Agosto 2008


Si recordáis en el evangelio del domingo pasado, el Señor proclamaba a Simón Pedro piedra de su iglesia. El motivo de este encargo era que Simón había confesado la fe auténtica en Jesús como Mesías e Hijo de Dios por revelación del Padre.

Sin embargo fijaos como justo después de ese acto el evangelio de este domingo nos presenta algo muy diferente. Cuando Jesús, el Mesías e Hijo de Dios, empieza a advertir a sus discípulos que tiene que padecer, morir en la cruz y resucitar, es el mismo Pedro el que intenta enmendarle la plana: eso no puede pasarte a ti –dice-. La respuesta de Jesús a Pedro es durísima, quizás la más dura del Evangelio. Literalmente dice: ponte detrás de mí, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.

¿Qué ha pasado? El discípulo que confesó la fe ahora intenta enmendarla; el que había sido aprobado y bendecido con una misión excepcional ahora es fuertemente reprendido. El motivo es que antes ha acogido la revelación del Padre, ahora se ha olvidado de ese pensamiento, para pensar como los hombres, no como Dios.

Aquí hay algo realmente importante para nosotros los cristianos: debemos pensar como Dios, no como los hombres. Porque los pensamientos de los hombres a veces son frágiles y débiles; la verdadera sabiduría se encuentra en Dios. San Pablo nos dice eso mismo en la segunda lectura: “no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto”. En estas palabras hay un profundo realismo de la condición humana, pobre en muchos aspectos, herida por el pecado, pero capaz de acoger a Dios, capaz de ser transformada, renovada, capaz de vivir en lo bueno, aunque eso conlleva ciertamente un esfuerzo. La voluntad de Dios no es siempre algo obvio, con frecuencia está escondida en los complicados pliegues de la existencia cotidiana y tendremos que descubrirla a base de un esfuerzo inteligente, desinteresado y fiel. El Señor nos pide ese esfuerzo porque confía en nosotros.

Frente al pensamiento débil (pensiero debole, que dice el filosofo italiano Vattimo), frente a la apatía, frente a la pereza intelectual, frente a la demagogia que se ha colado en nuestra sociedad, Cristo nos ofrece otro camino, otra alternativa: un pensamiento fuerte, inspirado en el amor y en la verdad, capaz de sobreponerse a las adversidades. Un pensamiento que se traduce en vida, que es vida. Buscar la Verdad con mayúsculas, ajustar la vida a esa Verdad, tener la sabiduría del corazón y de la cultura humana, tan enraizada en la fe a lo largo de la historia, esa ha sido una de las claves de la vida de los santos y de los grandes maestros de la humanidad. Un ejemplo luminoso: la gran filósofa alemana Edith Stein, tras leer el Libro de la Vida de Santa Teresa, descubrió esa Verdad… y todo cambió para ella, sin renunciar a su previa sabiduría humana, la perfeccionó de modo impresionante desde la fe. El papa Benedicto XVI, quizás el mayor intelectual en el mundo en la actualidad, nos recuerda con su lema -Cooperador de la Verdad- y con su magisterio todo esto también.

Otro detalle a destacar y que pasa desapercibido por una no muy buena traducción del texto en castellano es la invitación de Jesús a Pedro. En el original griego Jesús dice Ponte detrás de mí. Son palabras semejantes a las que le había dicho en el momento de su vocación. En definitiva en el reproche de Jesús va implícita su invitación a que vuelva a ser discípulo, seguidor; sólo así podrá tener ese pensar de Dios, esa clave para interpretar el mundo y a los hombres.

