Querido Amador:

                 Esta carta la dirijo también a mi amigo Eufrasio de Andújar. Como supongo que sabréis, la imagen de la Santísima Virgen de la Cabeza visita desde hoy -y durante toda la semana- la Catedral de Jaén con motivo de su Año Jubilar y del aniversario de su patronazgo sobre toda la Diócesis. Creo que es una buena oportunidad para acercarnos a visitarla ahora que va a estar tan cerca de nosotros. Pienso también que la idea es buena en el sentido de que facilitará a muchos el poder lucrar las gracias e indulgencias del Jubileo y que puede aunar mucho a los cristianos y devotos de toda la Diócesis. Me alegro, además, de que se haya elegido este domingo, en el que celebramos el Día de la Iglesia Diocesana.

                Desde pequeño he sido devoto de la Virgen de la Cabeza. ¡Cuántas veces me he acercado en oración a la Virgen María para pedirle algo, o para darle gracias por algún favor recibido, o para alabarla como bendita entre todas las mujeres! Y es que la figura de la Madre, de nuestra propia madre, inspira en nosotros los mejores sentimientos que como hijos, como discípulos y como cristianos podemos tener. Esa devoción aumentó tras mi paso por Andújar como párroco de san Bartolomé. Eran tiempos de reformas y de cambios en la Cofradía, que afrontaba con ilusión nuevos retos. También fueron tiempos de dificultad, de problemas e incluso de escándalos. Como sacerdote, como cofrade y como amigo la Junta Directiva de la Cofradía Matriz de Andújar siempre contó -y sigue contando- con mi apoyo y estima. Sé de su trabajo y sacrificios por mejorar la imagen y la calidad de vida cristiana de la cofradía en general.

                Así que os animo a ir algún día de estos por la Catedral a visitar a la Virgen. Se han programado cantidad de celebraciones religiosas y también actos culturales que nos animen a revitalizar nuestra devoción y estima de nuestra cultura religiosa.

                Al final del post te pongo el enlace para que veas el tríptico de actos y te puedas ajustar lo mejor posible según tus horarios, necesidades o gustos. Es muy amplio, ya ves… Hombre, yo, -personalmente-, habría hecho otro tipo de organización, dedicando los días no a los distintos grupos personales, sino más bien a las parroquias y arciprestazgos… Eso habría simplificado mucho las celebraciones y también la posibilidad de organización desde las parroquias y comunidades. Tú imagina lo complicado que es para nosotros los sacerdotes tener que organizar cinco o seis excursiones a Jaén cada una con un grupo distinto. Yo pienso que si lo hubieran organizado de la otra forma cogemos desde aquí un autobús o dos y nos vamos todos juntos, jóvenes, mayores, niños, catequistas, inmigrantes, familias, cáritas, etc. etc. En fin, eso ya lo haremos, Dios mediante, en la peregrinación que organizaremos desde la Parroquia de la Asuncion en primavera.

                ¡La Virgen de la Cabeza se lo merece!

P.D. 1.- Lo que no se merece, y no creo que ella esté muy contenta en el cielo, es con algunos de nosotros. Me contaban ayer los problemas surgidos en la procesión de Andújar, y que te enterarás –supongo- por los medios de comunicación. A veces las cosas pasan por no poner remedio desde el principio. Con estas cosas se aprende que más vale ponerse rojo una vez que no ciento amarillo como dice el refranero español. Pues así andamos, “amarillos”. Siento pena y tristeza, porque la Virgen es nuestra Madre, Reina y Señora, y así deberíamos de mostrarlo a todos, especialmente cuando procesionamos su venerada imagen. Quiero, por tanto, una vez más, mostrar mi apoyo a la Junta Directiva de la Cofradía de la Virgen de la Cabeza, y mi vergüenza y repulsa de esos acontecimientos a aquellos y aquellas que se toman bajo no sé qué privilegios y “tradiciones” ciertas licencias que empañan el orden, el respeto y el prestigio que se merece nuestra Patrona.

                Espero, y pido al Señor, que esas cosas no se repitan en Jaén, y lo pido apelando a la verdadera piedad del pueblo cristiano y al prestigio y dignidad de nuestras fiestas en torno a la Santísima Virgen.

                Espero, así mismo, que entre todos, se ponga solución, y si es necesario, se redacten unos nuevos Estatutos que pongan a cada uno en su sitio y eliminen los cánceres que continuamente amenazan a la dignidad de un acontecimiento religioso y cultural tan único y singular como nuestra Virgen de la Cabeza.

                Saludos también a todos los amigos y amigas de Andújar.

¡Viva la Virgen de la Cabeza!

