Señor, sobre todo cuando no se ajustan a nuestros caminos ni a nuestros planes. Y es que como bien expresa el profeta Isaías en la primera lectura que hemos escuchado nuestro Dios es un Dios absolutamente trascendente, grande y sorprendente, que no se ajusta a nuestras medidas. En ese sentido somos nosotros los que estamos continuamente invitados a ajustarnos a las suyas, a sus caminos, a sus planes, que son más altos que los nuestros. Somos nosotros los que debemos convertirnos y buscar continuamente al Señor, invocarlo y dejarnos seducir por él. En una mera perspectiva humana esto nos puede parecer desconcertante, sin embargo, los cristianos sabemos que sólo en Dios tenemos el reflejo más auténtico de nuestro ser. Abrahán en el Antiguo Testamento tiene esta experiencia: es invitado a salir de su tierra y a dirigirse a la tierra que el Señor le mostrará. Ahí encontrará su verdadera identidad y consistencia. Ahí se realizará humanamente hablando. Esto sólo es posible desde la perspectiva de la fe.

El Evangelio es un ejemplo de ese actuar sorpresivo de nuestro Dios. Jesús propone en la parábola el ejemplo del señor de la viña que es Dios, los trabajadores que somos nosotros, la viña que es nuestro mundo y nuestra iglesia. Continuamente, a distintas horas del día, Dios sale al paso de los hombres para invitarlos a trabajar en su viña, de tal forma que al final de la jornada unos han trabajado más que otros. En el momento de cobrar la paga aparecen los cálculos humanos: los que han trabajado más consideran que recibirán más. Cuando no es así viene la protesta contra el señor de la viña; ya no recuerdan el salario en el que se habían ajustado. Realmente en su mente brilla más la envidia que la justicia. Eso también nos pasa con frecuencia a nosotros, y por tanto debemos examinar los motivos auténticos que nos mueven en nuestras decisiones e ideas.

El evangelio es una invitación a que caigamos en la cuenta de que Dios llama a todos y se sirve de diversos caminos para que trabajemos todos de diversos modos en su viña, en su iglesia, en la sociedad. No hay privilegios ni derechos adquiridos por ser primeros. La paga es para todos igual y saciará a todos infinitamente porque el amor de Dios es infinito. Su paga es la gloria.

Traslademos esto a nuestra vida cotidiana, o a la vida de nuestra comunidad; caeremos en la cuenta de que todos los ministerios, todos los servicios en la parroquia son importantes, aunque humanamente pensemos que unos brillan más que otros. No es así en el corazón de Dios ni debería serlo en el nuestro. Nuestro compromiso entonces más que mirar al otro de perfil debe ser entregarnos totalmente según nuestras capacidades y posibilidades. Dios, que es bueno y está cerca de los que lo invocan, nos pagará de forma plena. Así lo hizo san Pablo por su comunidad, tal como hemos escuchado en la segunda lectura. Su vida era Cristo, y eso se traducía en un amor y en una entrega total por su comunidad para conseguir que todos llevasen una vida digna del Evangelio de Cristo.

Nosotros, si nos llama el Señor, en cualquier momento, acudamos a su viña, que tendremos a buen seguro la paga de la gloria.

Dicen que en cierta ocasión un invitado un poco inocente de Juan XXIII admirado por la bondad del  papa se atrevió a contarle delante de otros invitados un chiste que corría por la ciudad de Roma en torno a su persona. No sé qué chiste sería. El papa bueno comenzó a reírse diciendo que algo muy parecido a la jovial anécdota le había pasado realmente en su sede de Venecia. Tengo que buscar un libro fenomenal donde se narran cantidad de anécdotas sabrosísimas y muy instructivas del buen papa Juan.

La verdad es que a los curas nos pasa de todo. Tanto que aquellas pelis tan entrañables de D. Camilo y D. Pepone o aquella serie de hace unos años de Ay, Señor, Señor se quedaban cortas.

Yo me he reído muchísimo escuchando las anécdotas en la vida de mis hermanos sacerdotes. Ahí tenéis por ejemplo al bendito de D. José Checa, que tiene para dar y contar. La pena es que yo no tengo ese gracejo como para contar las mías, pero también las tengo.

Así que pensando cómo solucionar ese tema de lo “serio” que está siendo este blog, he pensado crear una nueva categoría sobre chismes y anécdotas de curas. En la que vosotros y vosotras colaboréis con vuestras aportaciones…

 

Pero hay que poner lógicamente condiciones, si no esto podría derivar en Dios sabe qué, y tampoco es el caso.

Así que ahí van las primeras normas para vuestros comentarios, que de no cumplirse, lógicamente no serán publicados o serán rápidamente eliminados:

1.- El fin de esta sección es reírse en plan sano y no criticar a nadie. Así que se permiten chistes y chismes graciosos y constructivos. Se eliminarán aquellos que no lo sean. En nuestro argot irán al infierno.