Ese es también nuestro reto en la actualidad: dejarnos seducir por Dios, como decía Jeremías en la primera lectura, pensar e interpretar nuestro mundo, nuestra sociedad, al ser humano concreto, desde la fe, para llegar a descubrir lo bueno, lo perfecto, lo que agrada a Dios… lo que nos hace realmente grandes…

Buenas tardes, Señor. Aquí estoy… Perdona que haya tardado tanto en venir, pero ya sabes las cosas de los humanos en estos tiempos… No es excusa, pero a veces vamos alocados, sin silencio interior, sin silencio exterior, con la cabeza en tantas cosas… y sólo una es necesaria

Estamos casi a punto de terminar el mes de agosto, a punto de comenzar septiembre y el curso nuevo. Gracias, Señor, por estos días de sol…, de luz…, de calor…, de color…, de descanso o de cansancio en otras cosas…

Al final no he pasado tanto calor como pensaba en Martos: entre aire acondicionado, refresquitos, visitas a casas y chalets de amigos, lo he sobrellevado lo mejor posible. Gracias también por esto…

Quería escribirte sobre mí y sobre la parroquia en este tiempo. Bueno, ya sabes… Todo baja de actividad e intensidad. Muchos hermanos se han tomado unos días de merecido descanso; otros no han podido, o bien porque trabajaban, o bien porque no les llega… ¡Ayúdales, Señor! Especialmente a los jóvenes, a los novios, a los matrimonios, a los trabajadores… No les dejes de tu mano, porque pocas manos abiertas más van a encontrar.

A quien más he echado de menos es a los niños. Sobre todo en misa de 11, cuando entraba y miraba al pueblo santo, recordaba aquellas misas que durante el curso estaban repletas de zagales, que nada más con sus caras, sus sonrisas, henchían el alma y el corazón. Estoy deseando que llegue septiembre y octubre para volver a verlos. A ellos, a sus padres, a sus madres, a sus abuelos o hermanos. ¡Qué gran apostolado el de los niños, cuando de una forma tan sencilla traen a los suyos!

Los que no faltan son los mayores. ¡Bendícelos, Señor! Mis abuelas de Vida Ascendente, tanta y tanta gente buena, que cada día pasa por tu Iglesia a saludarte, a decirte “te quiero”, a darte gracias, o a pedirte algo que para ellos es esencial. Un día entré en la iglesia y vi a una mujer agarrada a tu cruz, besándote los pies, me escondí rápidamente para no molestarla y dejarla ese rato a solas contigo; creo que lo necesitaba. ¿Qué te diría aquella mujer? En su sencillez, seguro que estaba inspirada por el amor. Y así tantos y tantos… Señor. Te pido una cosa: aunque nos abandonen a nosotros, que no te dejen a ti… ¡Bendícelos, Señor!

Yo me tomé unos días de vacaciones en julio, ¡ya casi ni me acuerdo! Este año poca cosa: no daba para mucho el bolsillo, aunque no me quejo, ¡otros seguro que han tenido menos! Estuve en mi pueblo, en mi sierra, casi todo el tiempo, aunque salí poco. Los primeros días celebrando la fiesta y la Eucaristía con los nuevos sacerdotes. Después me escapé solo unos días a Sigüenza (que aun no la conocía). ¡Qué maravilla de pueblo! ¡Cuanta fe puesta en sus piedras! ¡Cuánta belleza! Al final otros días, con Emilio y Leli a Aragón. ¡Fantástico viaje! Ese mes de julio la parroquia estaba atendida por los demás sacerdotes de Martos. ¡Gracias por ellos y por su esfuerzo! Gracias especialmente por Francisco Pérez, que es el que más ha venido, aunque supongo que lo habrá hecho con mucho gusto, porque aquí tiene puesto mucho trabajo, mucho tiempo y mucho corazón. ¡Bendícelo, Señor!

Agosto. Vuelta a la viña. ¡Y qué viña más grande! Además de la Asunción, he estado atendiendo a santa Marta y al Santuario. Menos mal que Miguel Ángel, desde Fuensanta, ha atendido a san Juan de Dios. ¡Qué gran cura, Miguel Ángel! ¡Qué buen compañero! Ya sabes, Señor…

Perdona, Señor mis agobios estos días, esta sensación de tener que estar en todas partes y no poder estar en ninguna, ¡me violenta mucho esto, Señor! Correr, jarruchear… ¡Dame fuerzas! Y gracias por los seglares que atienden estas parroquias mientras faltamos los curas: Rosa, aquí (este año también Jesús Caballero); Rafael, en santa Marta; Pepe Isidro en la Villa; Jesús, Iván y Juanita en san Juan de Dios… ¡Cuánta paciencia deben tener, Señor, conmigo!