 

P.D. 2.- Ah, se me olvidaba… en el siguiente enlace tenéis en formato PDF el programa de celebraciones y actos en la Catedral de Jaén…

http://www.parroquiadelaasunciondemartos.es/pdffiles/Triptico_Virgen_Cabeza.pdf

Querido Amador:

                 Después de mucho tiempo vuelvo a escribirte. Perdona mi tardanza, pero supongo que comprenderás la situación por la que hemos pasado en mi familia…

                Hoy he estado recordando, -supongo que como muchos otros-, los acontecimientos de la caída del muro de Berlín, o mejor la destrucción de aquel muro de la vergüenza, hace hoy veinte años.

                Hay fechas y acontecimientos que quedan marcados en la memoria de una forma especial y que hacen que sean realmente históricos para la sociedad y/o para cada uno de nosotros. La caída del muro de Berlín es uno de esos acontecimientos. La mayoría de los que lo vivimos recordamos qué hicimos aquel día.

                Yo era entonces seminarista en Jaén. Estudiaba 2º de filosofía. Teníamos la Misa muy temprano –a las 7:30 de la mañana-. Todo transcurría como habitualmente hasta el momento de la oración de los fieles. En ese momento el diácono que estaba haciendo las peticiones oró más o menos con estas palabras:

                - Esta noche ha caído el muro de Berlín. Oremos por la paz en el mundo y en Europa.

                El sobresalto de todos fue excepcional. Nos quedamos mirando unos a otros, pasmados, pensando: ¿Qué ha dicho? ¿Qué se ha caído el muro de Berlín? Algunos habían pasado la noche escuchando la radio; para otros, entre los que me encontraba yo, era la primera noticia. Al terminar la misa todos subimos corriendo a ver la tele, pocos desayunaron aquel día. Recuerdo perfectamente las imágenes de los jóvenes subidos encima con martillos y picos.

                ¡No! ¡El muro no se había caído! ¡El muro estaba siendo destruido, derribado! ¡Era algo casi increíble, excepcional e histórico! Incluso algunos soldados aún vestidos con la saya militar de la antigua República Democrática Alemana colaboraban alegres en esa tarea. Y todos saltaban de alegría. ¡Era la recuperación de la libertad! El fin de la infamia.

                Para los que antes de aquella época habíamos estudiado ciencias sociales en EGB o en BUP la política de bloques era tan dura, estaba tan clara y el mundo tan dividido, que romper ese símbolo físico de la división Este-Oeste, Capitalismo-Socialismo, nos parecía un milagro. ¡Habían sido tantos los jóvenes asesinados tiroteados al intentar cruzarlo! Recuerdo que sentí también algo de miedo por la reacción que podría tener la URSS reprimiendo de forma bélica esa explosión de júbilo, aunque ya gobernaba Gorbachov y su perestroika y se vislumbraba cierta apertura. El futuro estaba por escribir, aunque todo presagiaba libertad. Después de Berlín vino Hungría, Bulgaria, Rumanía… la misma Rusia con Yeltsin.

                Quiero recordar, como no, a uno de los auténticos protagonistas y causantes de aquella hora gozosa: JUAN PABLO II, el papa polaco que había vivido es sus propias carnes los totalitarismos nazi en primer lugar y comunista después. ¡Qué bien conocía él lo que significaba vivir en una sociedad sin libertad y  dominada por el miedo!

                Su primera homilía el día de su coronación -¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo!- debieron retumbar en los oídos de muchos dirigentes de del bloque soviético, y debieron animar a tantos y tantos desesperados por la pobreza, la mentira y la manipulación de aquel régimen del terror. Su primer viaje a Polonia en 1979, su mensaje de paz y apertura -imparable para Jaruzelski-, su apoyo a Walesa y Solidarnosc (Solidaridad) en aquellas huelgas en Gdansk. El papa polaco fue sin lugar a dudas el pequeño David vencedor frente a Goliat. Nos enseñó lo que es posible hacer cuando no se tiene miedo y se está lleno de fe.

                Quiero recordar que fue el cardenal de Praga el que dijo que la clave de la caída del Este no fue tanto por la miseria que alimentaba el socialismo, cuanto por las ansias de libertad de tantos y tantos hombres.

                 Es verdad que el mundo ha cambiado mucho desde aquel acontecimiento. Sin embargo, desgraciadamente, creo que no hemos ganado tanto en libertad. El capitalismo tampoco es la solución ni la panacea del hombre libre. Todavía quedan muchos muros por derribar: Cuba, China, Corea del Norte… (Algunos lo han olvidado).

