Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy son su reacción al abandono por parte del joven rico. Jesús no rebaja su mensaje en aras a tener más discípulos, de ahí el espanto de los discípulos: “entonces ¿quién puede salvarse?”. Espanto que a veces sufrimos también nosotros cuando decimos que si la Iglesia es muy dura, que no se adapta a los tiempos, que si está desfasada, que si… Nosotros, como Jesús, no debemos rebajar las exigencias del evangelio, primero porque el Evangelio no es nuestro, sino de Dios, y segundo porque edulcorarlo, descafeinarlo o descomponerlo solo lleva a su descrédito. Pruebas de ello tenemos bastantes. No se trata de mundanizar el evangelio, sino de evangelizar el mundo. A nosotros nos queda ser fieles; como dice Jesús “Dios lo puede todo” y nosotros con él: “Todo lo puedo en aquel que me conforta” dice san Pablo. Por tanto, es posible ser santos, pero sólo firmemente arraigados en Dios, de otro modo imposible.
Frente al abandono del joven rico, Pedro, en nombre de los discípulos dice: “nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Es el ejemplo positivo de la enseñanza. Jesús le recordará el premio al desprendimiento: cien veces más y la herencia de la vida eterna en el día de la renovación. ¡Cuánta fe y cuanta esperanza hay que tener para advertir la verdad de estas palabras de Jesús!
Desde mi experiencia personal, reconozco que a veces me pasa como al joven rico, que no se desprenderme de tantas cosas y afectos, por tanto no encuentro la libertad ni la alegría plenas; pero por otra parte, cuando lo he hecho, la apertura del corazón y la satisfacción son enormes, y confieso que crezco en libertad. Es una alegría indescriptible. Así, sólo desde la experiencia vivida, podemos entender las palabras de Jesús y lo enormemente positivo del desprendimiento por el Reino de los cielos. En conclusión: Fiarnos de Jesús, seguir sus huellas.
Agosto 19, 2008 at 10:52 am
Lo que he leido me ha dejado a cuadros… es como decir nosotros no nos adaptamos que se adapten ellos a nosotros… es lo que hace la iglesia… mantenerse siempre en lo mismo ¿no? y me pregunto yo… ¿qué malo tiene adaptarse a los tiempos que corren? no se trata de descafeinar los Evangelios, sino hacerlos actuales…
Agosto 19, 2008 at 11:18 am
Para este mundo tan materialista como en el que vivimos es dificil llevar a cabo las reglas y la forma de vida del evangelio, la verdad que dá pena algunas personas cuando critican el evangelio o a la Iglesia pero más pena me da cuando critican a los que lo aceptan y estos por miedo no la defienden.
Saludos!!
Agosto 19, 2008 at 1:40 pm
Gracias amigos Dis Pater y Serchase por vuestras aportaciones. Poco a poco el blog empieza a servir de medio de diálogo, y eso es muy bueno.
Amigo Serchase, llevas toda la razón en cuanto dices, a veces somos timoratos, es normal, los cristianos somos humanos y vivimos en condiciones no siempre fáciles, como tú dices, para la vivencia auténtica del Evangelio. Yo soy el primer timorato en muchas ocasiones, entonces recuerdo lo que pasó con Pedro cuando negó al Señor tres veces, y despues el Señor le preguntó si lo amaba, y es que EL AMOR VENCE AL MIEDO…
Querido Dis Pater, amigo, creo que no me has entendido en que he escrito o no me he expresado suficientemente bien, perdona. Claro que la Iglesia debe adaptarse a los nuevos tiempos, pero eso no significa perder su esencia; claro que podremos perder muchas cosas, pero nunca debemos perder el horizonte: es Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. La Iglesia propone, no impone ese mensaje. Lo hace apelando a la libertad de las personas, a su busqueda de la felicidad y a su coherencia personal (por algo se alejó el joven rico de Jesús, como nosotros muchas veces). La iglesia no permanece incólume, es sensible, le duelen las personas y las situaciones, pero debe ser honrada consigo misma y sobre todo con el Señor. Claro que los cristianos fallamos muchas veces, lo sabes bien, que a veces no somos coherentes e incluso caemos en la hipocresía, porque como dice san Pablo, este tesoro (el Evangelio) lo llevamos en vasijas de barro (que somos nosotros). Pero tambien hay muchísimos cristianos auténticamente coherentes y dichosos, que con su forma de vida nos invitan continuamente a mejorar.
Respecto a lo que dices, quiero recordarte aquellas palabras de san Agustín: “en las cosas seguras, UNIDAD; en las dudosas, LIBERTAD; en todo, la CARIDAD”. Siguiendo con lo de la actualización del evangelio te recomiendo que leas por ejemplo el Discurso del gran Juan XXIII en la inauguración del Concilio Vaticano II: “es necesario que la Iglesia no se aparte del sacro patrimonio de la verdad, recibido de los padres; pero, al mismo tiempo, debe mirar a lo presente, a las nuevas condiciones y formas de vida introducidas en el mundo actual, que han abierto nuevos caminos para el apostolado católico”. Es lo que en aquel momento se llamó “AGGIORNAMENTO”, puesta al día, necesario siempre en la iglesia, cuyo medio era el diálogo abierto y sincero con todos como nos enseñó Pablo VI en su primera encíclica, diálogo en el que no se pierden los principios. ¿Pero hoy por hoy quién está dispuesto a dialogar de ese modo?
Agosto 21, 2008 at 3:45 pm
Siempre he creido, y aún lo hago, que la libertad no consiste en hacer lo que a uno le de la gana sino que, por el contrario, es un regalo de Dios, que no siempre utilizamos correctamente. Por el contrario, uno es verdaderamente libre cuando sabe establecer sus propios limites y saber controlar sus emociones y apetencias materiales en pro de objetivos más importantes.
Del mismo modo, esta creencia de que por si nos merecemos todo y de que todo se debe adaptar a nuestras necesidades personales o a nuestras apetencias y comodidades consideramos que instituciones, ya milenarias, como la iglesia y, en fin, el Evangelio debe de adaptarse a nuestras necesidades sin caer en la cuenta de que el mensaje de Cristo es universal e intemporal, es decir, tiene validez en todo lugar y en cualquier época.
¿Nos creemos por encima de la palabra de Cristo, que debe adaptarse a nuestras ocurrencias personales?.
Yo creo que tendriamos que ser más coherentes, y adaptarnos nosotros al mensaje del Evangelio. Si aceptamos a la iglesia, deberiamos aceptar todo, no lo que nos convenga si, y no lo que no nos convenga pedir que nos lo cambien.