Este año me ha agobiado también tanto entierro y funeral. ¡No me gusta el morado, lo sabes, Señor! Como te decía aquel día, he intentado tomármelo como el bueno de Tobías, cuando con toda misericordia enterraba los difuntos. ¡Pero es que han sido muchos, Señor! ¡Dales el descanso eterno! Además los funerales de año y de mes. Y en esto, Señor, a mí dame paciencia y piedad. Piedad para hacerlo lo mejor posible, siendo bálsamo de consuelo y esperanza a los que de verdad aman a esas personas; paciencia con los demás, porque no entiendo ciertas muestras de dolor o pésame… lo sabes, Señor.

Lo demás bien. El Triduo de la Asunción, creo que bien en general. Bueno, eso que te contaba el otro día… lo dejo en tus manos, porque en las mías seguro que se estropea. Gracias por la amistad, por los nuevos amigos, por sus familias, por sus trabajos, por sus proyectos. Gracias por todos mis feligreses. Pon tú, Señor, lo que me falta a mí. ¡Guárdalos a todos!

Te dejo, Señor, aunque no del todo. Voy a preparar la Misa. Gracias por este rato, sólo interrumpido por el teléfono y por la visita de Josef y su madre que venían a Cáritas. Guárdalos, Señor también a ellos, y danos fortaleza a todos. Amén.

Hace unos días, querido Amador, caía en mis manos un artículo firmado por Gregorio Peces-Barba en el diario “El País” el 7 de agosto, cuyo título “En torno a la Educación para la Ciudadanía” me hacía pensar que el Sr. Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid defendería con argumentos racionales y filosóficos la tan traída y llevada asignatura estrella del gobierno. He estado unos días pensando si responder o no a ese artículo, porque al no encontrar en el mismo ni un sólo argumento a favor de EpC no cabe debate, y por otro lado no merece la pena entrar a saco, que es lo que seguramente pretende el Sr. Peces-Barba.

Pero tampoco creo oportuno callar ante semejante colección de calumnias y estupideces, porque el que calla otorga, -y ya está bien de callar-, y aquí creo que hay que dejar varias cosas claras.

Habla el Sr. Peces Barba de “arrogancia extrema”, “insufrible sentido de superioridad”, “desafio (en otro lugar rebelión) a la autoridad legítima, a la Constitución y a la ley” por parte de la Iglesia, de “falta de rigor intelectual”, de tener “dos raseros”, de “jugar sucio”, de “insensatez”, de “agitar la paz social” y de “ser beligerantes ante cualquier progreso” entre otras lindezas. Ante esas afirmaciones te tengo que confesar, Amador, que me quedo “pasmao”: ¿estará este señor hablando en serio? ¿desde cuando no se ha leído un documento de la Iglesia? Yo le recomendaría vivamente que lo hiciera, de cualquier tema, pero especialmente de doctrina social. Realmente no salgo de mi asombro al leer esas afirmaciones, que no concuerdan con la realidad, ni en los peores tiempos de  los topicazos contra la Iglesia. Este gurú del laicismo más fundamentalista confunde el contexto histórico y se deja llevar de una serie de prejuicios más que superados tanto por la acción como por la doctrina de la Iglesia a lo largo de toda su historia y muy especialmente en el presente. Realmente me recuerda su artículo al intento de crear una “leyenda negra” en torno a la Iglesia, fruto de sus prejuicios, que no de argumentos objetivos, históricos y racionales. Dice el dicho que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Yo respeto la visión de Peces, como respeto todas las visiones, pero al menos que no trate de venderla como fruto de un rigor intelectual.