                Hay ahora un muro aún peor: el que separa el Norte del Sur, el desarrollo del subdesarrollo, el primer mundo del tercer mundo. Están también nuestros propios muros, a veces desapercibidos para nosotros mismos, del conformismo, del relativismo y la falta de expectativas y esperanzas. Estos muros son enormes en nuestra sociedad occidental. ¿Cuándo caerán esos muros? Nadie lo sabe. Pero sí hemos aprendido algo: la verdadera libertad siempre clama en el corazón del hombre, y cuando ese corazón es movido por la fe y la esperanza no hay muro que se resista.

                Con mi admiración a todos los que derriban los muros de nuestro mundo.

              Continuando con el mismo tema del post anterior, y a la luz de lo que Benedicto XVI ha dicho hoy en el Funeral por los cardenales y obispos fallecidos en el último año, -tal como BXVI ha comentado antes-, he recogido el vídeo de esa homilía. Espero ofrecerosla cuando esté publicada en español…

               Me siento raro estos días. Hace ya muchos años que salí de mi casa y me he acostumbrado a vivir solo desde hace mucho tiempo, y en ese sentido pues mi vida continúa; pero hasta ahora nunca cuando me he juntado con mi familia ha faltado nadie. Ahora en estos días comemos mi madre, mi hermana y yo solos… y solos paseamos… y solos rezamos… y solos vemos la televisión. Noto el hueco de mi padre…

              Siento tristeza, pero no siento aflicción o depresión. Lo echo mucho de menos, pero sé que de algún modo sigue aquí. Ahora lo recordamos continuamente, los momentos malos, pero mucho más los buenos. Siento una profunda serenidad, sabiendo que hemos hecho todo lo posible, con mucho amor, por él. Me conforta también la actitud de mi madre… se le nota cansada y triste, pero fuerte y esperanzada. Nos sentimos profundamente agradecidos a todos por su cercanía en estos días. ¡Qué grande es la fe!

              Puede parecer una tontería, pero me gusta imaginar ahora a mi padre en el cielo bromeando con los ángeles y con los santos, contándoles sus cosas, sus chascarrillos, sus chistes, compartiendo con ellos su alegría, su vitalidad, su jovialidad, tal como hacía con sus amigos en este mundo.

              El otro día, en la Solemnidad de todos los Santos, justo el día después de su entierro, en la misa de los niños, les decía medio en broma medio en serio, que este año la Fiesta de los santos en el cielo tenía un gran espectáculo: mi padre, al que habían contratado para animar aún más el cotarro.

              Así que vivo estos días con un punto de tristeza, pero con mucha serenidad y esperanza, sabiendo que mi padre ha muerto en el Señor, rezando, con los sacramentos y con los auxilios de la Iglesia, en paz. Y si además creemos en la comunión de los santos, sé que estamos unidos, y que la muerte no rompe ese amor.

              No. Los cristianos no nos afligimos como los hombres que no tienen esperanza (1 Tes 4,13). ¡Cuánta paz queda a los que amamos al Señor y esperamos la Resurrección!

                 El viernes, 30 de octubre a las 12:45 h. fallecía en Martos mi padre Aurelio López Garzón digna y religiosamente, tras una grave enfermedad de tres meses. Ayer sábado le dábamos cristiana sepultura en mi pueblo de Torres. Han sido momentos realmente emotivos para mí y mi familia. Durante su enfermedad ha necesitado nuestra continua atención y ese ha sido el motivo principal del parón del blog en estos meses. En los pocos artículos de este tiempo podréis leer entre líneas mis sentimientos.

                 Ayer, al final de la hermosa celebración de sus exequias en Torres, me pidieron unas pequeñas palabras que improvisé sobre la marcha. Es difícil reproducirlas tal cual, pero en el artículo siguiente intento hacerlo. Las dije con toda emoción y con el corazón en la mano… y como digo al final… a todos, especialmente a mis amigos de Martos, muchas gracias….

*  *  *

 

                 Acabamos de celebrar con gran esperanza la Eucaristía. La Eucaristía es siempre acción de gracias a Dios Padre por Jesucristo el Señor. Os puedo asegurar que durante esta celebración y durante estos últimos meses no he hecho otra cosa que darle gracias a Dios por el don de la vida de mi padre, sus sesenta y seis años, y –aunque pueda resultar extraño– por su enfermedad y el modo de su muerte. Gracias a Dios, que sabe hacer las cosas bien, aunque a veces a nosotros no entendamos sus caminos y nos duelan. Gracias a Dios porque mi padre ha muerte en él: “!Dichosos los que mueren en el Señor!” dice la Escritura y nos los ha recordado nuestro obispo en su homilía. Gracias a Dios porque en estos días a mi familia y a mí no nos ha faltado su consuelo y su fortaleza.