2.- En el caso de ser chismes de historias auténticas, no se podrán poner nombres reales de los protagonistas, así que id pensando en pseudónimos. No creo que os cueste tanto, ya que vaya nombres utilizáis a veces…

3.- Se permiten también chistes de monjas y monaguillos, pero en las mismas condiciones que las de los curas. De frailes y eso, no sé, ya veremos… (estos es que son más raros…).

4.- ¿Chistes picantes? No. Bueeeeno, sólo hasta el nivel “S”. Los  chistes “X” irán directamente al infierno.

5.- No soy directamente responsable de lo que aquí se diga en las primeras 24 horas posteriores a su publicación. Como comprenderéis necesito un tiempo para censurar.

6.- Con la experiencia me permitiré cambiar y/o poner nuevas normas. Espero no tener que hacerlo, que luego decís que tengo muchas leyes.

 

Tened en cuenta una cosa: los curas y las monjas, por lo general, somos buena gente. –Bueno hay alguna excepción, pero de las excepciones no hablaremos aquí-. Que somos humanos y apañaos se tiene que notar en lo que digáis. Todo con mucho respeto y cariño.

Espero que no me saquéis los pies del plato y que esta sección no se convierta en la más visitada del blog. Podemos crear un cierto morbillo, pero si alguno se pasa de gracioso, le meto un spam. ¿Queda claro?

Yo, como no sé contar chistes, de vez en cuando os contaré alguna anécdota mía o de algún compañero…

En fin, espero vuestros chistes. Vamos a relajarnos y a ver cómo andamos de sentido del humor…

Hola Amador. Perdona mi retraso esta semana en escribirte, pero como habrás podido comprobar por los post anteriores he estado un poco ocupadillo. Y menos mal que además de la ayuda de los fieles también tenemos la ayuda de los ordenadores, Internet, y todas estas cosas que nos ayudan tanto –también a los curas–. Aunque llevo un par de días que la conexión a Internet no me va.

Yo la verdad es que reconozco que en todo esto soy un profano. Toqué por primera vez un ordenador en el Instituto en 1984; era un spectrum de aquellos que enchufabas a la televisión y hacía rayitas. ¡Quién iba a decir que ese aparato se iba a desarrollar tanto y que lo íbamos a tener de ineludible instrumento de trabajo y de ocio…! Mi primer ordenador lo tuve en 1993 cuando me fui a la Facultad de teología de Valencia y ya lo necesitaba para hacer trabajos y apuntes. En ese momento descubrí el Microsoft Word, quiero recordar que el 2.0, y me parecía supermoderno, porque hasta ese momento yo solo había manejado, y poco, el MSDos y el Word Perfect. Éramos trogloditas telemáticos.

Nunca hice un cursillo de informática, así que lo que sé ha sido todo autodidacta, con lo cual ya comprenderás mis enormes lagunas y lo loco que me vuelvo cuando me hablas de gigas, Kb’s, routers, pendrives, puertos usb, htpp, bytes, gigabytes, firewires, y demás… Todo eso me suena a chino, de ahí las caras que te pongo… Yo solo sé que le das a una tecla, y sale lo que esa tecla significa, pero no me pidas que te explique cómo. Parece cosa de brujería.

Me conecté a Internet en el año 2000, y ¡mira como han cambiado la red desde entonces, eh! Mi primer portátil lo compré para la parroquia de san Bartolomé de Andujar, y cuando iban los novios o cualquier persona a la parroquia y me veían con el ordenador decían: ¡Pero qué cura más moderno! Y yo pensaba para mis adentros: ¡Si supieran para lo que lo utilizo…! Nunca aprendí a manejar correctamente el acces y ni un simple programa de gestión parroquial… Hacía algunas cosillas, pero todas de risa… Eso sí, las hojas parroquiales y los documentos con dibujitos, eso lo llevaba perfectamente. Los monaguillos o los jóvenes eran los que realmente manejaban aquello, tanto que al final fue mi querido amigo Fran, que era como mi hermano, el que llevaba el portátil y las “cosas raras” de la parroquia.

Aquí en Martos aprendí rápido lo del space y lo del blog, pero la web todavía me da miedo ni siquiera tocarla, porque seguro que la estropeo como el otro día. Eso sí, la gestión ya está casi toda informatizada…

Y fíjate: hoy estoy sin Internet en casa y en la parroquia por una avería, y estoy realmente intranquilo y nervioso. Igual es una tontería, pero ya he tenido que llamar al técnico. Espero que me la solucionen pronto. Hay que ver Amador lo que envicia esto y lo dependientes que a veces nos hace.