Hoy por hoy en pocos ámbitos de la sociedad veo yo la apertura y la tolerancia que muestra la Iglesia hacia todas las personas y hacia distintas situaciones, incluidas aquellas que no están acordes con el ideal evangélico. Por poner un ejemplo o dos: ¿no sabrá el Sr. Peces Barba que en el mundo en torno al 25 % de los enfermos de sida son atendidos y “amados” en las diversas instituciones de la Iglesia Católica? Ahí está también el problema de la droga o la prostitución, ¿me podría decir el Sr. Peces Barba donde acuden esas personas, a su universidad, a su partido, o más bien a las Cáritas que son financiadas por la buena voluntad de personas, que según él son “anti-ilustradas”? Otra cosa distinta es pretender que la Iglesia diga que todo está bien, pues no, todo no está bien. Pero al final es siempre la Iglesia la que acoge a las víctimas de las tempestades de los vientos que otros sembraron.

Le acepto a Peces-Barba una cosa: evidentemente que la Iglesia considera muy superior el mensaje del Evangelio a cualquier otro mensaje o ideología. Evidentemente que la Iglesia es “depositaria de verdades que están por encima de las coyunturales mayorías y de la soberanía popular” ¡Estaría bueno que no fuera así! Pero eso no significa “anti-intelectualismo”, ni ser “anti-demócratas” como sugiere este señor, más bien al contrario: me gustaría recordarle nuestra doctrina de respetar al poder civil legítimamente instituido, siguiendo aquello que dijo nuestro Maestro de “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. En innumerables ocasiones la Iglesia ha hablado de la legítima autonomía de las realidades temporales como bien señaló el Concilio Vaticano II (GS 36), incluso de la sana “laicidad” tal como ha remarcado Benedicto XVI, incluso nos gusta la idea de “aconfesionalidad” del Estado que marca nuestra Constitución. No pedimos privilegios, sólo la libertad de poder “dar a Dios lo que es de Dios” igual que como buenos ciudadanos intentamos dar al César lo que es del César.

Ya me estoy extendiendo demasiado en esta carta, querido Amador, pero para que conozcas bien el “talante” y el talento de Peces-Barba, me gustaría recordarte su nefasta gestión como Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, cuando con sus sugerencias consiguió indignar a éstas de tal modo que salieron hasta en cinco o seis ocasiones a la calle en las manifestaciones quizás mas masivas que ha visto nuestro país.

Y por último, él mismo informa que alguien está haciendo su tesis doctoral con el título “De la destrucción de la verdad al totalitarismo. El pensamiento de Gregorio Peces-Barba”. Visto lo visto, y sus últimas palabras en ese artículo donde dice que “habrá que abordar el tema de la acción y de la situación de la Iglesia y establecer un nuevo estatus, que les situé en su sitio” (¿cuál sería nuestro sitio según este señor? ¿las catacumbas? ¿o quizás las checas de los años 30?, ¡miedo me da pensarlo!), el título de esa tesis es de lo más oportuno.

En fin Amador, esto es lo que tenemos y lo que tenemos que aguantar de vez en cuando, aunque cada vez más frecuentemente. Alguien decía que en este país la gente siempre va detrás de los curas, o bien con una vela, o bien con un palo. Parece mentira que en 2008 se puedan decir tal cantidad de barbaridades como las dice el Sr. Peces-Barba apelando al palo…

Otro día te prometo hablar de educación en general y educación para la ciudadanía en particular. Todo a su tiempo.

Un fuerte abrazo. Facundo.

Las lecturas del Evangelio que escuchamos durante esta semana XXI del tiempo ordinario están extraídos del capítulo 23 de San Mateo. Tienen una gran unidad y hacen referencia a la crítica que hace Jesús de los escribas y fariseos y de su interpretación y vivencia de la Ley de Moisés. Hay que tener en cuenta algo que a veces a los cristianos nos pasa desapercibido y es que los fariseos en tiempos de Jesús no eran un grupo de gente tan “negativa” como podemos imaginar. Eran “puntillosos” y escrupulosos en el intento por cumplir la Ley en todos sus aspectos, pero habían desarrollado diversas escuelas rabínicas con interpretaciones diferentes; las más famosas en tiempos de Jesús eran las de Hillel y Sammai. Era un grupo muy fuerte en tiempos del Jesús y el Señor tuvo una relación con ellos, a veces dura, a veces más cercana.