                 Durante estos tres meses de dura enfermedad mi padre me ha dado unas enormes lecciones de humanidad y fortaleza en unas ocasiones, de debilidad y de fe en otras. Entre las muchas cosas que nos ha dicho quiero destacar dos consejos que guardaré siempre en mi alma: el primero, no tener miedo a nada, ser fuertes y valientes en todo; el segundo, –y fueron sus ultimas palabras para mí la noche anterior a su muerte–, ser buenas personas, es lo que más vale.

                 Quiero dar las gracias a todos los que nos habéis acompañado en estos momentos y durante toda la enfermedad.

-    Gracias nuestro obispo D. Ramón, por su seguimiento de la enfermedad, por su presencia y por sus palabras de aliento y apoyo.

-    Gracias estos hermanos sacerdotes, tan numerosos en esta celebración a pesar de ser sábado y ser un día de actividades en las parroquias, gracias todos los que no han podido venir y se han disculpado. Me siento realmente emocionado. De una forma especial dar las gracias a los sacerdotes que han pasado por esta parroquia de Torres: creo que casi todos habéis gozado del aprecio y la amistad de mi padre, además de tantos otros. Gracias a D. Alfonso por la preparación de esta bellísima celebración, y a mis compañeros de Martos de los que tanta ayuda he tenido estos días.

-    Gracias al equipo médico de Hospital Médico-Quirurgico de Jaén y a los del Centro de Salud de Martos por sus cuidados, por su humanidad y su profesionalidad durante la enfermedad de mi padre, a pesar de las carencias del sistema.

-    Gracias a todos los que habéis venido esta tarde a la celebración: a mis paisanos, tan queridos, de Torres, ya vengo muy poco por el pueblo pero siempre os llevo en mi alma. A mis antiguos feligreses y amigos de Villacarrillo, de La Guardia de Jaén, de Andújar o de Martos. Habéis demostrado un autentico y sincero aprecio por mi persona y por mi familia, y sobre todo por mi padre, porque en todos esos lugares mi padre ha dejado muy buenos amigos. Gracias a las personas que habéis venido de otros lugares de la provincia y de España, y a los que no pudiendo venir han disculpado con tanta caridad su ausencia.

-    Y gracias, sobre todo, a mi madre y hermana, que durante estos tres meses de enfermedad no habéis dejado un momento de atender y sentir y amar a mi padre. A todos ¡GRACIAS!

Y por último, y recordando a mi padre: no tengamos miedo nunca y seamos buenas personas. Dios os lo pague.

                 Cuando hicimos el logo del XL Aniversario de la Parroquia de la Asunción de Martos, y pensamos hacer el juego en la web amiga de MARTOS AL DÍA para que se intentara sacar su significado, no imaginábamos el interés y la reacción de la gente. Como técnica de marketing ha resultado un éxito, y el equipo se da por satisfecho de esa experiencia. De hecho, muchos nos han preguntado sobre el tema, tanto en radio y tv, como amigos y feligreses en la calle.

                 Antes de explicar el logo quiero dar las gracias a Luismi y a “MARTOS AL DÍA” por su desinteresada colaboración. También a la mayoría de los amigos que han dejado sus comentarios diciendo más o menos acertadamente el significado. También nos ha sorprendido la imaginación de algunos otros comentarios. Eso es bueno. Por cierto, un amigo mío onubense, experto en diseño, dice que un logo debe ser claro y conciso, pero no de tal claridad que se vean las cosas tal cual, sino de una claridad simbólica que identifique con una sóla mirada ese logo con la empresa o la idea que representa. Y ponía el ejemplo de una cantidad enorme de logos de empresas e instituciones muy importantes a los que se les podría achacar y criticar los mismos comentarios que en “Martos al día” se han consignado de éste.

                 También quiero dar las gracias a Antonio García Prats, que es el autor del mismo,  con mi supervisión y visto bueno.

                 Y bien, ya sin más preámbulos vamos a descubrir el significado de los elementos.

logotipo XL Aniversario

                 Si os fijáis bien en el logo aparecen diversos elementos:

                1º. Tres letras: la “X”, la “L”, y la “A”. Supongo que no será necesario explicar que “XL” en números romanos es cuarenta. La “A” resultante de la conjunción de algunos tramos de la X y la L es la primera letra de la palabra Asunción, título de esta Parroquia.

                2º. Aparecen también dos símbolos cristianos muy comunes dependiendo de la perspectiva con que se miren en su diseño las letras X y L: la cruz y el camino. La cruz es blanca, sin manchas; la L (o camino) aparece con manchitas que intentan dar la sensación de movimiento. (De hecho algunos comentarios decían que parecía el plano de las calles del barrio, realmente no era exactamente así, pero algo de eso sí que hay). Estos dos elementos, la cruz y el camino, son fundamentales para entender la vida y espiritualidad cristianas.

