Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy son su reacción al abandono por parte del joven rico. Jesús no rebaja su mensaje en aras a tener más discípulos, de ahí el espanto de los discípulos: “entonces ¿quién puede salvarse?”. Espanto que a veces sufrimos también nosotros cuando decimos que si la Iglesia es muy dura, que no se adapta a los tiempos, que si está desfasada, que si… Nosotros, como Jesús, no debemos rebajar las exigencias del evangelio, primero porque el Evangelio no es nuestro, sino de Dios, y segundo porque edulcorarlo, descafeinarlo o descomponerlo solo lleva a su descrédito. Pruebas de ello tenemos bastantes. No se trata de mundanizar el evangelio, sino de evangelizar el mundo. A nosotros nos queda ser fieles; como dice Jesús “Dios lo puede todo” y nosotros con él: “Todo lo puedo en aquel que me conforta” dice san Pablo. Por tanto, es posible ser santos, pero sólo firmemente arraigados en Dios, de otro modo imposible.

Frente al abandono del joven rico, Pedro, en nombre de los discípulos dice: “nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Es el ejemplo positivo de la enseñanza. Jesús le recordará el premio al desprendimiento: cien veces más y la herencia de la vida eterna en el día de la renovación. ¡Cuánta fe y cuanta esperanza hay que tener para advertir la verdad de estas palabras de Jesús!

Desde mi experiencia personal, reconozco que a veces me pasa como al joven rico, que no se desprenderme de tantas cosas y afectos, por tanto no encuentro la libertad ni la alegría plenas; pero por otra parte, cuando lo he hecho, la apertura del corazón y la satisfacción son enormes, y confieso que crezco en libertad. Es una alegría indescriptible. Así, sólo desde la experiencia vivida, podemos entender las palabras de Jesús y lo enormemente positivo del desprendimiento por el Reino de los cielos. En conclusión: Fiarnos de Jesús, seguir sus huellas.