Cuando sí hubo problemas y muy serios fue en los tiempos de las primeras generaciones de cristianos, tras la caída de Jerusalén en el año 70 de nuestra era, momento en el que se ponen por escrito los Evangelios y estos en buena medida son testigos de ese tremendo conflicto entre las dos ramas herederas y supervivientes del judaísmo tradicional: la iglesia cristiana y el movimiento rabínico. Este capítulo 23 de Mateo es una prueba de esto.

Jesús invita a no imitar el ejemplo de los fariseos, porque no hacen lo que dicen. Atan cargas pesadas e insoportables, y las ponen a las espaldas de los hombres; pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas. Todas sus obras las hacen para que los vea la gente… Jesús denuncia su hipocresía y su búsqueda de privilegios e imagen, sin que haya un espíritu auténtico por debajo. Frente a esa soberbia espiritual Jesús sitúa las cosas: el verdadero protagonista de la vida religiosa es Dios y sólo Dios y nuestra actitud ante Dios es el amor y el servicio a los demás. Eso es lo que recomienda Jesús a los suyos.

Vienen después una serie de siete invectivas contra los escribas y fariseos, dirigidas directamente a ellos en las que Jesús los tacha de hipócritas por su mala interpretación y vivencia de la Ley, convirtiéndose en guías ciegos que descuidan lo más importante: el derecho, la compasión, la sinceridad.

Estos evangelios son realmente duros y una llamada de atención  para todos nosotros, los cristianos, que a veces podemos tener también (y de hecho tenemos) posturas y ticks fariseos. Frente a estos ticks sería bueno poner la actitud coherente del cristiano que se expresa en las bienaventuranzas (cf. Mt 5,1-12) y en el resto del sermón del monte…

Esta tarde, cuando entraba en el Santuario de la Virgen de la Villa, al abrir la puerta hubo un momento que imaginaba entrar en el mismo cielo. De fondo se escuchaba el órgano de la iglesia esa preciosa pieza inspirada en el “Nada te turbe” de santa Teresa. Dirigí mi mirada al lugar, se paró la música, y un brazo en alto me saludaba. No distinguía bien quien era, así que decidí acercarme… La misma música comenzó de nuevo a sonar preciosa. Al llegar al coro vi que era tu paisano Joaquín Marchal. Me dio una gran alegría verle, lo saludé y entablamos una breve conversación. Cuando bajaba del coro daba gracias a Dios por esas personas que han puesto en la belleza, en el arte, un horizonte, un objetivo en sus vidas.

El otro día, querido Amador, Benedicto XVI hablaba a un grupo de sacerdotes de la belleza, del arte, de la música, como un signo luminoso de Dios y ponía ejemplos. Sin una intuición que descubre el verdadero centro creador del mundo, no puede nacer esa belleza. Algo parecido sentí la otra noche en esa magnífica exhibición de fuegos artificiales de la Pirotecnia Sánchez de Martos en la Avenida Moris. O el otro día cuando visité la orfebrería Tuccitana de José Lara. Por algo la Iglesia ha valorado siempre tanto cualquier manifestación artística, y por algo ha acumulado tanto arte. Por algo la mayor parte del Patrimonio artístico de cualquier pueblo está en manos de la Iglesia…

Volviendo a Joaquín Marchal, he descubierto su magnífico blog en Internet, y hoy mismo he visto publicada en el mismo una historia sobre la restauración hace unos años de la ermita de San Miguel, perteneciente a la parroquia de la Asunción. Desconocía esos detalles de la misma y me alegro profundamente de haberlos leído. Te recomiendo que abras ese blog y veas el trabajo de un artista muy joven, que poco a poco se va abriendo camino, y que estoy seguro llegará muy lejos. Aquí tienes la dirección:

http://marchalorpezesculturas.blogspot.com/

 

Saludos cordiales, Facundo.

Dos preguntas, dos retos al responder nos lanza Jesús en el Evangelio de este domingo.