                 3º. Además del blanco de los elementos aparecen dos colores, -el rojo y el gris-, que para los no entendidos en simbología iconográfica religiosa representan al Espíritu Santo y a la humanidad en su realidad moral (mezcla de cosas buenas y malas). Con estos colores en la iconografía cristiana se da a entender que la vida cristiana está siempre animada por el Espíritu Santo, aunque nosotros también tengamos en nuestras vidas elementos de pecado y mediocridad. Hacen referencia a los elementos visibles e invisibles de la vida cristiana. Una pequeña confesión: en un primer momento pensamos también poner el color azul, color simbólico de la Virgen María, titular de esta Parroquia de la Asuncion, pero por motivos estéticos y teológicos preferimos poner el color rojo del Espíritu Santo.

                 4º. Aparece en el logo la lectura ANIVERSARIO 1970-2010. El próximo 8 de septiembre del próximo año se cumplirán esos cuarenta años desde la erección de la misma. Alguien decía que los cumpleaños se celebran después. No es cierto. El aniversario se cumplirá el próximo año –como bien aparece en esa referencia-, pero cuando en la Iglesia se plantea una celebración de este tipo, análoga a un jubileo, se celebra durante el año en curso. Un ejemplo: un niño nace, y el día de su nacimiento tiene cero años pero ya ha entrado en el año I de su vida. La parroquia de la Asunción cumple ahora 39 años, pero entra desde este momento en el año XL de su existencia: es cuestión de saber un poquito de matemáticas. Otro ejemplo: los años 1901-2000 se consideraron siglo XX. Y otro ejemplo más: el 2000 aniversario del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo se cumplió en la navidad de los años 2000-2001, pero se celebró con todo un Jubileo Universal que duró todo un año y que comenzó en la Navidad de 1999 con la apertura de la Puerta Santa por parte de Juan Pablo II. Todos recordaréis aquellas preciosas imágenes.

 

                 Bien, -y volviendo a los elementos del logo-, todos esos elementos unidos simbolizan algo importante que es lo que pretendemos este año XL: la vida cristiana se realiza en una comunidad que está siempre en camino hacia su Señor Jesús, animada por el Espíritu Santo, aunque albergue en su interior pobrezas y mediocridades. En el caso de esta parroquia nos adentramos en el año XL de su peregrinación en Martos. Nos alegra esa noticia y nos anima para seguir en camino hasta la meta. Queremos celebrar estos cuarenta años con alegría y sobre todo con un compromiso compartido de crecer y mejorar en todos los aspectos. El lema del año XL va en esa misma línea: Enraizados y edificados en Cristo Jesús (Cf. Col 2,6); ese lema ya ha sido comentado en la homilía que aparece en el post anterior de este blog.

 

                 El logo estéticamente gustará más o menos, o no gustará nada (sobre gustos no hay nada escrito) pero es innegable que tiene una carga simbólica excepcional, captable y reconocible. Es moderno y original. Y no me podréis negar que cuando lo veáis a partir de este momento en cualquier medio os será fácil identificarlo, que es de lo que se trataba.

                Muchas gracias.

                 “¡Alaba alma mía al Señor!” hemos cantado en el salmo de esta Misa con la que damos comienzo al año XL de historia de nuestra comunidad parroquial de la Asunción de Martos. Se cumplen ahora los 39 años desde la firma del Decreto de su erección por parte del entonces obispo de Jaén, D. Félix Romero Mengíbar. Entramos, pues, en el año XL y este es un momento oportuno y hermoso para mirar agradecidos al pasado, para fortalecernos en el presente y para animarnos esperanzados hacia el futuro.

                 He querido convocaros en el nombre del Señor en este día para alabar juntos, con toda el alma, al Señor que mantiene su fidelidad generación tras generación. De eso sois testigos aquellos que recordáis ahora los inicios de la andadura de esta comunidad. Desde aquellas primeras dificultades y esperanzas hasta hoy nuestra comunidad ha tenido una hermosa y fructífera historia animada siempre por el Espíritu del Señor. Ahora le alabamos por su continua asistencia y fidelidad. Quiero recordar, agradecido, a todos los fieles que han tenido un trabajo y un compromiso en la construcción de esta Comunidad. Muchos han fallecido y gozan ya de la luz del Señor en la comunidad de los santos en el cielo; por ellos rezamos y a ellos nos encomendamos. Otros, los que vivís estos momentos, sacerdotes y laicos, catequistas, matrimonios, jóvenes y mayores, monaguillos, niños, mujeres y hombres… a todos –repito– a todos, muchas gracias por vuestro esfuerzo. Ahora os animo también a que contempléis vuestra obra en esta parroquia: ¡Habéis hecho una gran obra! ¡Dios os lo pague!