Todo esto es un instrumento buenísimo que nos facilita la vida, la comunicación, el ocio, y el trabajo. Hoy por hoy no entenderíamos nuestro mundo sin estos avances… son geniales también para la evangelización. Yo estoy seguro que de haberlos tenido san Pablo, san Agustín o Santo Tomás los habrían utilizado. ¿Te imaginas lo que habría sido un san Agustín o un san Isidoro con ordenador?

Como decía Juan Pablo II «La Iglesia advierte que el uso de las técnicas y tecnologías de comunicación contemporáneas forman parte de su propia misión en el tercer milenio». Y este blog, en su humildad, pues ya está dando sus resultados.

Pues para eso estamos con estas cosas. De todas formas pienso que es un instrumento, nada más y nada menos que un instrumento, una herramienta necesaria, nunca un fin. Lo que nos hace mejores no son las máquinas, sino el corazón. No solamente necesitamos un progreso técnico, sino un progreso en el alma ¿no crees?

Ex corde, Facundo

Las obras de la sacristía y de los despachos, la programación de la catequesis, con más de ochenta catequistas y casi setecientos niños, atender a unos y otros, los cursillos prematrimoniales, el comienzo del curso… Todo hace que estos días estén siendo de un auténtico ajetreo en la Parroquia. Y sin embargo pocas veces he sentido la mano de Dios sobre mi comunidad como en estos días.

Me siento pobre y vulnerable, y sin embargo auténticamente agraciado. Ha habido momentos rayanos el agobio y la impotencia, con auténtico cansancio físico y mental; y sin embargo todo está saliendo perfectamente.

No puedo sino dar las gracias a Dios… y a todos mis feligreses. Hoy lo he dicho con auténtica emoción en la homilía. Es justo y necesario, porque donde mi pobreza no llega… llega la riqueza de los cristianos, de la COMUNIDAD.

Gracias a los trabajadores de las obras: Antonio, Pedro y Tomás; Santi y Juande; Eduardo y su padre; al fontanero, a Paco el tapicero y a Óscar, aunque todavía no me ha traído las puertas ni los muebles… todo llegará.

Gracias a las “martas” haciendo ese esfuerzo tan grande por limpiar el polvo todos los días, haciendo que la iglesia y sus dependencias reluzcan a pesar de las obras: Carmen y su cuñada, María Jesús, que tantos ánimos me da, Lola, Encarna, Ascensión… y el otro día María Luisa… Y no sólo quitando el polvo, sino el cemento y la pintura incrustadas en el suelo…

Gracias a los catequistas; ellos tienen el evangelio en sus ojos y en sus manos; casi todos continúan su labor en la parroquia este curso que comienza… Gracias a los chicos y chicas del coro, tan leales, tan parroquianos. Ahora se embarcan en una nueva aventura, de la mano de Antonio, -el Boni-; cantarán y tocarán al Señor en su iglesia

Gracias a los jóvenes, que el otro día me dieron una enorme alegría, apuntándose a trabajar, a gozar, a sentir… ¡Dios Santo! ¡Si cogieran el testigo!

Gracias a Alfonso y Conchi, a Nono, a Manolo, a Eduardo, a Antonio, y su familia, que con su visitas y su presencia, sus trabajos en la web y en el blog, sus consejos, sus cafés y sus cervecitas, la lotería y los carteles, el traslado de enseres… y los más precioso a nivel personal, sus palmaditas en la espalda y su amistad entrañable, me están dando tantos ánimos…

Gracias a los matrimonios. Hoy ha sido algo precioso. Ayer hubo que mover Roma con Santiago para salir airosos del comienzo de los cursillos prematrimoniales. Hoy tenía a la vez la misa y la primera charla de los mismos. No encontraba cura para la misa por las diversas ocupaciones de mis hermanos sacerdotes. Solución: buscar aprisa y corriendo una pareja que diera mi tema, y ahí estaban Pepe y María Luisa, y Carlos y Mari Carmen para salir al paso; los primeros para atender el despacho, junto con Antonio; los segundos para dar la charla mientras yo celebraba la Eucaristía…

Y gracias a las personas que cada día rezan el Rosario y celebran la Misa: Mayores, adultos y chicos…, de muchos no sé sus nombres…  y los monaguillos que de vez en cuando se pasan…  Son los que más bendiciones atraen sobre todos nosotros al implorar el amor y la misericordia de nuestro Dios. Y gracias a ti, Dolores, que mientras escribía estas palabras he recibido tu mensaje. Desde tu convento, sé que rezas por nosotros…

Todo es posible porque donde no alcanza mi pobreza, llega la riqueza de mis hermanos y feligreses. Todo es posible porque hay Comunidad, más allá de personalismos, y porque el Espíritu alienta a la sombra de la Peña de Martos.

Poco a poco la Parroquia se despereza del letargo del verano. Poco a poco la Asunción se levanta…

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