La primera pregunta: ¿quién dice la gente que es el Hijo del hombre?. Es una pregunta genérica acerca de los comentarios que sobre Jesús hay entre la gente. Estos no han tenido una relación directa con el Señor y por eso las respuestas son muy genéricas, algunas muy apartadas de la realidad; seguramente harían gracia a Jesús por lo inadecuado de su contenido. Unos confundían a Jesús con el precursor del Mesías (¿cómo iba a ser un personaje así, tan débil en apariencia, el verdadero mesías?) o incluso menos, sólo como uno de los antiguos profetas. En esas respuestas tan divagantes, se denota el desconocimiento de Jesús; sí, se le valora de algún modo, pero no se entra en su ser, en su verdad, sigue siendo un personaje lejano, que no implica la propia vida.

En buena medida algo muy parecido a esto pasa en la actualidad. A Jesús no se le conoce, no se le reconoce en su verdadero ser, en su verdadera aportación a la humanidad. Sí, se le tiene estima, se le interpreta de muchos modos, hay un interés por él en la literatura actual, en el cine, en las tertulias, en muchos grupos religiosos o de cualquier tipo; pero se le ve como algo lejano, del pasado, se le valora en su mensaje, pero no en su persona ni en lo que de impronta ha dejado en su Iglesia y en toda la humanidad. Hoy la gente diría de él que fue un gran personaje en su tiempo, con un gran mensaje, pero alguien también superado o por superar. El primer reto de los cristianos hoy por hoy es dar a conocer el verdadero Jesús-Cristo, que sea conocido vitalmente y no sólo de oídas.

La segunda pregunta es, si cabe, aún más interesante: y vosotros, ¿quién decís que soy yo?. Esta si es una pregunta mucho mas directa, lanzada a sus amigos, a su confidentes, a aquellos que han tenido el privilegio de estar con él de contemplar sus obras y milagros, de escuchar en vivo sus palabras. Han tenido y tienen una experiencia directa del Señor, son sus discípulos, sus amigos. En la respuesta no caben ambigüedades ni ideas confusas, la respuesta debe ser directa y vital.

Simón Pedro es quien la da en nombre de todos: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Quizás Pedro no entiende aún el alcance de su respuesta, de hecho en el episodio posterior del evangelio va a fallar a Jesús, tratando de enmendarle la plana, pero sí ha dado una respuesta directa y auténtica en su contenido. Él es el Mesías, el Cristo, el Ungido de Dios y por tanto en él se cumplirán definitivamente las esperanzas de todos los justos del AT y las expectativas de salvación de Israel. Pero también es el Hijo de Dios, tiene una relación muy especial y única con el Padre y también con toda la humanidad, es el Señor y salvador de todos. El contenido real de la afirmación de Pedro sólo se entenderá después, a la luz de la muerte y resurrección de Jesús.

Esta es la respuesta del amigo, del discípulo, del que quiere a Jesús y siente algo muy especial por él. Pedro sí ha entrado en esa intimidad, aunque sea sólo por un momento, y se ha quedado admirado ante el corazón de Cristo. Ese segundo ha sido un regalo del Padre, una verdadera revelación, ha pensado según Dios, no según los hombres.

Nosotros debemos responder del mismo modo, no con respuestas ya sabidas en la doctrina o el catecismo, sino con la respuesta de la fe, poniendo nuestras vidas en ese Jesús-Cristo salvador mío y de todos mis hermanos. La respuesta de un discípulo, de un confidente, de un amigo. Pero ¿en verdad estamos preparados para ello? ¿Hemos entrado en esa intimidad con el Señor en la oración, en la escucha de su Palabra, en el amor? O ¿hablamos sólo de oídas, con respuestas ya aprendidas y frías? En esto no cabe divagar. Jesucristo no es alguien más para el cristiano: es el centro y el motor de nuestra vida. Conocerle y amarle es lo más importante. Sólo desde ahí podremos dar después más pasos adelante.

Viene después el pasaje en el que Jesús alaba la respuesta de Pedro, cambiándole el nombre de Simón, instituyéndole en ese ministerio tan especial y fundamental en la Iglesia de tener las llaves, atar y desatar. Y es que la Iglesia de Jesucristo siempre tendrá como fundamento a aquel que ha confesado la fe auténtica.