                 Gracias a vuestro trabajo y compromiso contemplamos ahora una Comunidad grande, variada y rica en vida cristiana, a pesar de las dificultades, también crecientes, en la actualidad. Vosotros sois la luz del mundo y la sal de la tierra (Mt 5,14-14) en nuestro contexto actual en nuestro barrio y en nuestro pueblo. Somos conscientes de los obstáculos que en el momento presente tenemos, tanto los que nos vienen de fuera de la Iglesia como de aquellos que nosotros mismos por nuestra debilidad creamos. Dios nos dé la fuerza de su Espíritu para superar unos y otros.

                 De cara al futuro, como cristianos que somos, no podemos perder la esperanza. Los cristianos somos hombres y mujeres de esperanza. La historia nos enseña que en medio de las peores crisis, la fe de los cristianos y la vida eclesial siempre han crecido en número e intensidad. No nos basamos sólo en datos sociológicos, -que los hay-, sino en el convencimiento de que Dios no abandona a su Iglesia, de que él mantiene su fidelidad perpetuamente. Nuestro Dios es el Dios del futuro. Como dijo Benedicto XVI en su viaje a Austria, “donde está Dios, hay futuro”.

                 Ahí está la clave para nuestro futuro como comunidad parroquial, y si me lo permitís, como entera sociedad humana: poner a Dios, dejarle sitio, dejarnos iluminar y guiar por él, porque sólo en él está la clave para la comprensión del ser humano en su verdad más íntima. Ese es el sentido del lema que hemos escogido para este año XL de vida de nuestra Parroquia de la Asuncion: Enraizados y edificados en Cristo Jesús”. Son palabras inspiradas en la segunda lectura de esta Misa (Col 2,6ss).

                 La imagen de ese lema es preciosa. “Enraizados”, es decir, con nuestra raíz plantada en Cristo Jesús. Todos nosotros sabemos de la importancia de la raíz de un árbol. La raíz no se ve, pero da vida y consistencia, fuerza y estabilidad al árbol. Eso mismo hace Cristo con nosotros si nos arraigamos en él. Uno de los problemas mayores de nuestra sociedad es precisamente la pérdida de su arraigo, de su raíz, de su identidad. Cuando no valoramos nuestra raíz todo se vuelve inestable, opinable, falto de firmeza y seguridad…, relativo. Nuestra raíz, como cristianos, como personas, como comunidad es Cristo. Esta imagen de la raíz es análoga a aquellas otras que también utiliza el Señor en el evangelio, de la roca, el cimiento, o el corazón. Este año debe ser un año para profundizar en nuestra raíz, en nuestra identidad cristiana. Para eso necesitamos una mayor formación en todos los aspectos que nos ayude a entender más y mejor a nuestro pueblo, a nuestras gentes, a nuestra sociedad, y sobre todo… a nuestro Cristo.

                 “Edificados”, es decir construidos en Jesucristo. Son los aspectos visibles de la vida cristiana que también deben ser vistos y reconocidos por todos. Nuestro edificio, y no me refiero solo a este templo, sino a nuestra vida, a nuestro trabajo y actividad en todos los órdenes, debe trasparentar la presencia de Cristo en nuestros corazones. Lo dice el Señor: “que vean vuestras buenas obras, para que den gloria a vuestro Padre del cielo” (Mt 5,16). Edificar en Cristo significa hacer aquello que nos lleve a nosotros y a todos aquellos que nos vean a ser casa y lugar visible de la presencia de Dios en nuestro mundo. En este sentido, queridos hermanos, debemos promocionar todo aquello que nos lleve a ser auténticos misioneros y trasmisores del Evangelio de la caridad y de la vida en nuestra Comunidad con obras y palabras.

                 “Effetá – Ábrete” decía Jesús en el Evangelio. No seamos ciegos, ni sordos, ni mudos. Nuestro mundo reclama hoy por hoy profetas que tengan la suficiente sensibilidad para mirar de frente, para poner oído al clamor de la injusticia y la mentira, y la suficiente valentía para hablar la Palabra de Dios a todos. Profetas que, -sin imponer nada-, propongan a todos la grandeza, la belleza, la verdad y la luz del Evangelio. Ábrete, llénate de Dios y dalo a los demás. Ábrete, comprende donde está la luz y la verdad para ti y para todos. Ábrete, Dios está actuando en ti, en la Iglesia, en el mundo, no seas ciego, ni sordo. No tapes tus sentidos a la realidad. Ponlos al servicio de la verdad. ¡Ábrete!.

                 En este momento, que comenzamos el XL Año de nuestra Parroquia de la Asunción de Martos, que culminará en septiembre de 2010, ponemos todos nuestros propósitos, ideas y actividades, todo nuestro proyecto pastoral en las manos de Dios. Que la santísima Virgen María, asumpta al cielo, nuestra titular, interceda por nosotros ante Dios. Amén.