No es este el momento de detenerse en este tema, pero sí el momento de orar. Orar por nosotros, para que el Señor sea realmente alguien significativo en nuestras vidas, para que conozcamos en verdad a Jesús, para que seamos sus amigos y discípulos, sus testigos. Orar por aquel que hoy tiene el ministerio de Pedro en la Iglesia, el gran papa Benedicto XVI, que con su profunda sabiduría, piedad y fortaleza es hoy quien nos confirma en la fe. Amén.

Ex corde, Facundo

Hoy, querido Amador Tuccitano, no me apetece mucho escribirte, la verdad, menos aun cuando acabo de conocer, que entre las víctimas mortales del accidente aéreo de Barajas hay dos conocidos míos, Mercedes Martínez (Veves la peluquera), su marido Juan María Muriana, y su pequeña hija de seis años, Mercedes Muriana, de la vecina localidad de La Guardia de Jaén, donde estuve dos años y pico como párroco. Esta noche prefiero quedarme con Jesús, y rezarle, por estos tres y por el resto de fallecidos, por sus familias y amigos, por los heridos, por todos los que sufren la tragedia de esta tarde. Brille para ellos la luz eterna. Disculpa. Hasta pronto. Facundo.

Querido Amador:

Hace casi un año que soy vecino tuyo y poco a poco nos vamos conociendo. Me alegra decirte que en este año he descubierto un amigo por el que vale la pena trabajar. Me has llenado de satisfacciones y algún que otro quebradero de cabeza, pero así es la vida, así es la amistad, y puedo asegurarte que te quiero (hasta donde no es pecao, eh, jeje).

Tú a mi también me vas conociendo, y espero no haberte decepcionado con mis manías, mis pocos reflejos, mis faltas de tiempo para atenderte, mi mala uva en alguna ocasión. Perdona si en algún momento te he hecho daño. Pero en el fondo creo que también me aprecias y habrás descubierto en mí un cura que intenta que las cosas siempre salgan lo mejor posible.

Desde aquí quiero reiterarte mi estima y amistad y entablar un franco diálogo en torno a las cosas que hablan dos buenos amigos. Temas que nos interesen a los dos acerca de la actualidad, sin complejos ni tabúes, con franqueza y respeto mutuo. No sé…, tú verás…, pregunta, y si puedo responderte pues lo haré encantado; y al revés me gustaría que me respondieses en aquellas dudas o consultas que pueda hacerte. Me gustaría que este foro fuese un foro de altura, un foro de amigos… que nos enriqueciese a todos.

Dime sinceramente lo que opines aunque no pienses como yo, pero hazlo, eso sí, con respeto, sin acritud, sin insultos… en un foro  de amigos todo eso no es necesario… lo que decía Machado: ¿tu verdad? ¿mi verdad?, no la Verdad, vamos juntos a buscarla…

¿De acuerdo?

Ah, lo que me preguntabas el otro día por la calle acerca de lo de la Capilla de Jesús, no he podido cerciorarme bien, no ha sido posible entre tantas cosas, así que sigo pendiente de responderte con mayor información.

Lo que ya te dije: existe un acuerdo verbal entre Junta de Andalucía, Ayuntamiento de Martos y Obispado para la restauración de la misma, de costear las obras a partes iguales, lo cual supondría algo más de 300.000 € por parte. Esperemos que ese acuerdo se materialice pronto en un Convenio y comiencen las obras cuanto antes, porque la cosa ya no aguanta más, y todos seremos responsables de su pérdida, unos más y otros menos…

Por parte de la Iglesia ya hay algo recaudado gracias al buen hacer de muchas personas de Martos, pero todavía es insuficiente, por tanto tendremos que movernos más entre todos los cristianos de Martos y demás personas de buena voluntad amantes de nuestro patrimonio, pero no hay ningún inconveniente en firmar ese Convenio ya, de forma inmediata; así se ha puesto por escrito y se ha enviado comunicación a la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, que es la que tiene ahora por ley la responsabilidad de dar los permisos de obras.