               “Una mujer hacendosa… ¿quién la encontrará?” (Proverbios 31,10)

              Ayer miraba a mi madre. Estaba acariciando las manos de mi padre, como intentando darle todo el amor y toda la fuerza del mundo en estos momentos de dolor y dificultad.

              Mi padre es el enfermo, pero mi madre es la que lleva ahora sobre sus hombros todo el peso. Mi padre sufre, pero es mi madre la que aguanta ese sufrimiento. Mi padre intenta luchar, pero ahora es mi madre toda su fuerza. Mi padre está ahora –como dicen en mi pueblo– un poco rutinero, o maniático, y es mi madre, la que en silencio aguanta mecha. Siempre ha sido así. Siempre ha sido ella la mujer fuerte y hacendosa.

             Mi madre siempre ha sido una mujer sacrificada por los suyos. Pero de ese sacrificio que no cuesta porque viene avalado por el amor y la entrega. Mi madre trabajaba para la calle pero nunca descuidó sus tareas en la familia. Siempre trabajando en la casa, en el campo, en la costura –era una gran bordadora–… siempre comprometida con mis abuelos y con nosotros… con una paciencia infinita. Mi madre no es una mujer de muchas palabras, pero sí de muchas obras. Esa ha sido su vocación.

                Recuerdo de pequeño cuando me enseñaba a leer y escribir, a comportarme y a rezar. Sí, mi madre y mis abuelas son las que me enseñaron a rezar. Siempre estaba ahí para ayudarme en los deberes y para enseñarme lo que estaba bien y lo que estaba mal. Nunca me dio grandes caprichos, aunque nunca escatimó nada por mí. Bien sabía ella lo que yo necesitaba. No era autoritaria, pero tampoco permisiva. En algunas ocasiones me daba algún azote, -merecido por otra parte-, y no me siento traumatizado ni mucho menos por el mismo; pero junto al azote venía mucha pedagogía y dulzura. Mi madre ha mantenido la solidez y la estabilidad del hogar –unas veces con alegría, otras con sacrificio por su parte–. Nunca me ha faltado cariño y apoyo, aunque, personalmente, no he sabido agradecerlo convenientemente. ¡Que triste el hombre que no sabe valorar los desvelos de una mujer!

                Ahora pinta canas y en su rostro se dibujan cansancios, trabajos y noches sin dormir… y también incomprensiones, que a veces son las que más duelen. Mi madre calla… y ama… y sirve. Ella es la mujer fuerte, que en su sencillez, nos ha dado lo más grande: su vida, su corazón, su alma, su amor.

                Quien no sabe de amor, no sabe de sacrificio, ni de entrega, ni de cruz. Su boca se llenará de palabras huecas y vacías, pero en el fondo solo albergan egoísmo. Mi madre, en cambio, sabe de amor, y precisamente por eso de dignidad humana. Mi madre no habrá sido una mujer grande, pero si una gran mujer. Mi madre es la mujer más importante del mundo… como todas las buenas madres.

Gracias, mama.

In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas

                En las cosas necesarias, unidad; en las dudosas, libertad; en todas y siempre, el amor. Son palabras de San Agustín cuya fiesta celebramos hoy y que podríamos considerar como la regla de oro del hombre verdaderamente libre.

                Son palabras sabias de un hombre sabio, que deberíamos mantener en todos los debates y opiniones. Palabras que no resisten ni los relativistas de la verdad ni los talibanes y fundamentalistas de cualquier ideología o religión. Palabras y pensamientos tremendamente necesarios en el momento actual, tanto en la Iglesia en particular como en la sociedad en general.

                Hay cosas que son evidentes y necesarias para el ser humano. Un ejemplo: los derechos humanos. Derechos que responden no a caprichos sino a la satisfacción de las necesidades vitales de los hombres y mujeres. Existe un derecho cuando es imprescindible satisfacer una necesidad vital, no otras cosas. Esto creo que es necesario tenerlo en cuenta en una sociedad como la nuestra donde se habla de supuestos derechos que no son tales y se deniegan otros fundamentales como el derecho a la vida, a la alimentación o a la educación.

                En la defensa de esas verdades fundamentales, de esos derechos fundamentales tenemos que mantener la unidad a toda costa, buscando la verdad en la caridad, como nos acaba de recordar Benedicto XVI. Ahí debemos estar los cristianos “a muerte” como se dice popularmente… Hay cosas necesarias que hay que defender. Por eso no podemos caer en el relativismo fácil ni acomodaticio, mirando para otro lado como si no pasara nada en nuestro mundo o en nuestro entorno. No mantener la unidad en la verdad, no buscar esa verdad, no ajustar nuestra vida a esa regla lleva al caos, al desorden… y lo estamos viendo –desgraciadamente–.

                Hay cosas que no son tan importantes, o que son opinables, en ellas debemos mantener la libertad, no solamente una libertad de opción que me posibilite elegir una cosa u otra, sino una libertad para el bien para el crecimiento humano, buscando siempre lo mejor o, al menos, lo menos malo, ahí radica también nuestro crecimiento como personas. No podemos hacer batallas o guerras de cosas nimias, encabezonándonos en lo que no es importante, en lo que sólo depende del gusto o de la afición o de la historia personal de cada uno. Es hermoso ver como en una sociedad como la nuestra existen diversas opciones, existe esa sana pluralidad que, vivida en el respeto mutuo, nos hace entrar en diálogo y en posibilidad de cambio y progreso personal, juzgando por nosotros mismos lo mejor, lo más hermoso.

                Esto va contra todos los absolutismos que a veces se nos presentan y contra tantos despotismos que tenemos que enfrentar. Yo veo que, en contra de lo que podríamos pensar en una sociedad teóricamente libre, en nuestro mundo hay cada vez mayor sectarismo y división. Me duele como se hacen batallas y se busca la revancha, se pisotean los derechos de las minorías e incluso de las mayorías, en nombre de no sé qué ideologismo. Esta necesaria libertad en las cosas relativas conlleva el respeto por todos y por todas y es la base de la auténtica tolerancia (que no es igual que la connivencia) y de la convivencia social.

                Unidad en las cosas necesarias, libertad en las relativas. Ambos principios se deben mantener y equilibrar. Para ello es necesario un concepto de “Verdad” tal como nos lo recordó Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI. Una verdad que se halla en la naturaleza, que se descubre con la razón y que puede ser, y de hecho es, iluminada por la fe. Una Verdad que nos hace libres (cf. Jn 8,32)

                Manteniendo ambos principios se construye la convivencia social, la fraternidad y la corresponsabilidad en nuestro mundo. Diluyendo cualquiera de los dos se cae en la arbitrariedad de las leyes, en el relativismo moral, en la intolerancia, en el despotismo, en la revancha y en el desorden. Curiosamente relativismo moral y absolutismo legal terminan dándose la mano, en buena medida porque se han olvidado de la Verdad del ser humano, de su dignidad y de su libertad más auténtica.

                En todo el amor. Así terminaba el adagio de Agustín. Siempre y en todas partes el amor, como norma de vida fundamental del cristiano en particular y del ser humano en general. El amor ilumina la verdad y viceversa como nos acaba de enseñar Benedicto XVI, y se convierte en el aval y en el criterio de actuación de todo. Que toda nuestra actuación parta del amor y tienda al amor,  si me permitís decirlo… al Amor con mayúsculas. Ese Amor lo ilumina todo, lo penetra y lo trasciende todo. ¡Qué gran suerte, o mejor dicho, qué gran gracia tenemos los cristianos de contemplar esa Verdad y ese Amor!

               Hoy me preguntaban: “¿Cuándo vas a escribir algo más en el blog? Lo tienes muy abandonado”. Mi respuesta: “Cuando tenga paz y tiempo…”. Es verdad. En los últimos dos meses, entre las vacaciones de julio y la enfermedad de mi padre en agosto, el blog ha bajado de intensidad. No es una cosa que realmente me preocupe: yo soy cura, no bloguero. Éste es sólo un medio más, pero ni el único ni el más importante. En algo más de un año el blog ha sido ampliamente visitado y comentado. En estos meses ha caído un poco por las circunstancias… Espero retomarlo con fuerza cuando tenga paz y tiempo…

                Difícilmente se puede escribir cuando tienes que dedicar tiempo a la parroquia, a las otras parroquias y sobre todo a la familia en estos momentos difíciles…

                Gracias a Dios, todo va saliendo bien y mi padre es fuerte y tiene sentido del humor y se está tomando su enfermedad con un espíritu realmente sorprendente y positivo. De la preocupación de los primeros días he pasado a la confianza de que todo está saliendo bien, gracias a Dios.

                Estos días los paso de Martos a Jaén y de Jaén a Martos, con la cabeza en el hospital y el corazón en Dios. No tengo mucha paz ni mucho tiempo, la verdad… pero sí muchos amigos y amigas, que con sus llamadas, su servicialidad, su tiempo y su oración nos están ayudando a mi familia y a mí. Amigos de Torres, de Villacarrillo, de La Guardia, de Andújar, de Martos, de Valencia, de Córdoba o de Huelva… Dios os lo pague…

                Por mi parte solo le pido al Señor serenidad, paz y tiempo para dedicároslo a todos…

Ex corde. Facundo.

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