Me consta también que el cura de Santa Marta ha interrumpido vacaciones y está moviéndose por todo Jaén, aunque en pleno mes de agosto, ya verás con qué resultado…

Creo que tampoco hay problema por parte del Ayuntamiento de Martos, que incluso creo tiene ya la partida presupuestaria. La pelota está en la Junta, yo no sé qué podríamos hacer para presionar, pero si se te ocurre una cosa sensata dímelo y cuenta conmigo…

Bueno, Amador, espero tus aportaciones… En los próximos días te volveré a escribir. Un fuerte abrazo. Facundo.

Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy son su reacción al abandono por parte del joven rico. Jesús no rebaja su mensaje en aras a tener más discípulos, de ahí el espanto de los discípulos: “entonces ¿quién puede salvarse?”. Espanto que a veces sufrimos también nosotros cuando decimos que si la Iglesia es muy dura, que no se adapta a los tiempos, que si está desfasada, que si… Nosotros, como Jesús, no debemos rebajar las exigencias del evangelio, primero porque el Evangelio no es nuestro, sino de Dios, y segundo porque edulcorarlo, descafeinarlo o descomponerlo solo lleva a su descrédito. Pruebas de ello tenemos bastantes. No se trata de mundanizar el evangelio, sino de evangelizar el mundo. A nosotros nos queda ser fieles; como dice Jesús “Dios lo puede todo” y nosotros con él: “Todo lo puedo en aquel que me conforta” dice san Pablo. Por tanto, es posible ser santos, pero sólo firmemente arraigados en Dios, de otro modo imposible.

Frente al abandono del joven rico, Pedro, en nombre de los discípulos dice: “nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Es el ejemplo positivo de la enseñanza. Jesús le recordará el premio al desprendimiento: cien veces más y la herencia de la vida eterna en el día de la renovación. ¡Cuánta fe y cuanta esperanza hay que tener para advertir la verdad de estas palabras de Jesús!

Desde mi experiencia personal, reconozco que a veces me pasa como al joven rico, que no se desprenderme de tantas cosas y afectos, por tanto no encuentro la libertad ni la alegría plenas; pero por otra parte, cuando lo he hecho, la apertura del corazón y la satisfacción son enormes, y confieso que crezco en libertad. Es una alegría indescriptible. Así, sólo desde la experiencia vivida, podemos entender las palabras de Jesús y lo enormemente positivo del desprendimiento por el Reino de los cielos. En conclusión: Fiarnos de Jesús, seguir sus huellas.

El Evangelio del joven rico es fantástico para descubrir  la hondura de nuestra relación con Dios. El muchacho que se acerca a Jesús va en muy buena disposición: su pregunta es muy interesante, ya que en tiempos de Jesús las diversas escuelas rabínicas no se ponían de acuerdo sobre la importancia de los mandamientos de la Ley de Moisés; además es un buen muchacho a nivel ético y religioso ya que se indica su conocimiento y cumplimiento de los preceptos de la Ley; tiene además inquietud: sabe que algo le falta, que no basta con conformarse con mínimos, que hay que aspirar a una perfección mayor.

Jesús, que sabe de esa magnifica predisposición, le hace caer en la cuenta de que todo lo “bueno” tiene como fuente y horizonte a Dios. Juan Pablo II comentó este texto de forma maravillosa en su encíclica “Veritatis Splendor” sobre el esplendor de la verdad, un texto a releer al cabo de estos años, uniendo en su comentario de forma magnífica lo que es la moral y la vida religiosa. Jesús le recuerda la Ley, pero al igual que el muchacho sabe que hay algo aun mayor, más bello, más perfecto: “Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo”. En la respuesta de Jesús se une el amor a los pobres y el seguimiento del Maestro.

Desgraciadamente el muchacho no va a dar el paso: estaba con todo demasiado atado a su riqueza. El filosofo E. Mounier comentaba que el muchacho se quedó con su riqueza, pero también se quedó con su tristeza…

De cara a nuestra vida ¿cuál es nuestra disposición? ¿aspiramos a la perfección cristiana, o somos más bien mediocres? ¿valoramos nuestra fe y nuestros seguimiento del Señor como el motor para mejorarnos a nosotros mismos y al entorno que nos rodea? ¿a qué estamos apegados? ¿qué estamos dispuestos dar?

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